La incultura de la especulación y la impunidad

  ¿Existe en Venezuela una incultura de la especulación de los bienes y servicios? ¿Obedece el mapa general de precios de los bienes y servicios en Venezuela a una estructura de costos real? ¿Existe un afán desmedido de todo el que vende por obtener ganancias excesivas para enriquecerse rápidamente? ¿Y de la impunidad, qué podemos decir? Temas de por sí escabrosos, aunque tentadores para su análisis.

La especulación es una enfermedad de las sociedades capitalistas, sean éstas desarrolladas o subdesarrolladas. Consiste en vender por encima de precios considerados normales, decentes, suficientes, para obtener ganancias abusivas, depredadoras de la economía del comprador. En países desarrollados como EE.UU., por caso, se especula con el precio de las viviendas y determinados productos de primera necesidad. En países como España, Francia, Suiza, Italia, con servicios como el de los hoteles, combustibles, lubricantes.

Pero hablemos del caso de Venezuela, donde el pago de impuestos es eximio cuando se paga, y en cuanto a los productos importados los aranceles de aduana están al nivel internacional o por debajo de éstos. Analicemos algunos factores que pueden incidir, desde nuestro punto de vista, en la concurrencia de este fenómeno social que tanto incide en el comportamiento de los índices de nuestra economía.

  • Previsión para futuras devaluaciones. La generalidad de los comerciantes justifican el alza excesiva de los precios de los bienes y servicios que ofertan a la previsión ante posibles devaluaciones que ocurrirán pronto, muy pronto, aunque éstas se produzcan en el término de dos, tres y más años. Aumentan ante esa expectativa, dicen, y así se quedan los precios, por las nubes. Aumentan por la inflación del año anterior y por los futuros, y así, un aumento previsible del 30% se eleva a 80, 100, 150% y más. La negligencia del Estado por aplicar los correctivos del caso, hace proliferar la impunidad, y con ella, los desmanes.
  • Bienes importados. Como Venezuela continúa siendo una economía de puerto, y así seguirá siéndolo por muchos años más, se atribuye a la importación de muchos bienes el origen de esta anomalía.  Sin embargo, esto tiene sus particularidades; así, hasta hace menos de un año, se otorgaban dólares preferenciales a través de Cadivi y el BCV para la importación de determinados bienes según una lista oficial. Se aducía, aún se hace, al retardo en el otorgamiento de divisas el ajuste de los precios de todos los productos importados, al costo de los dólares obtenidos en el mercado paralelo, y así se quedaron aún cuando los recibieran antes de cancelar sus pagarés o cartas de crédito. A esto su suma el delito de no hacer la declaración de sus operaciones en los plazos estipulados por la ley. Ante estos delitos, mucha impunidad.
  • Especulación caprichosa. Aunque los productos sean criollos, criollitos, elevo los precios porque me da la gana, dice el vendedor, así sucede con el tomate, melón, lechosa, papa, zanahoria, mango, plátano, cambur, huevos, limón, naranja, o repuestos para vehículos producidos en el país. Una tuerca de las que se producen en la industria metalmecánica nacional, ha pasado en el término de 4 a seis meses de 2 Bs a 10 Bs. un incremento del 400%. La cabilla de 3/8”, que hace dos años se conseguía en las ferreterías a 20 Bs, ahora no se consigue por menos de 85 Bs, un incremento del 325%. Por el mismo cauce caminan el alambrón, los clavos, los ángulos, los marcos para puertas y ventanas. Empacaduras de asbesto para el tubo de escape de mi vehículo, que hace un año las compré en 5 Bs, hoy están a Bs 30, un incremento del 500%. ¡Y qué decir de los accesorios para baños, cocinas! No importa que muchos productos estén regulados y/o subsidiados, igualito sus precios se van a la estratósfera. El Presidente tendrá que hilar muy fino para llevar a la realidad sus planes de vivienda. ¡Contra los vivianis y acaparadores, guerra sin cuartel. Y no hay sanciones. En tanto, la impunidad sigue de fiesta.
  • Otro chiste es el de la intermediación que se hace bajo el amparo de  organismos públicos. Es así como los productos de Sidor, de la petroquímica, de las cementeras, de los silos, alcanzan precios inmensurables por la rapiña de altos funcionarios, conjurados con testaferros para esquilmar a la clientela. En este negocio pululan oficiales de todos los grados de nuestra Fuerza Armada Bolivariana que, afortunadamente, constituyen una minoría. Ante este libertinaje, parecen existir controles cómplices, por lo que la impunidad continúa su avance arrollador.
  • La publicidad engañosa. La publicidad crea la necesidad, y ésta la compra compulsiva de bienes realmente innecesarios. Así, hay familias que se llenan de toda clase de artefactos, adquieren para sus hijos los más disímiles artículos electrónicos a precios de escándalo, aunque al poco tiempo ya descansan en el cesto de los desperdicios. Y así vamos con los menjurjes para la belleza, para la limpieza del hogar, del vehículo, en fin, gasta que te gasta, y el comerciante feliz.  Mientras, los precios están bien, bien elevaditos. Y la impunidad sigue llena de plena salud.
  • Abundancia de liquidez monetaria. Algunos analistas culpan a los organismos del Estado por la súper abundancia de liquidez monetaria en manos del público, la elevación de los precios, ya que el mercado de oferta no satisface los requerimientos de la demanda. Se refieren a que hay mucho dinero inorgánico en la calle que no es producto de la creación de riqueza, y ese es otro disparador de la especulación y por ende, de la inflación.
  • Crecimiento del mercado de consumo, insuficiencia de la producción de bienes y servicios. Nos dicen las estadísticas que, en los últimos años, la producción de varios productos agropecuarios e industriales ha crecido sustancialmente, pero que el crecimiento de la población, aunado a la proporción de ésta incorporada al consumo, hace que el déficit de la oferta se haga recurrente. A esto se suma el acaparamiento, el contrabando de extracción de productos subsidiados, mientras un importante sector del funcionariado hace de las suyas, y la impunidad continúa de vacaciones.

(*) Economista. 

cepo39@gmail.com



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César Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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