(“No hay mal que por bien no venga”)

Bondades del Pre “Diluvio”

La presente tragedia “natural”, que lleva semanas asolando las barriadas más indigentes de esta Venezuela capitalista, tendrá consecuencias sociales nunca vistas, además de revelar el verdadero carácter clasista de nuestro modo de producción.

Sólo sistemas económicos burgueses revelan que la clase proletaria en general y su parte más empobrecida están absolutamente desamparadas por el resto de la sociedad, y que la policía y demás cuerpos de seguridad afines sólo están diseñadas para vigilarla, controlarla y someterla para resguardo de los clasistas intereses de quienes, por ejemplo, ignoran tales barriadas, comercian con sus tragedias en condición de proveedores de todo los equipamientos de muebles y enseres, o que, si tienen control político sobre el gobierno de turno, entonces aprovechan para ganar simpatías con la sociedad en general: entonces se muestran generosos y dolientes de la tragedia ajena.

Hoy se observa que la burguesía, como tal, y sus “escuálidos”, ni los partidos políticos que siguen representándolos abiertamente, no se hallan presentes ante la calamidad presente, una calamidad que es el resultado de aquellas promisiones emanadas del Fondo Monetario Internacional (FMI) de vieja data, de los programas imperialistas, como aquel de “Alianza para el Progreso”, y demás ofertas de “industrialización” -léase pauperización-, que se sigue manejando en estos países gracias a la perversa conseja “keynesianista”. Hasta ahora, desconocemos algún aporte de la banca privada que tantos millones de dólares se embolsilla anualmente, tampoco de las transnacionales que hacen otro tanto. ¡Claro!, mal pueden colaborar con el gobierno “socialista” quienes se sientan enfrentados a este.

El gobierno actual, coherente con su planteamiento político de matiz o carácter “socialista y antiimperialista”, dispone de un Ejército sui generis: Este se halla al lado de los estratos sociales más necesitados, y hasta ahora no ha habido arremetidas antipopulares contra las protestas como fue frecuente durante la república precedente a esta V República. Por supuesto, mal podría hacerlo ya que su piso político descansa precisamente sobre estos golpeados estratos sociales.

Bien, entre las consecuencias positivas de esta tragedia, que evidentemente le permite al gobierno retomar nuevas cuotas de popularidad, está la atención oportuna de estos millares de damnificados, pero, la más importante sería acabar definitivamente con la impenetrabilidad vial de muchas barriadas montañosas de la periferia capitalina de Caracas y alrededores, y de la periferia e interior de muchas ciudades de Venezuela.

Sabemos que la improvisada configuración urbana de esos barios fue laberíntica. Allí sólo entraban las bandas de antisociales y quiénes tenían visto bueno de estas. Si recordamos a la Roma Imperial, señalemos que una de sus mejores estrategias de dominación y control eficaz sobre sus colonias fue la vialidad. Excelentes calles y carretas, acueductos y afines fueron las principales obras emprendidas por los ejércitos y esclavos romanos.

Esperamos que el gobierno trace de una vez por todas un diseño urbanístico reservado a futuros pobladores, de tal manera que el acceso por todos los ciudadanos resulte tan expedito como lo es en el resto de las zonas residenciales. Que aproveche para censar quién es quién dentro de tales damnificados: grado de instrucción, oficios, ocupaciones, currículo, etc. Así, el gobierno podría hallar su buena cuota de personas aptas para seguir disfrutando de las bondades que teóricamente sigue brindado la Constitución.

marmac@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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