Balurdos mestizos, sin pedigrí, ¿de cuál santo nos pegamos?

¡Aristóbulo, Acláreme!

Compatriota y colega Aristóbulo Isturiz, hasta hace poco estuve escuchándole en el cierre del acto internacional relativo a los Afro descendientes. Le aseguro que, como siempre, desde los tiempos cuando usted andaba con Isaac Olivera en las luchas de nuestra querida FVM, le escuché con mucho respeto, atención y, porque no admitirlo, con placer. Por esos sentimientos que me inspira, por su origen popular, por supuesto, como el mío mismo, proveniente de las clases explotadas y esencialmente marginadas, me alegré doblemente cuando le nombraron ministro de educación.

  Le dije a mis amigos que, por primera vez, quizás desde que Luis Beltrán Prieto Figueroa lo hizo, había llegado al Ministerio de Educación un maestro genuino, por su origen social y haber transitado como uno, las aulas de la escuela, en rol de docente. Advertí que quizás en Antonio Luis Cárdenas, quien fuese el titular del cargo en el segundo gobierno de Caldera, se pudiesen encontrar algunas de esas dotes. Pero no con la singularidad, pertinencia y hasta frescura con que se hallan en usted y menos por su posterior consecuencia con el compromiso.

  Hubo muchos ministros de educación llenos de méritos académicos como Humberto García Arocha, Rafael Pizani y hasta Humberto Fernández Morán, pese a que éste último lo fue en una jugada audaz de Pérez Jiménez para intentar mantenerse en el poder, pero procedentes de un sector social radicalmente distinto al suyo.

  Por estas razones me alegré cuando le designaron para que dirigiese desde la “Casa de Bello” el sistema educativo que ahora llaman básico. Por su procedencia humilde y trayectoria de maestro de escuela y dirigente gremial. Se rompía con usted la tendencia y tozudez de poner frente al despacho a “doctores y académicos” y hasta empresarios, que poco o nada sabían de la escuela en la cual trabajábamos y menos del humilde maestro, de salario deprimido, poco considerado y estimado por las viejas élites.

  Esos méritos vi en usted. Me alegré cuando fue diputado y más, tanto que casi lloré, después de Caldera, en aquella urgente y agitada sesión bicameral del viejo Congreso Nacional, tomó la palabra y fue valiente al enfrentar a quienes querían condenar bajo el lema ¡mueran los golpistas!, gritado a todo pulmón, por un hombre muy cuestionado y cuestionable, como David Morales Bello, a los alzados del 4f, particularmente al líder del movimiento, el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

  Me pareció maravilloso y me sentí representado, cuando fue a la Asamblea Nacional Constituyente. Como cuando participaba en las planchas electorales de la FVM, voté por usted para la elección de la Confederación de Trabajadores y me entristeció que le hubiesen derrotado. También cuando perdió las recientes elecciones frente a un personaje de la calaña de Ledezma, triunfo que le hubiese catapultado a un nivel que se merece en la escena política.

  Eso me hubiese confortado, porque pienso que además de valores personales y profesionales altos, goza del afecto de este pueblo que, para decirlo en recuerdo de Bolívar, es en mayor medida, una mezcla de todo lo que aquí concurrió y sigue concurriendo. Su rol de dirigente respetado y apreciado, le revela como una síntesis de la venezolanidad, lo que nada tiene que ver con los pareceres, sino con su perseverancia, rectitud y consecuencia.

  Cada vez que le han designado para un cargo en el Psuv, como el de vicepresidente para oriente y los posteriores, me he alegrado y convertido como en su portavoz incondicional, porque le he creído con la claridad conceptual necesaria para enmendar los asuntos inherentes y pertinentes al mismo. Luego, le confieso, me he decepcionado, sólo por percibir que ha  abordado asuntos de su competencia dentro del partido de manera inadecuada. No obstante, me conformo con saber que en eso no es el único y median razones muy poderosas.

  De manera que esto último no ha mermado en nada el afecto, confianza y respeto que le tengo. Espero que en las tareas que ahora desempeña en la organización partidista, más que las inherentes a la AN, le resulten exitosas para que retome el camino que deba llevarle adónde se merece, lo que me alegraría mucho.

  Créame Aristóbulo que todo este afecto, buena fe, cariño que le he dispensado porque sé que es incorruptible y firme, ha persistido y aumentado ahora que se reconoce afro descendiente. Pero surge en mi como un lamento; porque con esa definición suya, como para que cualquiera se sienta feliz y honrado,  redescubro que no soy nada y menos tengo de qué enorgullecerme.

  Aclárame admirado compatriota, los balurdos mestizos, sin pedigrí por los tantos cruces infelices habidos en nuestra ascendencia, en veces hasta incestuosos, ¿qué somos? ¿De cuál santo nos pegamos? ¿Tendremos acceso al cielo?

   Lo que si bien sé, es que la pobreza hace daño a todo niño; quienes prodigan explotación y miseria no se paran en cuero.

damas.eligio@gmail.com



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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