En el marco de discusión de las líneas estratégicas de acción política

La lucha tiene que ser ética

Que fácil si los combates por el socialismo fueran tan solo contra enemigos palpables del otro lado de la trinchera, como quien construye un castillo de arena en la playa tan solo estaríamos pendiente de algún malintencionado caminante.

Pero una revolución nos es la simple lucha contra adversarios visibles como quien juega un ajedrez, donde solo basta conocer el color de las piezas para distinguir entre aliados y contrincantes; una revolución es más que eso, una revolución es luchar contra un enemigo disfrazado de costumbre, es vernos desde el futuro y practicar ese futuro en el microscópico espacio que habitamos, es aguzar el ingenio que impida resignarnos a la petrificación de las normas, los preceptos, el orden; es no sentirnos solo individuos sino seres sociales, es no simplemente decir estas palabras sino practicarlas.

¿Fácil construir el socialismo? Fáciles son cosas que se logran con poco trabajo y el valor de las cosas lo da realmente el trabajo humano; exactamente eso es lo maravilloso de una revolución que es el tejido donde se van hilvanando los mejores y mayores esfuerzos de mujeres y hombres de todas las generaciones.

Transitar el camino del socialismo es aprender a caminar en la oscuridad sin más guía que no sea la luz de nuestros principios y tener plena conciencia que más que una postura política, es una ubicación y visión ante la vida.

Esa convicción, ese inexorable apego a una filosofía de vida que caracteriza a revolucionarias y revolucionarios en este tiempo que vive la patria es la trinchera moral, es la carga de fusilería que abre camino, para ocupar espacio, liberar y construir socialismo; de allí que también seamos blanco de ataque no solo del enemigo jurado y confeso sino de balas en nuestras propias filas; unas representada en la acción deleznable de los oportunistas, truhanes y trepadores de toda calaña y otra en una gran cantidad de compañeros que aún sin saberlo y hasta con la mejor de las intenciones se convierten en transmisores del colonialismo, de la dominación; sencillamente porque culturalmente nunca se han liberado de ella.

Si continuamos viendo y aceptado como ético lo que es ético en una sociedad capitalista estamos condenados a perder la pelea, si un buhonero burgués confesó haber delinquido al decir que especulaba pero daba trabajo, violando el artículo 114 de la Constitución y merece todo el repudio y castigo; cómo es posible entonces que en Maturín, por citar un caso, uno vea buhoneros que mayoritariamente son votantes de la revolución , al frente de los abastos vendiendo mantequilla, leche, azúcar, harina la cual compraron en esos mismos abastos al mayor y a un precio superior al establecido y ellos la revenden a más del doble del costo que le dio el señor del abasto y eso pasa como “normal”; esto no puede ser, tanto el buhonero burgués, como el del abasto y el buhonero popular están reafirmando la ética delincuencial capitalista que hemos jurado sepultar.

Otro caso son funcionarios que ocupan cargos con responsabilidades de dirigir personal en instituciones o empresas del estado; gerentes o directores que se creen dueños de la verdad, infalibles “y hay de aquel que lo contradiga”; porque también se creen dueños del destino de sus empleados, abusando exageradamente de una discrecionalidad que solo se la ha dado el prejuicio y la ética burguesa de pretenderse “jefes” y por lo tanto “superiores”.

Y qué decir de Alcaldes nuestros, que la primera obra ejecutada es la colocación de su mejor fotografía, tamaño gigante, insertada en arcos o vallas en las entradas y salidas del municipio; y siguiendo con su “política comunicacional”, no hay nada realizado en su gestión que no lleve la imagen de su posada sonrisa y con un texto donde pareciera que todo lo dono él, como un “filántropo bienhechor”, dejando en segundo plano a el pueblo y la revolución.

Todas estas cosas que comparadas con otras que mañana, tarde y noche se practican parecen inocuas y bajo la óptica capitalista todas son aceptables, pero bajo el crisol revolucionario no se pueden tolerar ni perdonar.

Ante todo lo que contravenga los principios éticos insertos en el modelo de patria que decidimos refundar no podemos ser benévolos ni blandengues, sea rico o sea pobre, tan ladrón es el banquero y el de la urbanizadora que estafan con las viviendas como el invasor que se mete en los terrenos no actos para construir, levanta ranchos los alquila o los vende.

De allí que la cruzada es ética y sino la desplegamos con firmeza, con inquebrantable radicalismo hacia todos los rincones y en todos los niveles, de nada servirán las coyunturas para el debate y la reflexión que se proponen; quedaran ahogadas en la triquiñuela de los timadores, como aquel ingenuo que jugando por necesidad hecho su esperanza en la ruleta trampeada, perdiendo por obligación.

Quiero concluir con esta nota que sería buena que la coloquemos siempre:

Este material no es para "los de la otra orilla"-cuyos nombres ni siquiera merecen ser mencionados aquí-, tampoco para quienes pretendan o asuman tener ya las respuestas, asumiendo falsas posturas marxistas, marxianas y marxólogas, y mucho menos para aquéllos que hagan de su lectura una especie de búsqueda de errores y que convierten la crítica en la crítica roedora de los ratones. A ellos, por qué no, les dedicamos esta cita de Ernesto Che Guevara:

"Ellos, que vivieron del cuento de una lucha que no hicieron, embaucando a la gente, buscando puestos, tratando siempre de acercarse a los lugares donde el dinero estaba a flor de tierra, ‘empujando’ en todos los gabinetes ministeriales, despreciados por todos los revolucionarios puros, pero admitidos, aunque a regañadientes, eran un insulto a nuestra conciencia de revolucionarios. Constantemente con su presencia nos mostraban [y nos siguen mostrando] nuestro pecado; el pecado de la transigencia frente a la falta de espíritu revolucionario, frente al traidor en potencia o de hecho, frente al débil de espíritu, al cobarde, al ladrón, al ‘comevaca’. Pero les damos las gracias (…) por darnos esta lección, por demostrarnos que no se puede comprar conciencias con la dádiva revolucionaria, que es exigua y exigente para con todos, por demostrarnos que tenemos que ser inflexibles frente al error, la debilidad, el dolor, la mala fe de cualquiera y levantarnos y denunciar y castigar en cualquier lugar en que asome algún vicio que vaya contra los altos postulados de la Revolución". Che Guevara (Verde Olivo, 12 de febrero de 1961).

¡Patria Socialista o muerte! Estamos venciendo!


josehog13@gmail.com

@chevento


Esta nota ha sido leída aproximadamente 1477 veces.



José Ovalles


Visite el perfil de José Ovalles para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: