Ganancia en especie y g. en dinero

¿Qué vale más: el Valor de Uso o el de Cambio? (Continuación 2) [i]

Ahora bien, en estricto sentido, valor significa utilidad por lo cual la expresión valor de uso resulta tautológica. Sin  embargo, su uso cotidiano al lado de sus aberraciones diversas comienza  a importar cuando aparecen las mercancías, habida cuenta que, inclusive los llamados valores de uso naturales u originarios  sólo cobran valor cuando el trabajador los descubre, percibe su potencial utilidad. Las mercancías son valor y valor de cambio, es decir útiles en cuanto a satisfacción de necesidades varias, y útiles como medios de  intercambio, o sea, valores de uso susceptibles de intercambiarse entre sí[1].

Una cosa debería estar clara: Ningún fabricante ni comerciante ni banquero pueden obtener ganancias a cambio de nada. Cuando el primero vende su producción, entrega en valores de uso su capital invertido conjuntamente con el correspondiente valor de cambio de la plusvalía aportada gratuitamente por el asalariado. Ocurre que el comerciante  no compra al valor para vender por encima de este, sino que el fabricante le vende por debajo de aquel, le vende barato, y luego el comprador vende al valor con las usuales ganancias especulativas o descuentos producto de la puja entre  oferentes y demandantes, y derivadas también de  la  urgencia de dinero o de valores de uso del ambos intercambistas.

Como el banquero les “vende”  dinero al fabricante y  al comerciante, en lugar de los demás valores de uso,  estos prestatarios le pagarán intereses en dinero (ganancia financiera) con cargo a la plusvalía generada en la fábrica, por parte del fabricante, y con cargo al descuento de valor que este le concede al comerciante. Estas transacciones van evidenciando el hecho de que banqueros, comerciantes y fabricantes podrían estar perfectamente fundidos en un solo agente de la producción. Es el caso de un capitalista que operara con capital  propio y que también   comerciara directamente con los consumidores finales. Ha ocurrido que banqueros, comerciantes y fabricantes son simples burgueses que se han dividido y comparten equitativamente el negocio de la explotación de los asalariados; representan la clase explotadora del capitalismo. Es la circulación del capital a través de sus tres principales manifestaciones  operativas: Capital dinero, capital productivo y comercial.

Cuando el dinero aparece, lo hace para simplificar el trueque, pero dinero sigue siendo cualquier bien susceptible de ser coadmitido por cualquiera que lo necesite para su consumo inmediato (trueque) o para su recambio por otro valor de uso[2]. El dinero es un valor para el cambio por excelencia, pero cualquier mercancía que ofrezca más firmeza en cuanto a su  propio valor de cambio asume el rol de dinero[3]. Los ejemplos saltan a la vista en los movimientos bursátiles donde los “commodities” o mercancías varias cambian incesantemente de propietario cada segundo del horario normal de los correspondientes mercados o bolsas de capitales[4] .

Como sábese, existe el valor natural de las cosas,  que les viene dado por su capacidad utilitaria originalmente, tal como nos las ofrecen la Naturaleza. Otra cosa es ese mismo valor, pero logrado a  punta de trabajo realizado por el productor de esas mismas cosas. Son los bienes satisfactorios de  necesidades materiales y espirituales que conocemos, son valores de uso, y valores de cambio al mismo tiempo, frente a los que no nos cuentan nada porque se nos presentan en su forma natural, como  hierro, el oro, petróleo, las aceitunas y frutas,  el pescado  silvestres.  Estas son su forma natural, y se convierten en mercancías al ser manipuladas por el trabajador, incluyendo los simples recolectores y pescadores, se convierten en valores de cambio. Es en este sentido como puede afirmarse que los comerciantes y fabricantes no operan con valores de uso, sino con valores de cambio, aunque, desgraciadamente para esos capitalistas, deben ofrecerlos dentro de uno que otro valor de  uso.


[1] Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. II

[2] Si el trueque fuera inmediato, no funcionarían las transacciones virtuales realizables por ahora desde un teléfono cualquiera  sobre la venta de la mercancía A, con cuyo cobro a posteriori, el mismo vendedor de A puede vender otra mercancía B, y así sucesivamente.

[3] Cf. Nota 2 precedente.

[4] David Rosenberg, Comentarios a los Tres Tomos de El Capital, Libro II, Sección V.



[i] http://www.sadelas-sadelas.blogspot.com     marmac@cantv.net

 


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Manuel C. Martínez


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