Fabricio vive, la lucha sigue

El título del artículo no es una simple consigna sino que lleva implícito el tema a desarrollar a propósito de celebrarse 53 años de aquella gesta heroica del pueblo venezolano contra la oprobiosa dictadura de Marcos Pérez Jiménez, acción en la el Comandante Roberto, (Fabricio Ojeda) jugó papel preponderante y de cuyo asesinato en el quinto piso del Palacio Blanco (Miraflores), se cumplen 44 años.

Fabricio Ojeda era el motor del movimiento clandestino contra Pérez Jiménez, porque  su condición de redactor estrella de la fuente política del Diario El Nacional y a su vez presidente de la subversiva Junta Patriótica, le permitía infiltrase y obtener de primera mano información precisa sobre los movimientos del gobierno, púes se movía con alguna libertad en el Palacio de Miraflores por ser el representante allí del diario más influyente de la época, a quien el propio dictador llegó a conceder entrevistas.

El 23 de enero de 1958, luego del despegue de la Vaca Sagrada, de la Carlota, llevando en sus entrañas al nefasto gordito, con su cargamento de dólares rumbo al norte, refugio de tiranos y terroristas suramericanos, el pueblo venezolano conoció al misterioso presidente de la Junta Patriótica, Fabricio Ojeda, quien dio la cara al país como el jefe de la rebelión que puso en fuga al tirano.

Contrario a lo que hubiese hecho cualquier oportunista Fabricio Ojeda, no asumió ningún cargo en la Junta Provisional de gobierno a la cual si accedieron, dos empresarios que habían sido cómplice de la dictadura, militares de derecha y los agentes de quienes se habían puesto a salvo en el exilio dorado, pero que luego regresaron como “mártires y luchadores por la libertad; como buenas marionetas humanas, programados por Washington y la derecha internacional para a sangre y fuego sofocar la llama libertaria encendida en territorio patrio   por los comunistas y movimientos radicalizados dentro de AD y en los frentes de estudiantes, obreros y campesinos durante la lucha contra la tiranía.  La ingenuidad de esa izquierda, incluyendo al Partido Comunista, permitió que esa canalla mackartista, fascista, encabezada por Rómulo Betancourt, se apoderara del poder por más de 40 años, luego de  sellar la traición al pueblo venezolano en el Pacto de Punto Fijo, compromiso mafioso suscrito por Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, en la “Quinta Punto Fijo”. Allí los tres líderes títeres del imperio asumieron con solemnidad, el compromiso de atornillar el anticomunismo en Venezuela y sus áreas de influencia.

Fue precisamente en el segundo período de la nueva dictadura, disfrazada de democracia, en 1966, durante el gobierno de Raúl Leoni, que fue asesinado el héroe del 23 de enero del 58, el colega periodista Fabricio Ojeda. Aquel tartamudo, en cuyo mandato se inauguró en Suramérica la “Desaparición forzosa”, como método para enfrentar a la oposición política  y que luego adoptaron los dictadores en Centroamérica, Brasil y el Cono Sur, con el mismo fin, fue llamado con cinismo por la oligarquía nacional, “El presidente bueno”. Menos mal que era bueno.

Pero el asesinato de Fabricio Ojeda, en los calabozos del SIFA (Servicio de Información de las Fuerzas Armadas) mediante horrendas torturas y que luego de manera fraudulenta presentaron como un suicidio, afianzó más en el pueblo revolucionario el pensamiento del Comandante Roberto. Prueba de ello es que sus hijas Tahís y Marianela, se mantienen firmes en la lucha y sus nietos Juan Carlos y José Luis, fueron oradores en el homenaje rendido ayer en Caracas, en la gran marcha bolivariana. Y que mejor repuesta a los planteamientos de Fabricio en su carta del 30 de junio de 1962, cuando cambió la curul burguesa del Congreso Nacional, por las “miasmas del campamento”, que la dada por sus nietos este 23 de enero, cuando Juan Carlos señaló: Abuelo a ti que diste tu vida por este pueblo, luchando por su libertad, te decimos, hemos encontrado el camino en la revolución bolivariana.

El planteamiento de Fabricio en esa carta exige compromisos que todavía no hemos asumido.

Las injusticias a las que hizo mención en su momento este insigne revolucionario continúan existiendo, en buena parte del país, púes pese a las buenas intenciones  y los esfuerzos del Comandante Chávez, muchos de sus gobernadores y alcaldes no acaban de entender que gobernar es servir y darse la mano con el pueblo para en compromiso compartido buscar la mayor suma de felicidad para todos. Estos son los que utilizan el poder para solazarse y para asegurar sus negocios, amparados en el poder que les da ser jefes de gobierno y a la vez del partido.

Son grietas de la revolución que debemos restañar con urgencia, para echar de las filas del proceso a los burócratas mata votos, que llevan la revolución en la boca para vivir de ella, mientras la base revolucionaria, “mas que vivir agoniza” en barrios insalubres, sin servicios y con los módulos y centros de Barrio Adentro abandonados, la gente no recibe repuesta oportuna, los especuladores se mofan de las recomendaciones del gobierno central, mientras los gobernantes, llenan el territorio de vallas, promocionando su imagen y los espacios de radio TV saturados de cuñas anunciando obras que nunca han ejecutado. Por eso decimos que Fabricio vive la lucha sigue.

(*) Periodista

cd2620@gmail.Com  

cadiz2021@yahoo.es.



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Cástor Díaz (*)

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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