Llamemos las cosas por su nombre y pongámoslas en su justo sitio

No nos confundamos con Pérez Jiménez

Cuando volvamos al pasado, para interpretarle y hasta usarle como referencia importante para abordar el presente, construir futuro, debemos hacerlo con objetividad y sin dejar desbordarnos por las pasiones.

Lo primero que debe quedar claro es que si hacemos ese viaje con la absurda idea entre ceja y ceja, que Pérez Jiménez sòlo persiguió “adecos”, lo cual es malo de por sí, y estos estaban formados por quienes firmaron el Pacto de Punto Fijo y “malearon” el país por más de cuarenta años, corremos el riesgo de sacar malas conclusiones y justificar lo injustificable.

1.- Betancourt y casi toda la corte que le acompañó y continuaron luego las políticas por él trazadas, lo que equivale decir Leoni, Gonzalo Barrios, CAP, etc., no fueron objeto de los desmanes del perezjimenismo, salvo haberles exiliado. Situación ésta que, casi todos ellos, vivieron más o menos repantigados.

Quienes sufrieron las bestialidades del régimen, fueron sustancialmente, la heroica gente del PCV, la izquierda adeca, que en gran medida luego formó el MIR, MEP y unos cuantos humildes militantes.

Muertos gloriosos como Leonardo Ruiz Pineda y Antonio Pinto Salinas, lejos estuvieron de expresar ideas e intereses políticos de Betancourt y sus cipayos.

2.- Bajo el gobierno de Pérez Jiménez, toda inconformidad, fue perseguida y castigada con saña y hasta horror. Las cárceles se llenaron de presos sin juicios y ninguna consideración.

Se abrieron campos de concentración como Guasina y Sacupana, donde se recluyó todo el talento, honradez y valentía que se manifestase inconforme. Allí vivieron por años, abandonados a su suerte, en medio de inmundicias, plagas, insalubridad y barbarie impuesta por los carceleros.

Hasta ciudadanos inocentes, por cosas baladíes, cobrar cuentas personales, formaron partes de los “políticos”, almacenados en aquellas infernales cárceles. Presos y confinados por hallarles sòlo leyendo una pinta en una pared de una calle semi oscura.

La tortura, allanamientos, asesinatos hasta en plena calle, fueron rasgos del régimen. A Venezuela toda se le puso una mordaza y tuvimos que aprender el lenguaje de las señas.

3.- Marcos Evangelista Pérez Jiménez, fue formado en Perú, en la Escuela Militar de Chorrillos, bajo el padrinazgo del Pentágono. Cuando encabeza el golpe militar contra el gobierno de Rómulo Gallegos, tiene el respaldo y anuencia de la embajada norteamericana en Caracas. Dicha complicidad fue denunciada prontamente por el presidente derrocado, aunque Rómulo Betancourt, en su permanente afán, a partir de cierto momento de su vida, de ganarse el afecto de quienes gobernaban en la Casa Blanca, se dedicó a desmentir aquello.

El nacido en Michelena, Estado Táchira, fue el típico militar latinoamericano de su tiempo, vergonzosamente servil frente a la política gringa. En 1954, fue el anfitrión de la X Conferencia de la OEA, en la cual, por intermedio de Jhon Fuster Dulles, siniestro personaje, se condenó a Guatemala y al gobierno democrático y progresista de Jacobo Arbenz. En Caracas, esos días, en esa Conferencia, en la sede de una rapaz dictadura y con la anuencia de ésta, lo que equivale decir de Pérez Jiménez, se dio luz verde para invadir al país centroamericano e imponer allí otra dictadura encabezada por Castillo Armas.

4.- Como dictadura de derecha, se dedicó a perseguir trabajadores, haciendo desaparecer el sindicalismo del PCV, AD, URD y hasta independientes e impuso mafias “sindicaleras” a su servicio que al mismo tiempo actuaban como soplones del gobierno. Ese “sindicalerismo” estaba separado de los cuerpos policiales por una línea tenue.

5.- La política educativa elitesca del régimen, pese al relativamente alto ingreso nacional, impuso el pago de tasas para inscribirse en las universidades, tan altas que impedían el ingreso de gran parte de los aspirantes. Sòlo pequeñas élites de clase alta y procedentes de la clase media acomodada, podían acceder a esos centros de estudio. Miles de bachilleres, sobre todo de esos que los caraqueños llaman provincianos, deambulaban por las calles con el título bajo el brazo.

Cuando esos espacios culturales se volvieron críticos y protestarios contra la situación, como la célebre huelga de la universidad caraqueña, el gobierno, sin dilación, remordimientos ni vergüenza, procedió a clausurarles.

6.- Por donde usted busque, encontrará la entrega de la dictadura a los intereses del capital extranjero y, sobre todo, a las empresas explotadores y exportadoras del petróleo. Es difícil percibir algún signo que indique que al gobierno, en esa materia, le alentase un pequeño interés nacional.

Las inversiones cuantiosas que hizo en la construcción, “modernización” de Caracas y el área central del país, formaron parte del plan que nos ataba al capitalismo mundial y la economía de puerto. Hay que ser coherentes al hablar de esto.

Mientras lo anterior se daba, los provincianos ajenos o marginados al modelo, como allá en la Cumaná de mi niñez, eran menos que invitados de piedra.

Hasta llegué a ver en mi pueblo, como en las escasas obras públicas que se ejecutaron, en las tareas más sencillas, se utilizaban italianos y españoles, recién llegados con otro fin, pero también víctimas, mientras los cumaneses desempleados perdían el tiempo de mirones. Alrededor de la obra, cuidando no se desatase la protesta, no faltaba el merodeo policial. Por eso y otras cosas políticas, como el derecho al voto al extranjero residente, al caer la dictadura, lamentablemente, una de las primeras reacciones del venezolano fue intentar agredir a algunos de ellos.

7.- Por algo, el sector militar nacionalista y sensible frente al dolor nacional, como aquel que encabezó el Coronel Hugo Trejo, se alzó valientemente contra la dictadura y el pueblo el 23 de enero y días anteriores, salió a la calle a inmolarse para derrocarle.

De este asunto hay mucho que hablar, pero tiempo y cansancio obligan llegar hasta aquí.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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