Ley organica de la F.A.N.

Esta a punto de aprobarse una reforma a la Ley Orgánica de la Fuerza Armada. Porque de eso se trata. De reformar un instrumento jurídico que ha regulado la vida del sector militar del Estado desde la década de los 30. De modo que continuará vigente el espíritu, propósito y razón que se definió en esa norma hace más de 70 años, bajo unas condiciones políticas, económicas y sociales existentes en los ambientes externos e internos totalmente diferentes a las actuales. Y, lo que es peor, dentro de una visión de la vida radicalmente distinta a la existente en la coyuntura. Como sucedió con aquella, ella llega al país con más de medio siglo de atraso con relación a lo que ocurría en espacios más evolucionados y, ese desfase estuvo en la base de los desajustes que marcaron las relaciones entre la sociedad y su institución de defensa durante la mayor parte del siglo XX. Es decir que, de aprobarse la ley tal como está formulada, la brecha será mayor y los desarreglos más pronunciados. Habrá una institución modelada dentro de los parámetros de la modernidad en una sociedad que se acomoda a los correspondientes a la posmodernidad.

En aquella oportunidad el problema que confrontaba la sociedad venezolana, en transito hacia una retardada industrialización, era cambiar el guerrero de la sociedad agraria por el militar profesional del Estado liberal. Ello explica el carácter reglamentario de su contenido, dirigido hacia la regulación de las conductas relativas al ordenamiento del componente humano institucional, dentro de la estructura sociopolítica jerarquizada característica de ese patrón de comportamiento, fundamentado en una visión deterministica de la realidad. Todo se veía predeterminado y el avance estaría en el ajuste de lo existente a esa evolución prefijada encaminada hacia “la idea absoluta”. Pero ni los estudiosos de los fenómenos sociales y, mucho menos los políticos, conocían de la revolución que ocurría en el campo de la física. Ignoraron el surgimiento de la termodinámica y de la física quántica que cambiarían las tecnologías con la consiguiente transformación del paisaje geográfico (el objeto actual de los estudios geopolíticos). De modo que el pensamiento geopolítico finalista, base del pensamiento estratégico, orientó la acción de los gobiernos y de sus aparatos militares, acentuando las contradicciones presentes en la realidad. Ese es el designio de la ley que está a punto de aprobarse en un momento cuando el problema no es la profesionalización del militar sino la adecuación del aparato de defensa en su conjunto a la sociedad donde se desarrolla su devenir. Un esfuerzo que se inició con la promulgación en la década de los 70 de la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa, que no encuentra continuidad y actualización en esta nueva versión de la ley de los años 30. Un instrumento que nada tiene que ver con la llamada guerra de 4ª generación y, su correlato, la guerra asimétrica, que hoy son el centro del debate mundial sobre esta función social.


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Alberto Müller Rojas


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