La arruga que se corrió el 19 de Abril de 1810

Aquella no fue la primera manifestación contra el dominio español. La historia oficial en las sociedades clasistas, siempre ignora lo que hacen los pueblos, humildes y explotados. Le ha parecido que en todo gesto de ellos está ausente grandeza y nobleza; sólo prevalecen bochinche, desorden, guachafita y rochela; por eso destinado está al olvido, ignorancia y hasta dejadez de parte de los archivos. Los negros cimarrones, alzados contra la explotación y organizados en comunidades solidarias, como los quilombos brasileños, pasaron a la jerga de la dominación como sitios despreciables, hasta de prostíbulos habla el Drae, por algo es “de la real academia española” y en Venezuela le llamaron despectivamente rochelas. Hasta la novelística venezolana del avanzado el siglo XX, así lo percibe.

Ciertamente la de abril, fue la primera de blancos criollos, o mantuanos, como en una extraña expresión contra y a favor al mismo tiempo de la monarquía española. Contradicción que tendrá que ver con la fugacidad de aquel experimento. Para decirlo, a la manera del discurso festivo fue un extraño aquelarre clasista que, pese lo concurrido, no dejó de excluir. Propietarios de tierras y esclavos; comerciantes, más o menos grandes y pequeños; contrabandistas, en fin mantuanos, pardos, blancos, isleños, intelectuales progresistas y hasta monárquicos, por preservar lo que Napoleón en Europa deshacía, se acordaron por conservar “los derechos de Fernando VII.”

A pobres del campo y la ciudad, los venidos de África y sus descendientes, les dejaron fuera.

También es verdad que parte de aquel mantuanaje, aún después del 5 de julio de 1811, dudó de la pertinencia de declarar la independencia. Lo que no tuvo nada de extraño ni distinto a sus aspiraciones iníciales.

Hasta ese día de abril se habían producido distintas manifestaciones de inconformidad. Se llegan a contar más de veinte. Pero todas ellas fueron más contra la esclavitud y el carácter de las relaciones comerciales, que el sistema en su conjunto. Negros alzados, amotinados en quilombos y rochelas, no tuvieron importancia alguna; como tampoco, toda aquella reacción de contrabandistas acosados y reprimidos por la Guipuzcoana, porque en eso andaba el pueblo rebelde e indigno de aparecer en gestas precursoras.

La protesta de Juan Francisco de León, en Panaquire, sólo aspiró un mejor tratamiento de parte de la Compañía Guipuzcoana para los hacendados y comerciantes de Barlovento; lo que le reportó el respaldo lógico de los mantuanos del Cabildo caraqueño.

En cambio, el negro libre José Leonardo Chirinos y Gual y España, atentaron contra la espina dorsal del sistema. Sus programas vinculaban la independencia de Venezuela con el abolicionismo.

El movimiento de José Leonardo Chirinos expresó el interés de los esclavos y de los grupos intermedios. Gual y España, con sus protestas sociales y económicas, que incluía solicitud de comercio libre, recogieron el deseo de muchos, menos de las autoridades coloniales, opuestas a la independencia y de mantuanos contrarios a la eliminación de la esclavitud.

Por esto, no fue raro el gesto mantuano de salir a las calles de Caracas y La Guaira a pedir las cabezas de Gual y España y, cuando en Coro, organizaron partidas de cacerías de cimarrones afectos a José Leonardo.

Esta experiencia confirma algo que muchos políticos no deberían olvidar. La necesidad de establecer prioridades; definir la contradicción fundamental, los aliados y acciones correspondientes para resolverla.

El 19 de abril condujo a la formación de una junta de gobierno a nombre de Fernando VII, porque los grupos más progresistas, provenientes tanto de los mantuanos como de los pardos, hicieron concesiones al mantuanismo conservador para llevarle a aquella toma de posición.

La declaración de independencia y abolición de la esclavitud fueron postergadas. La primera se alcanzará en 1811, dando nacimiento a una república nonata que naufragará prontamente para sumergir a los venezolanos en una larguísima y cruenta guerra por la independencia. Sin olvidar que, como dijese Alí Primera, después de derrotado aquí, aquel español “se volvió gringo” y continuó el dominio. Lo segundo, lo del abolicionismo, es historia larga, penosa y habla muy mal de las clases que dominaron política y economía venezolanas en ese período.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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