Lo real alternativo de la Revolución Bolivariana



La ausencia de una claridad ideológica y de una verdadera organización política de avanzada, aunadas al burocratismo y legalismo exagerados presentes en la administración del Estado, han obstruido la consolidación y ejercicio pleno de la democracia participativa, de manera que la realidad de la revolución bolivariana sea algo cotidiano y permanente. Hasta el presente, la participación popular ha sido determinante a la hora de conjurar los diversos planes desestabilizadores puestos en práctica por la oposición, incluido un golpe de Estado y un referéndum revocatorio presidencial. No obstante, poco se hace en función de conseguir que esa misma participación del pueblo trascienda y se convierta en la verdadera fuerza motora del proceso revolucionario venezolano. Al respecto, hay que decir que la heterogeneidad de partidos, movimientos y agrupaciones sociales y políticas que respaldan el proyecto bolivariano son, en su gran mayoría, la puerta de tranca que limita enormemente esa posibilidad.

“Todas las revoluciones –escribió Kropotkin- se han generado en el seno del pueblo. Jamás revolución alguna apareció de pronto armada de los pies a la cabeza (…). No hay revolución que no haya tenido su período de incubación, su proceso evolutivo, durante el cual las masas, tras haber formulado modestísimas demandas, llegan a concebir la necesidad de cambios más profundos y más completos. Así, se les ve crecer en osadía y en arrojo, lanzándose a las más atrevidas concepciones sobre los problemas del momento y adquiriendo cada vez mayor confianza y mayor dominio de sí mismas, al emerger de su letargo de desesperación y ampliar bravamente su programa y sus exigencias. Poco a poco, paso a paso, las ‘humildes peticiones’ se truecan en verdaderas demandas revolucionarias”. Aplicadas al ámbito venezolano, se ven ciertos destellos que prefiguran esta situación. Uno de ellos fue palucha de los trabajadores de la empresa Venepal, ahora administrada directamente por ellos, la cual señala –de alguna forma- qué objetivos y formas de lucha pueden asumir todos los trabajadores del país. Paradójicamente, existen sindicatos que comparten los postulados esenciales de la revolución, pero siguen aferrados las mismas líneas reivindicativas reformistas, sin fortalecer la convicción revolucionaria de la clase trabajadora.

Lo que requiere el proceso bolivariano está latente en las masas populares. En algún momento busca expresarse en la toma de edificaciones y terrenos baldíos en demanda de una vivienda donde vivir. En otras, en esa multitudinaria participación en las diferentes Misiones implementadas por el Presidente Chávez. Y en una última escala (sin obedecer a un orden estricto), en la negativa a militar en los partidos políticos del chavismo, quizás con el convencimiento de que es ínfima la diferencia existente con los del pasado. Todos estos elementos prefiguran lo real alternativo de la revolución bolivariana. Si a los mismos se les sumara una teoría revolucionaria que los potenciara enormemente, entonces se daría un significativo salto cualitativo que mejor caracterizara al actual proceso. De este modo se generarían unas nuevas formas del pensamiento, de la acción y de la organización que recreen –incluso- la vida en todas sus expresiones. Se trastocarían para siempre los paradigmas que rigen la vida en sociedad y se le procuraría el nacimiento a un nuevo orden en lo político, en lo social y en lo económico, centrado en el ser humano como sujeto de transformación.

Lo real alternativo marcará, sin duda, la madurez alcanzada por el proceso bolivariano. El mismo Estado tiene que ser modelado, desde abajo, por la acción del pueblo; dejando de ser una estructura que impide la realización de la democracia participativa. Lo mismo debe ocurrir al nivel de la economía con la vasta red de cooperativas existentes en toda Venezuela, promovidas y asistidas por el gobierno nacional. Otro cambio importante tendrá que producirse en el plano educativo y cultural, al rescatarse los valores que identifican a Venezuela como un pueblo soberano y que fueran largamente relegados, de manera interesada, por los sectores dominantes. Para que todo esto, y mucho más, tengan su concreción, hace falta asir con voluntad y sincera vocación revolucionaria lo que siempre manifestó Simón Rodríguez: “o inventamos o erramos”. Bajo su inspiración, lo real alternativo será el signo distintivo de la revolución bolivariana. Es necesario comprender que la revolución es un acto creador difícil que pone en auge todas las contradicciones presentes en la sociedad; de ahí que, independientemente del reformismo aún vigente, se impone probar todo lo que signifique un cambio estructural, cuestión que está insertada (en distintos niveles) en lo que el Presidente Chávez dio a conocer como el Salto Adelante.-


*Miembro de la Dirección Ejecutiva Estadal del Movimiento por la Democracia Directa (MDD) en el estado Portuguesa.


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Homar Garcés*


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