Días de abril en Maracaibo…

Le tomo la palabra a Roberto Hernández Montoya y escribo como viví ese abril de 2002 en estas candentes tierras a más de 40 grados…

Recuerdo que días antes del 11 de abril ya nos habíamos ido a la calle, a repartir volantes, a vocear, allí nos encontrábamos un gran número de defensores de este proceso, muchos nos conocíamos de hace años, de las aulas universitarias, de la calle, otros recién nos veíamos.

El ambiente era muy tenso y los rumores peores, solo la esperanza y el deseo nos calmaban. El 11 será para mi una fecha sin par. Esa tarde estábamos congregados en la Av. 5 de Julio con la Av. Delicias (para quien no conozca la ciudad: una de las arteria viales más importantes de la Maracaibo cosmopolita) a menos de dos cuadras se congregaba en PDVSA, la Gente del Petróleo y de no ser por la presencia de un escuadrón de policías, seguramente se habrían suscitado enfrentamiento peores y yo sentía que allí, en ese espacio, en esa confrontación, se simbolizaba- sin lugar a dudas- la confrontación que vivía el país, se trataba de ellos o nosotros y en las próximas horas eso se iba a dirimir y de qué manera!

Recuerdo como además de la tensión del ambiente, me tensó de manera especial, escuchar luego de casi 30 años la marcha chilena “ Venceremos” y no entendía porque ese día, precisamente, volvía a escucharla, con su carga de dolor y derrota. Le pregunté al que la puso qué de donde la había sacado y el chamo, no me supo responder.

Como a las 8 de la noche, le propuse a alguno integrantes del grupo LAGO, que hiciéramos un comunicado, una iniciativa por demás inútil porque ya las cartas estaban echadas, pero aun en Maracaibo no teníamos certeza, estábamos en la calle y no habíamos visto lo del Puente Llaguno. Fuimos a la sede de la organización y comenzamos a ver por la televisión como los acontecimiento se precipitaban y solo había tiempo para comenzar a pensar en la seguridad de la gente más venerable, más expuesta. Llamamos a Rodrigo a Caracas y él nos confimó todo, pues en ese momento se hallaba en el Palacio de Miráflores.

Allí tomamos la decisión de pasar la noche todos juntos: Lisandro, Felix, Eduardo, Adnovio, Blagdmir y yo en casa del primero. Desde allí nos comunicamos con nuestras familias y nos despedimos. Desde ese “ bunker” nos comunicábamos cada media hora con Rodrigo, quien nos contaba, detalle a detalle, lo que estaba ocurriendo y cada relato era más conmovedor que el anterior. Por supuesto, nadie durmió en esa larga noche que terminó el domingo 14 en la madrugada.

A las 6 de la mañana, decidimos dispersarnos y regresar cada quien a su casa y entonces a esa hora, surque mi ciudad y la sentí más sola y abandonada que nunca y yo con ella. No recuerdo bien que hice después. La imagen que me viene a continuación es el “ carbonazo” y yo sintiendo que el país se me caía a pedacitos…, me sentía como suspendida en la incertidumbre y el dolor. Nunca he vivido en dictadura, las conozco de referencia, de testimonios directos, pero jamás en carne propia. En verdad, no lograba pensar…solo veía imágenes del Chile fascista…y temí que aquí ocurriera igual…

Luego veo a alguien convocando para el mismo sitio, denunciando que el presidente no había renunciado, trato de acercarme y la Policía no me lo permite. Entonces salgo del letargo y comienzo a llamar, a mandar correos al exterior, a comunicarme… y comenzamos poco a poco a concentrarnos frente al diario Panorama, a diferencia del resto del país que lo hacia en la Plaza Bolívar. Digo que aquí fue así como un reconocimiento al periodismo veraz que este medio desarrolla.

Comenzamos a concentrarnos, a informarnos, a saber, a sentir que no estábamos solos, vi a miles de zulianos que jamás me imagine apoyaban este proceso, vi un contingente de soldados apersonarse a la concentración y temí, pero no, los chamos venían a sumarse, entonces tantas cosas eran como demasiado.

Lo demás es más conocido, frente a Panorama aparecieron miles y miles, con su radio, su música, sus televisores, sus instrumentos, sus banderas, sus pancartas, sus cámaras, su dolor y su alegría, que era la nuestra también y entonces comenzó lo impensable, las noticias de Baduel, la recuperación de VTV, del Palacio y lo más inesperado: el regreso de Chávez, ño!!!!

Y entonces de allí salimos a diseñar un afiche, un afiche que dejara constancia de que habíamos recuperado la Democracia y de que manera!!! Luego entonces me fui a mi casa y lloré, lloré todo lo que no había hecho durante esas 47 horas que no marcaron a todos y que me hicieron sentir que los venezolanos de entonces, ya no éramos los mismos.

Ahora amigo lector, lo invito a usted, tal como lo hizo Roberto Hernández, a contar su historia, la manera cómo vivió ese 11 de abril de 2002. Alguna vez alguien deberá escribir un libro con estos testimonios de gente como usted y como yo, gente común. Alguna vez…


* Periodista
mgonzalo@cantv.net




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Morelis Gonzalo *


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