La política y el Estado en América Latina (con sus diversas formas, diversidades y especifidades), no sólo ha reflejado la representación “transcendental” clásica de la tensión conflicto-orden, que la tradición de la filosofía política moderna (euro-céntrica) ilustra a través de diversas concepciones como por ejemplo las de: Maquiavelo, Hobbes, Locke, Spinoza, Rousseau, Kant, Fichte, Montesquieu, Hegel, Saint-Simón, Marx y Engels, Weber, entre otros -con sus respectivas diferencias por supuesto-, sino que a través de sus diversos gobiernos, el dinamismo social, procesos culturales, y las mutaciones o metamorfosis políticas desde las gestas independentistas hasta la actualidad, se han profundizado o intentado remediar los grandes “traumas” y dramas latinoamericanos en medio de un “mar” permanente de resolver o no, un conjunto de necesidades y demandas (distintivas latinoamericanas) planteadas que implica la experiencia de la política y la construcción de diversas formas del modo de organización social llamado Estado (Latinoamericano). Véase por ejemplo la siguiente ilustración que sintetiza Carlos Fuentes:
“Nacidos de antiguas poblaciones indias, transformados por tres siglos de gobernanta colonial y mestizaje racial, nuestro drama latinoamericano fue que, al alcanzar la independencia a principios del siglo XIX, nuestras élites culturales y gobernantes decidieron despegarse de las tradiciones negra e india, consideradas bárbaras, y de la tradición ibérica, considerada opresiva. Y todas ellas –indígena, negra e hispánica– regresivas.
De modo que decidimos hacernos instantáneamente modernos, imitando las máscaras del progreso y de la modernidad ejemplificadas en las leyes y costumbres de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos de América. Nos convertimos en República Nescafé, creando leyes y constituciones, dijo Víctor Hugo, hechas para los ángeles, no para seres humanos”[1]
Ahora bien como sabemos, hoy asistimos a una Latinoamérica histórica, con un re-despertar de los pueblos de una manera inédita, con nuevas prácticas políticas como el rescate de la democracia directa, la búsqueda de la emancipación social, hacer efectiva la soberanía y la independencia, formulas alternativas en lo económico, en lo social, en lo cultural, en fin los valores de lo político-social están cambiando, y se hace difuso, complejo comprender lo político y la política en la actualidad, por lo menos con los viejos parámetros con que se comprendía y se hacia política unas tres o cuatro décadas atrás. Ya varios líderes latinoamericanos, han expresado que estamos viviendo un cambio de época, como lo dice en varias oportunidades el presidente de Ecuador, Rafael Correa, véase el siguiente fragmento:
“…estamos viviendo un cambio de época en América Latina, un avance, se han derrumbado como castillos de naipes los gobiernos neoliberales, y esos experimentos, fíjese a que nivel de decadencia llegó América Latina, por favor anoten esto, que veinte años, los veinte últimos años nos hemos guiado por las políticas de consenso de Washington, consenso donde no participó ningún país latinoamericano, a ese nivel cayó América Latina, y hoy esta resurgiendo esa América Latina como el ave fénix y puede haber anacronismos pero, hay cosas que tal vez se dijeron antes pero siguen vigentes, es claro que en América Latina hay grupos dominantes, es claro que hay sectores reaccionarios, es claro que hay oligarquías, pues porque eso se utilizaba antes y se dejó de utilizar en un supuesto paradigma hegemónico el neoliberalismo no quiere decir que dejaron de ser realidad pero, en todo caso en América Latina, no se está viviendo una época de cambios, se está viviendo un cambio de época...”[2]
Rafael Correa, refleja una profundidad de visión política de lo ocurrido en América Latina desde aproximadamente dos décadas, y contextualiza la época actual con un declive de los imperialismos y los centros históricos hegemónicos de poder, en una correlación de fuerzas de clases sociales, movimientos populares, gobierno soberanos, en sí un resurgir de la dignidad y autoestima del pueblo latinoamericano por darse su propio gobierno y sobre todo sin recetas previas.
En este sentido resulta profundamente interesante, repensar un poco algunas pistas, que orienten el debate de lo político y la política desde la experiencia participativa de los pueblos de América Latina, es decir los pueblos del SUR, que históricamente estuvieron al límite, marginados, condenados, a una sola forma de pensar, erigida por los centros hegemónicos e históricos de poder y dominación cultural.
La época que presenciamos, se encuentra en una profunda crisis epistemológica, pero a su vez lo paradójico es que muchos de los nuevos diseños, replanteos, interpretaciones político-sociales se encuentran en nuestro propio mar de crisis, con carácter de urgencia, emergencia, contradicciones[3], desafíos. Asistimos pues, a una misma época, donde converge el fin de una determinada lógica de lo político y la política (esto no implica su retirada total por lo menos hasta ahora) y a su vez emergen otras lógicas, sin modelos o recetas previas, más bien como lo denomina Boaventura de Sousa Santos, desde una óptica experimental.
En el marco de esta crisis, que no sólo es coyuntural, sino estructural con una especie de carácter permanente, hay una urgente agenda de replanteo de la epistemología latinoamericana con repercusiones cruciales en todos los ámbitos político-sociales y el sentir concreto de los pueblo desde sus experiencias, luchas, tragedias, pobreza, reclamos, demandas, logros, empoderamientos, etc. Todo esto hace indudablemente complejo el repensar lo político y la política habiendo tantas aristas puestas en el tapete. Lo que hace que los replanteos, sean a veces diáfanos, fáciles de percibir y en otras ocasiones se manifiesten o exhiban de manera implícita, escurridiza, compleja, difícil de aprehender y a veces sin salida, dejando de manera interesante, la “puerta abierta y/o rendija” para pararse desde otras lógicas del pensar, desde otro lugar no muy claro pero, con posibilidades de experimentar nuevos caminos epistemológicos.
Ante todo estos escenarios, intentamos abordar algunas posibles pista en el repensar lo político y la política actual: la primera pista consiste en la insuficiencia o inadecuación de las categorías occidentales para comprender la política y lo político, erigidas a veces desde la politología moderna, la sociología, el derecho, la psicología política, la relaciones internacionales, entre otras áreas de las ciencias sociales. Estas insuficiencias y/o inadecuaciones vienen evidenciándose con mayor nitidez por lo menos desde el siglo XIX hasta el siglo XXI. Algunas de estas categorías o herramientas conceptuales en crisis que pretendieron comprender las prácticas político-sociales son: república, ciudadanos, sistema político, partidos políticos, institucionalismo, normativismo, consensualismo político, democracia representativa, transición política, revolución política, reformas políticas, contrato social, Estado (con todos sus matices), golpe de Estados, pueblo, sociedad civil, políticas públicas, discurso político, etcétera. Estas categorías ya no dan cuenta clara (dentro de los parámetros de la racionalidad científica moderna) de las nuevas prácticas político-sociales, las cuales han migrado a escenarios de emergencias, de vitalismo, de modulaciones gregarias sin identidades fuertes, estableciéndose redes de “actores” o sujetos (reales y/o virtuales) que encuentran en la cotidianidad o como lo denomina, Maffesoli, el mundo informal[4] (transfiguración de lo político), nuevos impulsos para la vida en colectivo, gente corriente que teje los nuevos sentidos de la vida en común, de forma ordinaria, sin los rigores de los sistemas normativistas e inquisidores como la moral familiar, la disciplina de la escuela, el trabajo, las religiones, entre otros.[5]
Algunos autores como Maffesoli, llaman la situación anterior como, el “tiempo de las tribus” urbanas o no urbanas, que componen o describen la visión de un mundo “posmoderno” (“de apertura y diversidad de criterios y posibilidades pensantes e instrumentales”[6]) en el que asistimos, con un cambio acelerado de valores, mutación de valores, nuevos valores, en el “cuerpo social”, instituciones, relaciones sociales y personales; donde las viejas categorías políticas ya mencionadas se saturan y se diluyen. En este escenario el camino de lo político y la política será reconocer la insuficiencia y/o inadecuación de muchas de las categorías de comprensión político-social, desde el plano teórico y/o práctico (si es que se dieron en la práctica), para dar paso a todo lo que se manifestó, se está manifestando y falta por manifestarse contra los centros culturales hegemónicos de dominación y poder, y colocar en relieve todo lo que fue excluido, silenciado, marginado, coartado, limitado, y a veces exterminado. Afortunadamente hoy en día los muros de contención de dicha “incisión” se desmoronan a velocidades instantáneas con respecto a las lógicas de los tiempos que la ilustración y la modernidad comprendió, y lo que la arrogancia de la razón excesiva nunca consideró. Un hito concreto de esto, nos lo recuerda Adolfo Columbres en su texto América Latina como civilización emergente, al recordar el fuerte cuestionamiento de las promesas de modernidad por parte de la gran organización indígena EZLN, ante el Estado Mexicano:
“…la rebelión zapatista fue un grito de alerta de los grupos indígenas, así como de muchos otros sectores populares que se identifican con posición, para decir al mundo que de ningún modo aspiran a unirse al carro del Primer Mundo, ya que eso no implica un remedio para los males de las grades mayorías, sino la perdida de lo último que les resta: la identidad y la dignidad”[7]
Otro ejemplo emblemático, con relación al marco de las ideas anteriores, es el despertar de la conciencia política del pueblo Venezolano, de hacer “carne” la política y de apropiarse de la misma, apostando a nuevas lógicas, siguiendo tal vez una máxima de Simón Rodríguez “a donde iremos a buscar modelos, o inventamos o erramos”[8]. El pueblo, decidió enfrentar a las clases dominantes cuyo comportamiento hegemónico y despótico fue igual en el resto de América Latina, jugaron históricamente a la desarticulación ideológico-político de las masas, induciéndolas al descreimiento: de la esperanza, de la lucha, de la liberación, de la unión. Las clases dominantes, consolidaron un sistema educativo formal e informal de corte capitalista, que respondiera a la formación de individuos, aptos para dos clases, la de los dominadores y los dominados; esta educación también promovió, la antipolítica para coartar la movilización de los grupos sociales, del pueblo organizado. Por otro lado el sistema de dominación general, no dudó en ejercer la represión sanguinaria y sistemática hacia la diferencia, hacia los que se resistieron al sistema, a quienes apostaban a otras alternativas de vida social –para ampliar sobre este tema, es altamente recomendado el libro de Raúl Zurita Daza titulado: “VÍCTIMAS DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA EN VENEZUELA”-. El resto de la sociedad fue aprisionado a través de lo que Althusser denominó aparatos ideológicos del Estado (escuelas, medios de comunicación, religión, función pública, etc.), en el caso de Venezuela de un Estado burgués, de mutación capitalista y rentístico.
El pueblo Venezolano decidió iniciar romper con ese modelo de dominación, con el estallido social denominado “El Caracazo” de 1989 (una serie de fuertes protestas, consignas de lucha, alto a los políticos traidores, disturbios nacionales contra el sórdido paquetazo neo-liberal, que deseaban seguir profundizando e imponiendo las élites gobernantes de turno, hoy el Caracazo es un referente de estudio en algunos países Europeos ante la actual crisis en la zona Euro, quién iba pensar que la cuna de la política como lo fue Grecia, hoy podría tomar como orientación política ¡el ejemplo que Caracas dio…! Indiscutiblemente en Venezuela la política revolucionaria no tiene otra calificación criolla que “vergataria”). Algunos analistas políticos aducen que dicha irrupción popular (Caracazo) fue “espontánea”, inorgánica, sin programa de lucha, sin proyecto político clásico, pero que logró despertar la conciencia de un pueblo de más de 100 años de opresión, evidentemente que lo de la conciencia política hoy del pueblo Venezolano es innegable, el resto puede ser relativo y debatible, porque desde otro mirar podemos hablar de “la carga del tiempo histórico” como lo suele llamar Mészáros (2008), y en esta ocasión habría que hablar de la genética social de un pueblo Bolivariano que siempre estuvo a la vanguardia de sus luchas sociales. Pero lo importante en este momento es traer a colación el punto de inflexión más nítido de este proceso -que se venia gestando con el Caracazo, y luego el digno 4 de Febrero-, que fue las elecciones de 1998 (al salir electo un presidente que no respondía al prototipo de las clases hegemónicas y sistemas de partidos políticos clásicos-tradicioaneles y saturados sino, por el contrario venia de las bases del pueblo, por el pueblo y para el pueblo) y el inédito proceso constituyente de 1999 donde diversos sectores sociales, históricamente excluidos participaron en la elaboración de la nueva constitución, que sí bien aún conservó elementos de las viejas políticas, hoy por hoy es una de las constituciones de mayor avanzada en el mundo con una formidable ampliación de la democracia, y la inclusión en la vida política de miles de ciudadan@s en otrora excluidos y que incluso no eran considerados ciudadan@s.
En el inédito proceso constituyente en Venezuela, por ejemplo, se logró avanzar en el reconocimiento y participación dentro de las instituciones del Estado a los pueblos indígenas, afrodescendientes, y naturalmente a la creación de las bases institucionales para que se coordinen políticas en todos los ámbitos sociales para estos pueblos excluidos con el respeto a sus cosmovisiones, tradiciones, y sobre manera su directa participación, y formas de SER en el mundo. Por ejemplo la creación de la Universidad Indígena de Venezuela (UIV) ubicada en el Tauca al sur de la provincia de Bolívar, convoca a incluir a once pueblos indígenas a la educación universitaria, pero no desde la forma hegemónica de educación, sino con la apuesta al reconocimiento, diálogo de saberes de estas comunidades; donde fueron los ancianos de las comunidades de la cultura Ye`kuana, reunidos en el Tauca en el 2002, que decidieron el pensum académico de la universidad, según las necesidades concretas de ellos mismos, sus visiones de mundo y de lo que podría ser una universidad o el abordaje del conocimiento humano en general para el vivir bien y el respeto a la naturaleza.
Dentro de ese proceso de inclusión y participación también se colocan en relieve, el inédito rango constitucional de la igualdad y perspectiva de género, los derechos de las personas con algún tipo de discapacidad (en el pasado no era sujetos de políticas públicas concretas), los adultos mayores, los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Se podrían nombrar más hechos emblemáticos (con sus aciertos y desatinos) en el sector salud, deportivo, social, cultural, alimentario, tecnológico, económico, político, en los últimos 10 años del proceso de cambio de la sociedad venezolana, pero lo importante a resaltar en este espacio, es la nueva apuesta del pueblo venezolano por las búsquedas de nuevas formas de hacer la política; más allá que muchas de las políticas desprendidas desde las plataformas jurídicas constitucionales sean lo que los juristas contemporáneos, llaman discriminación positiva, o los economistas denominan políticas compensatorias.
Las nuevas formas de hacer política en Venezuela se verifica también en las experiencias de los Consejos Comunales, experiencia que se vienen construyendo al andar, con el acumulado histórico de las organizaciones populares en los barrios, comunidades campesinas entre otras, con el desafió de que las comunidades organizadas sean quiénes diseñen, formulen, ejecuten, controlen, y evalúen políticas públicas, en los espacios donde las instancias de representación convencional manifiestan su rotundo fracaso y/o inadecuación (Concejales, Alcaldes, Gobernadores etc). Los Consejos Comunales, son una de las instancia de participación directa (conforme al Título Primero, artículo número 5, de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela[9]) medulares, que viene asumiendo el pueblo venezolano, luchando por la construcción de una democracia participativa y protagónica, de abajo hacia arriba, desde las bases, donde cada uno de los miembros de los Consejos Comunales, participan en plano de igualdad y horizontalidad. En varias experiencias de Consejos Comunales en Venezuela, se puede verificar un intercambio, diálogo de saberes populares, a la hora de asumir algún problema que atañe a una determinada comunidad, ya que quiénes deben dar respuesta a sus problemas es la misma comunidad; la instituciones gubernamentales son consideradas tanto por el marco jurídico que avala la experiencia participativa del pueblo organizado y las mismas personas o comunidades, como una instancia de apoyo más, pero los recursos de primera mano son las capacidades, saberes y decisiones de las diversas organizaciones sociales que hacen vida en un barrio determinado.
Esta nuevas formas de hacer política en Venezuela, a través de las capacidades de organización del pueblo mediante Consejos Comunales, Misiones Sociales, Consejos Culturales, Consejos Deportivos, Consejos de Trabajadores, Consejos de Análisis de Medios de Comunicación, entre otros que han fraguado espacios de debates, de discusión, de estudios, de lecturas, de reflexión; deviniendo en el inacabado proceso de forjar las conciencias del pueblo venezolano, en las conquistas sociales que ha alcanzado hasta el momento y las que faltan por alcanzar, indudablemente que genera nuevas tensiones y desafíos entre el orden constituido y el constituyente, toda vez que en el plano institucional aún persisten las viejas prácticas de Estado Latinoamericano que muy bien se conocen como clientelismos, estructuras jerárquicas con excesos de burocracia, sistemas de botín, desorganización, falta de planificación, en síntesis para el caso de Venezuela, el Estado rentístico con mutaciones políticas gomecitas, burguesas, liberales entre otras. Esta tensión por supuesto es un escenario interesando para ser repensado en otra oportunidad.
Manteniendo la mirada en la conciencia y organización del pueblo Venezolano, también se puede rastrear otra práctica política interesante que es, la capacidad para enfrentar las fuertes agresiones de los centros hegemónicos de poder, que no renuncian en perder sus espacios de poder y dominación en América Latina. Nos referimos por ejemplo, concretamente, a la batalla inédita que dio el pueblo Venezolano contra el golpe de Estado de Abril del 2002 y el paro petrolero de finales del 2002 y principios del 2003, actos de agresión perpetuados por las oligarquías internacionales y nacionales (apátridas) en Venezuela; donde se observa que las lógicas políticas, de los centros hegemónicos de poder y toda su racionalidad científica moderna fallaron contra un pueblo que se elevó sobre sus propios saberes y dignidad de ser libre. Las agresiones contra el pueblo venezolano aún persisten (sobre todo en plano mediático) pero, los centros hegemónicos de poder aún no descifran porqué sus políticas de agresión -que tuvieron tanto éxito en el pasado para controlar los países latinoamericanos que libremente y apelando a la autodeterminación de los pueblos no querían entrar a su recetario de dominación- hoy no tienen tanto éxito y fracasan, tropiezan una y otra vez más con un pueblo armado de conciencia, de ideas de emancipación y una determinación de ser libres.
Una segunda pista la basamos en los interesantes replanteos y/o propuestas de la diversidad cultural; la interculturalidad; las criticas constructivas desde los pensadores poscoloniales; las consideraciones de los replanteos posmodernos, y el desafío de un pensar interlógico. En este sentido la segunda pista es ver la urgencia que tiene lo político y la política actual de repensarse desde estas esferas, y sobre todo desde las experiencias culturales y el verificar que la globalización como una lógica que siempre ha pretendido la homogenización del mundo bajo unos determinados valores, estableciendo barreras, discriminando y marginando otras experiencias culturales y valores; hoy en día está en profunda crisis de sostenibilidad de su sistema mundo, con la “presencia-despierta” de las comunidades histórico-culturales, los pueblos, los movimientos sociales, indígenas, afrodescendientes, las mujeres, sindicatos, los cambios de regímenes políticos que se están gestando en especial en América Latina como los casos de Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina, Brasil entre otros con sus diversos matices.
De todas estas experiencias y replanteos queremos destacar la propuesta de lo interlógico, a la luz de la profesora Picotti, quien con sus aportes ha iluminado mucho este camino inacabado del pensar o mejor dicho de un nuevo pensar contemporáneo[10]. Queremos asumir esta propuesta de interlógica, para bosquejar brevemente la apuesta a lo político interlógico y la política interlógica, ambas altamente emparentadas con los nuevos tiempos y sobre todo con el alto carácter experimental que tiene lo político y la política actual como lo sugiere Boaventura de Sousa Santos. (Lo experimental, al igual que la incertidumbre en la política, no es un tema nuevo, ya en tiempos de la tragedia griega era reconocido por autores como Aristóteles, pero hoy más que nunca requiere seguir profundizándose estos aspectos de la política y lo político).
“El Estado debería convertirse en un terreno de experimentación institucional en el que coexisten y compiten por un tiempo distintas soluciones institucionales a modo de experiencias políticas sometidas al seguimiento permanente de los colectivos ciudadanos como paso previo a la evaluación comprada de las prestaciones de cada una de ellas.”[11]
Con lo anterior estamos hablando de la exigencia de otro “modus operandis” de carácter experimental, sin dogmatismo, cartas de navegación previas, que desde el punto de vista de lo político y de la política parta del nosotros (desde la exigencias epistemológicas del sur), de lo complejo de la otredad o alteridad, y la interlógica como una exigencia constructiva de “la acogida de modos y dimensiones diferentes de inteligibilidad y racionalidad, de formas de vida que se manifiestan y demandan acogida y respuestas adecuadas”[12]. También esta política vista desde la interlógica exige “una actitud ética, entendida en el sentido más originario de la “buena relación” del ser humano consigo mismo, con sus semejantes y con las cosas, puesto que lo humano se constituye en el difícil ejercicio de la libertad, en su sentido mas primigenio de poder-ser, que atraviesa toda suerte de dificultades y negaciones.”[13] Esto no es otra cosa, sino lo que la experiencia Boliviana y Ecuatoriana sugieren como el buen vivir, viviendo.
La política y lo político interlógico y experimental siguiendo a Picotti, requieren de “un diálogo con las diferentes voces de los grupos sociales y de las diferentes culturas, poniendo en juego una lógica de la alteridad y de la historia, frente a la pretendida normativa de lo uno e idéntico, que por otra parte ya no se sostiene, ni el ámbito teórico ni en el práctico.”[14] desde este replanteo es posible un pensamiento de lo político y la política que se abra a la escucha de: la vida cotidiana o del mundo “informal”; las pulsiones gregarias que bullen en los ruidos de las calles, los barrios, las comunidades, los jóvenes, los marginados; los gritos y silencios de las sensibilidades y saberes populares largamente ignoradas por las arrogancias de las políticas de laboratorios de los centros hegemónicos de poder y las academias; la transferencia o restitución del poder a los verdaderos soberanos de los ordenes políticos, los pueblos; la autodeterminación de los pueblos; la pluralidad y la participación en el reinventar las democracias; la diversidad cultural e interculturalidad; el respeto a la vida, a la madre tierra “pacha mama”, expresándose en la ecopolítica; la política y lo político visto desde las sociedades de la información, el Internet y las telecomunicaciones; en si el desafío consiste en que llegó la hora que sean los pueblos quienes asuman y hagan la política y repiensen lo político, desde sus sufrimientos sociales y alegrías.
En el caso venezolano este desafió se observa en el palpitar de un proceso inédito, que se va construyendo al andar, en la batalla de un pueblo que se mantiene en pie de lucha, contra fuerzas opositoras, viejas estructuras de poder, viejos valores (muchos importados), que se resisten al cambio radical (por vía pacifica y democrática) que ha asumido el pueblo y la nueva mira del Estado (Estado que desde su aparataje administrativo aún falta por reformarse, descontruir, reconstruir, etc. Y por ello el Presidente Chávez, acertadamente, ha establecido instituciones paralelas y alternativas como las misiones sociales que han respondido más a los desafíos urgentes y emergentes del pueblo venezolano), que coloca como piedra angular del proceso: la participación protagónica de los venezolanos y venezolanas, y que los mismo sean actores y garantes de la construcción, de una vía que conlleve a la emancipación no sólo individual e intelectual sino social, en colectivo que apunte al vivir bien, como lo plantea de igual manera el proceso inédito e histórico de cambio que también ha asumido el hermano país de Bolivia, con el presidente indígena Evo Morales. En esto naturalmente falta mucho camino por andar, pero el precedente histórico y de cambio político irreversible ya se ha iniciado.
Algunas miradas intelectuales venezolanas, avizoran o apuestan hacia la “migración” de una política altamente comunal que derive en un Estado Comunal altamente nutrido y sostenido por las bases (democracia participativa y protagónica), por los sectores populares, y que sean ellos mismo quienes diseñen, implementen, pongan en práctica políticas públicas de carácter experimental[15], que respondan a las verdaderas necesidades de las comunidades y su diversidad tanto nacional, regional, municipal e internacional. Para esto indudablemente hay que asumir que la batalla es cultural en el hecho de trasformar las ideas, el modo de vivir, la conciencia, y sobre todo revertir la herencia cultural del sistema de capital, las influencias de los aparatos de transculturación de la globalización, los medios de comunicación que responden a la lógica del sistema de capital en crisis.
Algunas breves reflexiones finales
Queremos iniciar una primera reflexión de este pequeño esfuerzo de repensar la política y lo político de los tiempos actúales y su alta imbricación con lo nuestro cultural desde el sur, con un llamado que en muchas oportunidades reiteró el ex-presidente de Brasil, Lula, “si no ponemos buena voluntad y colaboramos todos, no será su gobierno -ni siquiera aunque fuera reelegido- quien soluciones los problemas de Brasil. La autoestima es un llamado a la buena voluntad…”[16] La política y lo político sí bien está en el epicentro de un cambio de época como lo expresa el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, y tiene algunos de los desafíos descritos en esta reflexión, hoy más que nunca requerirá de esa buena voluntad, que exhorta Lula, es decir, desde el punto de vista de la filosofía política revindicar y en algunos casos vindicar la otra cara o mirada de la política y lo político de la buena voluntad, partiendo de lo “que somos”. Esta propuesta o este desafío es complejo, toda vez que la tradición de lo político y la política en occidente se ha manifestado, siguiendo a García-Pelayo, desde dos imágenes centrales y polémicas, “Una imagen se centra en torno a la tensión y a la lucha, de modo que la política tiende a estar presidida por el momento polémico. La otra, en cambio, se ha centrado en torno al orden o a la paz, con la consiguiente acentuación del momento estático.”[17]
Las dos imágenes anteriores, de la política occidental, responde a dos tradiciones filosóficas, respectivamente, la primera a la Heraclitiana, de que el conflicto, la guerra es la madre de todas las cosas, y que de las discordias las más hermosas armonías y con la referencia clásica de esta tradición, que nada es igual a sí mismo, sino que todo es un constante devenir. La segunda imagen es la Parménica, donde la idea de la política es un proceso con arreglo aun orden inmutable, de no devenir, dado en la naturaleza de las cosas o de dicho proceso político.
Estas imágenes sabemos que se presentan, no puras, sino en formas dialécticas, con matices, con mutaciones, contradicciones, con tragedia, comedia y drama[18]. Sobre todo esto, y la crisis de muchas categorías de compresión de lo político y la política como se mencionó anteriormente, la propuesta es insertar el operador de la buena voluntad política, de atender la política y lo político desde la urgencia, la emergencia, y el diálogo con los pueblos, y el vivir bien; Esta buena política desde nuestro punto de vista, no necesariamente peca de ingenuidad política, “¡de amor y paz y todo esta bien…!”. Por el contrario radicaliza todo los procesos culturales (desde nuestro punto de vista es bienvenida la alta polarización política), y pone sobre el tapete la crisis del pensar, la diversidad cultural, la interculturalidad, el diálogo de los saberes, y sobre todo es profundamente armada de ideas, y de la apuesta de una epistemología propia de los pueblos del sur. Con esto, estamos contestes, que el camino no es claro ni fácil, por eso esta buena voluntad política es profundamente flexible, experimental pero de compromiso profundo con el palpitar sincero de los pueblos que asumen hoy más que nunca la política y el repensar lo político.
Una segunda reflexión, de lo política y la política, está influida por el dinamismo cultural, individual, colectivo, que descansa principalmente sobre la tensión de elementos heterogéneos, plurales, diversos. Esto conlleva y ha conllevado a un alejamiento del concepto único, fuerte, abarcador de lo político y la política que se fundó en la modernidad (es de decir la búsqueda de un determinado concepto universal, arrogante e inquisidor de todas las realidades), a través de un orden institucional constituido de corte formal (conceptos únicos como por ejemplo, los ideales de una única democracia, una única economía, una única institución, etc.); Esta tensión se verifica especialmente en países latinoamericanos contemporáneos, donde la apelación al mundo informal, muestran la concepción trágica de la vida, el mestizaje característico del latinoamericano, las prácticas de relaciones sociales que estuvieron al margen o limites de las estructuras formales del operar político y la política; la emergencia de los pueblos en los casos como Venezuela, Bolivia, Ecuador, el empoderamiento de la política por parte de las comunidades, los movimientos sociales, entre otros. Este panorama de tensión entre la lógica formal y la lógica informal actual, el autor Michel Maffesoli, la denomina o la evidencia, como trivalización de la política o mejor aún Transfiguración de lo Político.
La transfiguración de lo político es una metáfora (filosófica, politológica y sociológica) que intenta comprender el estar-juntos contemporáneos (prácticas político-sociales), con énfasis en los pueblos latinoamericanos, con sus intensas y sustanciales expresiones de ser en el mundo, es decir:
“…ese fenómeno de grupos, de redes de contacto, que funcionan a partir de las necesidades cotidianas, de los sentimientos compartidos, de los afectos resentidos, más que a partir de objetos a largo plazo o buscando un fin eterno, una Historia única y certera. Efectivamente, más que tratarse de una forma de empoderamiento, de una dinámica ciudadana en el sentido formal del término, nos enfrentamos con la potenciación, en momentos presentes de dinámicas solidarias siempre existentes; es la reaparición de la fuerza del sentimiento de pertenencia grupal, de un mutuo codeo, de un corporeísmo, que cuando las demarcaciones se vuelven demasiado rígidas, tiende a aflorar con mayor fuerza.”[19]
En este sentido el repensar lo político y la política actual, se ve en la urgencia de repensarse desde las prácticas informales, o las políticas informales, cargadas de un amplio vitalismo intercultural, de la histórica distancia entre las élites gobernante y los pueblos, la impunidad, la dinámica de la participación protagónicas de los colectivos ante la estrechez y rigidez de los Estados, en fin la dinámica de la política informal señala Maffesoli: “va mas allá de formas estructurales o normativas de organización; ésta forma parte de los efectos, de las decisiones tomadas en el momento mismo de la acción.”[20] En este planteo hay una coincidencia con la política experimental y Estado experimental de Boaventura de Sousa Santos.
Finalmente, vemos que para algunos ver al pueblo haciendo la política, aunado a la crisis o convulsión en la medula fundacional (lógicas del pensar) de la civilización occidental, devienen en visiones catastróficas y proponen y defienden la resistencia del “orden metabólico establecido” de dominación (como lo hace hoy en día las supuestas oposiciones apátridas Venezolanas), y para otros la convulsión indudablemente ha traído a “flor de piel” la “imborrable” incertidumbre, el caos, lo relativo y lo que siempre estuvo al margen o al límite del pensar, a los excluidos, los diferentes, la irrupción. En este último contexto, son muchos los desafíos, pero es profundamente gratificante ver hoy una Venezuela, profundamente soberana, independiente, que toma sus propias decisiones nacionales sin depender de imperios, tan sólo de la voluntad del pueblo que decidió ser libre…y decidió hacer una política “vergataria”…
Notas:
(*) La siguiente reflexión es un extracto de un artículo más amplio publicado en: http://lentespoliticos.blogspot.com/
1 Fuentes (2004), p. 40
2 Trascripción propia, de fragmento entrevista realizada al Presidente Rafael Correa, por medio de comunicación televisivo, [Video Internet]. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=tIl492-RaJk&feature=related [Consultado Junio, 2011, 07].
9 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, Título I: Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.
10 Para amplia mas sobre la propuesta interlógica de la autora, véase “Una propuesta interlogica ante los desafíos del pensar contemporáneo”, entre otros textos de la autora en cuestión.
15 Este replanteo, ya en muchos foros y espacios de reflexión de intelectuales Latinoamericanos e Iberoamericanos lo proponen con sus diversos matices naturalmente. Véase por ejemplo las diversas cartas emitidas por el Centro Latinoamericano para el Desarrollo (CLAD): Carta Iberoamericana de Participación Ciudadana, Código Iberoamericano Buen Gobierno, Una Nueva Gestión Pública para América Latina, Carta Iberoamericana de la Función Pública, entre otros. Para ampliar mas información http://www.clad.org/
16 Tomado de consulta en web: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=075
18 La tragedia, comedia, y drama, en la política la tomamos del filósofo y politólogo Eduardo Rinesi, que grosso modo plantea que estas categorías tienen un gran potencial para pensar la vida política, de los hombres, las mujeres y los pueblos.
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