Reflexiones de ultratumba en la vida de perpetranda

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz, a la papa, al tomate, al chocolate, a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?
Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otros países de AMÈRICA, ¿qué somos?.
Debemos preguntarnos :¿Cómo hubiera sido la guerra de Troya contada desde el punto de vista de un soldado anónimo? ¿Un griego de a pie, ignorado por los dioses y deseado no más que por los buitres que sobrevuelan las batallas? ¿Un campesino metido a guerrero, cantado por nadie, por nadie esculpido? ¿Un hombre cualquiera, obligado a matar y sin el menor interés de morir por los ojos de Helena?
¿Habría presentido ese soldado lo que Eurípides confirmó después? ¿Que Helena nunca estuvo en Troya, que sólo su sombra estuvo allí? ¿Que ONCE años de matanzas ocurrieron por una túnica vacía?
Y si ese soldado sobrevivió, ¿qué recordó?
Quién sabe.
Quizás el olor. El olor del dolor, y simplemente eso.
    Tres mil once años después de la caída de Troya, nos cuentan que las guerras huelen. Ellos (los sílfides) han estado en varias, las han sufrido por dentro, y conocen ese olor de podredumbre, caliente, dulce, pegajoso, que se te mete por todos los poros y se te instala en el cuerpo. Es una náusea que jamás te abandonará. En medio de las bombas, los misiles y los muertos, se abre paso a veces desesperadamente una pregunta: ¿quién tiene razón? Digo desesperadamente porque siempre una respuesta tranquiliza. Si se responde “X tiene la verdad”, uno se tranquiliza. Todo lo que hace X está justificado. Y es, también verdadero. Puesto que identificamos la razón con la verdad. Ocurre, sin embargo, que es difícil tranquilizar con una respuesta de ese tipo: “X tiene la verdad”. Porque cuando alguien dice algo así es porque está a favor de X. La “verdad” de X lo ha convencido, la ha hecho suya. Aparece, entonces  otro personaje que pregunta y obtiene otra respuesta: “Z tiene la verdad”. Y puede aparecer otro y decir: “Ni X ni Z tienen la verdad. Ninguno la tiene”. ¿Cómo se establece la verdad? ¿La verdad es de este mundo? ¿Hay una verdad o hay un vértigo de verdades? Y si hay esto último, ¿cómo es posible vivir sin ninguna certeza? Alguna verdad se dicen los habitantes de este MARAVILLOSO PLANETA AZUL que arrasa con todas,tiene que haberla. Cuando hay una verdad también sabemos eso que es peligroso. Cuando hay miles caemos en un relativismo que nos impide actuar, elegir, hasta opinar, pero muy cierto es y rotundamente verdadero lo que me dijo un INDIGENTE en la plaza BOLIVAR del Tocuyo “GUERRA NI DE ANGELES”.  En el mundo mueren millones de seres inocentes ( niños, niñas, adultos y los que ya no tenemos cuenta en la edad ) en guerras fraticidas que no le traen ningún beneficio a NUESTRA AMADA PACHA MAMA. Con justa razón los elementales (ONDINAS y NEREIDAS, SILFOS y SILFIDES)  de nuestra Virgen MADRE NATURALEZA aconsejan a todos los seres HUMANOS a que de una vez por todas acabemos con la LOCURA de las GUERRAS.
          

yrnegil@gmail.com

(*) Profesor-Mérida



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Yrne Gil Mata (*)

Físico. Dr. en Educación. Miembro de la Milicia Bolivariana.

 yrnegil@gmail.com

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