El usual muñeco de trapo

Discutir, colocando en la boca del adversario lo que no dijo, equivale a un monólogo sin sentido, similar a las conversaciones que un esquizofrénico tiene con las imágenes o voces alucinatorias que atormentan su mente. Para no ser tan drástico, podría asimilarse también a una reflexión consigo mismo, en la que la persona trata de discurrir entre diferentes posiciones hasta encontrar la que más le convence. Pero, de ser así, y si se quiere publicar la meditación realizada y sus conclusiones, no debería acudirse al calumnioso recurso de poner en cabeza ajena los argumentos rechazados en nuestro ensimismamiento. Frecuentemente digo, cuando me ha tocado defenderme de algo que nunca he dicho, que la gente usualmente crea su muñeco de trapo para luego caerle a golpes y derrotarlo.  

Para aclarar lo que puede parecer confuso al lector desprevenido, señalo algunos casos reales, sobre temas de interés público. Si se critica en forma argumentada la extensión del voto universitario a los trabajadores de la institución, no faltará quien conteste que se trata de odio y desprecio hacia los trabajadores, de escaso patriotismo y de insensibilidad social (¿?). Algunos extenderían su creación a señalar que, como los trabajadores son negros en su mayoría (¿?), es también un comportamiento racista; o que se trata de fascistas que piensan que los docentes valen más que los obreros y estupideces por el estilo. Con esta serie de prejuicios hilados se evita contra argumentar y no alcanzar a comprender por qué las organizaciones basadas en el conocimiento no deben establecer sus jerarquías en forma democrática: Las fuerzas armadas, las policiales, los bomberos, los hospitales, la Iglesia, el Poder Judicial, entre muchos otros.

He sido víctima de este tipo de maltrato por defender, por ejemplo, que la magnitud de los sueldos tiene que ser proporcional a los estudios hechos, la formación alcanzada, la preparación, la experiencia y la complejidad e importancia del trabajo. Se me acusó de reaccionario derechista, enemigo de los necesitados, simplemente por decir y recordar algo universalmente aceptado, no sólo por el capitalismo salvaje, sino por el propio Marx al hablar de los salarios, su determinación y su significado. Si no se está de acuerdo con la asociación de Venezuela al movimiento afrodescendiente mundial, impulsado por el Departamento de Estado, se es un incitador a la discriminación racial y oligarca inhumano. Si se enfrentan las exigencias de autonomía territorial de las etnias, se es colonizador, racista, “vete para España” e insensible ante la miseria de nuestros aborígenes.

Así cualquiera “gana” una discusión, al igual que se le gana la pelea al muñeco de trapo que construimos para darle golpes. Algún día, espero no muy lejano, aprenderemos a discutir, sin considerar como enemigos de clase o personales a quienes discrepen de nosotros. Amén. 

lft3003@yahoo.com



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Luis Fuenmayor Toro


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