Falacia y contraproducción en la diversificación de las exportaciones extrapetroleras es un embuste venezolano



Cuando algunos consejeros económicos optaron por sugerirle a los gobernantes venezolanos que convenía la diversificación de las exportaciones, como tan majaderamente lo hizo Arturo Úslar Pietri, un teórico burgués atado a la conseja del neoliberalismo, y quien apoyado en su prestigio de connotado y premiado escritor trasnacional de cuya literatura y capacidad, por cierto no dudamos, esos consejeros cayeron en un error que ahora lamentablemente se recicla para desaliento de muchos y satisfacción de pocos.

Nos explicamos:

Para una economía como la venezolana, centenariamente fincada en los dólares petroleros que soportan con marcada e innegable dependencia cada renglón u cada bolívar de su paquete industrial, en sus diferentes modalidades tanto productivos como meramente comerciales, para una economía así cualquier asomo de merma en los ingresos provenientes del rubro petrolero y de sus derivados inmediatos repercutirá ineluctablemente con fuerza destructiva y desestabilizadora en las empresas que estén montada en la cacareada economía extarpetrolera con ánimo de obtener algún flujo adicional de divisas que hipotéticamente, y no demostrado, garantizarían aquellos vaivenes hacia abajo que suele caracterizar el ingreso petrolero, por cierto doblemente dependiente: de la OPEP, y de la sumisión entreguista que este país ha demostrado frente al leonino comprador de este irrenovable recurso energético, a pesar de la condición paramopólica que podríamos esgrimir y hacer valer con nuestros 1,4MM B/diarios para el desnutrido Norte..

Si, por ejemplo, los precios del petróleo bajan, en esta medida se encarecería su paridad real, y las supuestas ventajas introductibles con el artilugio de la DEVALUACIÓN, resultarían contraproducentes, habida cuenta que la mejora productiva y competitiva se vería trunca automáticamente. Vendrían los desalmados y técnicos despidos de personal, el desempleo de otros recursos complementarios, y toda esa política para la consecución de dólares extrapetroleros se traduciría en una simple y contraproducente falacia económica.

La economía petrolera nacional no debe tener otro sustituto empresarial que aquel dirigido a la autarquía de las importaciones tradicionales para lo cual, y or el contrario, se necesita una moneda fuerte capaz de adquirir más dólares por cada bolívar.

Cumplimos con alertar por enésima vez al Presidente Chávez para que con la brevedad del caso reconsidere esa postura asumida por su gabinete económico en clara continuidad de una política económica ya fracasada en todas partes y aquí en tiempo anterior, o él mismo se desprenda de su piratería económica, si de él mismo surgió la idea de que esta estrategia devaluacionista para diversificar los flujos de divisas podría coadyuvar en el manejo macroeconómico de un país que si bien mejora un poco la condición económica de algunos, esto lo está logrando con cargo y mucha desmejora para el trabajador medio venezolano.



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Manuel Martínez


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