Los centros urbanos, la política y praxis revolucionaria y su incidencia sobre los resultados del 26S

     Es obvio que los resultados electorales del 26S son dignos de un abierto y profundo debate por parte de quienes creemos en la necesaria construcción del socialismo y, nunca será suficiente lo que reflexionemos y digamos sobre ello, ya que como se ha venido afirmando de distintas formas, después del 26 de septiembre se enmarca para el proceso de cambios en nuestro país, un escenario político distinto, que nos obliga no sólo a tener que ser muy autocríticos sino que como consecuencia de ello a revisar nuestro accionar político. Hace algunos días el Presidente Chávez planteaba que había que ser muy científicos en los análisis que hagamos de dichos resultados, pues considero que ese “análisis científico” no puede ser otro que el que se hace, utilizando el criterio de la totalidad concreta, siendo así, partamos por reflexionar la dinámica política, económica, social y cultura que interactúa de manera dialéctica en los centros urbanos del país, espacio donde se concentra la mayor cantidad de personas y donde se expresan las múltiples contradicciones de un país cuya base económica sigue siendo la que define al capitalismo rentístico y peor aún a la cultura rentística que lo acompaña.

     Desde que se inicia y se desarrolla la explotación petrolera, los centros urbanos se han convertido de manera acelerada y muy poco planificada en los espacios de mayor concentración de la población y por ende de diversos problemas, donde confluyen y han confluido, por razones obvias, varias culturas de distintas regiones del país: oriental, llanera, andina etc., como de otras partes del mundo (europea, colombiana, latinoamericana etc.). Como es natural en estos espacios, es donde se da la mayor confrontación política e ideológica del proceso de cambios que en sus aspectos, por lo menos declarativo, plantea la construcción de una sociedad distinta a la que caracteriza a la sociedad capitalista. Partamos entonces por reflexionar qué es lo que pudiera estar ocurriendo en Venezuela y concretamente en dichos centros urbanos (decisores políticos en lo electoral) a, por lo menos, diez años del proceso de cambio y cinco de la propuesta de construcción del socialismo, teniendo como marco de referencia los resultados electorales del pasado 26S donde se evidencia que en términos generales, tomando en cuenta los votos lista para la Asamblea Nacional, la denominada alianza gubernamental sacó un aproximado de 5.423.324 y las fuerzas que representan a la variopinta oposición  5.320.364,  con un margen de diferencia en términos absolutos y porcentuales muy pequeño.

     La pregunta que nos hacemos y seguiremos haciéndonos por lo menos en lo que resta del año es: ¿Qué fue lo que ocurrió?, si en Venezuela no existen ni remotamente 5 millones de oligarcas, por qué los resultados entre una propuesta de modelo que plantea ser más inclusivo y de equidad social no termina por convencer a la mayoría de la población. Estimo que lo mínimo que se puede interpretar de los resultados de las pasadas elecciones, es que los problemas están en el ala del planteamiento político revolucionario y el nivel de coherencia o no que tiene con su praxis política y social. En este caso quiero darle especial atención a cuatro factores que considero relevantes para su revisión:

    1. Uno de ellos que debe ser revisado en profundidad porque tiene, entre otras razones, sus orígenes en la poca o nula ética revolucionaria fundamento del socialismo, es lo que pudiéramos denominar la política de los llamados “potes de humo”. Me refiero concretamente a que durante muchos años el discurso político de transformación, en términos generales, se ha centrado en presentar mediáticamente referencias de construcción del socialismo que no terminan por consolidarse y no existe una reflexión crítica que permita aprender de los errores y corregirlos. En este sentido, quiero otorgarle especial atención al tema económico, donde la búsqueda de un modelo productivo que inhiba el proceso metabólico del capital acompañado de una mayor diversificación económica de inclusión y equidad social, por lo menos hasta ahora, dista mucho de estar cerca de la realidad.

      Muchos han sido los eventos televisados, donde hemos visto desfilar cualquier cantidad de propuestas que en este sentido se han hecho a lo largo y ancho del país y cuyos resultados, por lo menos hasta ahora, no han sido más que un reforzamiento del capitalismo rentístico y por ende de la dependencia económica de la renta petrolera. Prueba de ello es el hecho de que para nadie es un secreto, el significativo incremento que en general han tenido las importaciones guardando particular preocupación las que tienen que ver con el sector alimenticio, ahora bien, como afecta esto a la gente que vive en los espacios urbanos veamos:

      1. Los espacios urbanos se caracterizan por tener un desarrollo preeminente de las actividades productivas relacionadas con el sector servicios y manufactura, es decir, por naturaleza no producen alimentos (a menos que estos sean manufacturados) sin embargo, son los que más padecen con mayor nivel de sensibilidad los fenómenos relacionados con la escasez de alimentos y la subida sostenida de los precios de los productos (inflación).
      2. El ciudadano común que vive en las grandes ciudades está acostumbrado a tener acceso de manera relativamente fácil y segura a los alimentos que forman parte de su canasta alimentaria. Durante los últimos años el gobierno ha hecho un gran esfuerzo para garantizar el acceso de estos a bajo precios, pero también, sabemos que dicho esfuerzo no se corresponde con una política permanente y segura de producción y distribución endógena de alimentos, lo que nos obliga a tener que revisar en profundidad lo que está ocurriendo con la “política agraria revolucionaria”, donde seguramente abra una combinación dialéctica y contradictoria, de intereses de clase que se entrecruzan y que influyen en la escasez de productos, con fenómenos de burocracia, corrupción y eficiencia que van desde el diseño anual de los planes de siembra, pasando por el tema del financiamiento eficiente y suficiente hasta el de procesamiento y distribución de productos alimenticios. 
 
    1. El segundo factor, tiene que ver con el crecimiento acelerado en las ciudades de un cúmulo de problemas que van desde la carencia, colapso o ineficiencia de servicios públicos como transporte, vialidad, agua, luz hasta los más complejos de solucionar como es el tema de la inseguridad que ha llevado al extremo de modificar hábitos y costumbres de vida citadina, y su poca o casi nula vinculación con una gestión de gobierno regional o local revolucionaria que sea eficiente.
    2. El tercer factor que debemos evaluar es lo atinente a la cultura política que debe caracterizar a todo proceso político revolucionario de construcción del socialismo, nos referimos a que existe una enorme brecha entre el planteamiento de construcción del socialismo y la practica clientelar y de reforzamiento de la cultura rentística que se expresa tanto en la poca o casi nula dinámica interna de discusión política del partido, convirtiendo a este en un “club de amigos”, como en la práctica revolucionaria que tienen algunos denominados “cuadros políticos de la revolución”, castrando cualquier posibilidad de debate, de lucha ideológica y de revisión interna, al tildar a quienes hacen criticas fundamentadas, de contrarevolucionarios o enemigos, impidiendo cualquier posibilidad de cualificación del proceso y, escondiendo en el fondo, las infinitas concepciones reformista y oportunistas que progresivamente van minando las bases para consolidar los cambios, situación que ha llevado a enormes aberraciones en la gestión pública reforzando las prácticas corruptas que van conformando una nueva elite de poder o una nueva “burguesía delictiva de capital” como en otrora la llamó el historiador venezolano Federico Brito Figueroa1. Estos aspectos que desde el punto de vista ideológico van reforzando o generando cambios en la cultura política de un país, se hace más evidente en los espacios de las ciudades, como consecuencia, entre otros factores, del masivo acceso que tiene la gente que habita estos espacios a las diversas tecnologías de información y comunicación existentes (redes sociales, medios de comunicación, internet, televisión por cable etc.).
  1. Finalmente el cuarto factor lo ubico en la calidad de los discursos políticos de quienes se denominan “cuadros de la revolución” cuyos discursos, por lo general, están cargados de clichés, de medias verdades y de cuestiones básicas, que van desde la repetición acrítica y poco reflexiva por parte de quien ve al marxismo como dogma y termina asumiendo posiciones sectarias, hasta propuestas que simplemente son aberraciones del pensamiento marxista, muestra de ello está en el afán de colocarle a todo lo que se nos ocurra: socialismo (ejemplo “precios socialistas” criticado duramente en días pasados por el Presidente Chávez). Son planteamientos que les falta profundidad en el análisis y coherencia en su praxis y que por la activa dinámica política que se vive en los centros urbanos, el común de la gente se va haciendo refractaria a dichos discursos, sobre todo la población joven que ha venido creciendo, por lo menos, cuantitativamente en cuanto a registro electoral se refiere. 

     ¿Ante todo esto que hacer?

    Los y las socialistas debemos plantear en el seno del PSUV un profundo debate que nos lleve a discutir el papel del partido y su relación con el gobierno, el estado y el poder popular. Haciendo valer los postulados del “Libro Rojo”, documento aprobado recientemente en el Congreso del Partido. Ello lo planteo porque el fracaso histórico del llamado “socialismo real”, nos indica que al no delimitar el papel y rol que deben cumplir estos tres factores políticos, nos lleva como en efecto está ocurriendo en nuestro proceso, a burocratizar al partido y al movimiento popular y revolucionario, pervirtiendo en la practica la propuesta de cambio revolucionaria. Pregunto: ¿Quién se atreve a hacer críticas   y a enfrentar las prácticas corruptas en el seno del Estado, si el “seudo dirigente” del partido es a la vez funcionario de alto rango  quien decide de manera personal o grupal la política y toma decisiones que implican afectar la vida de la población, excluyendo e impidiéndole el acceso a quienes hacen criticas y buscan cualificar el proceso?.

    Ahora más que nunca tiene sentido fortalecer una corriente de pensamiento y praxis verdaderamente revolucionaria en el seno del PSUV.

    omillan4@hotmail.com



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Oly Millán Campos

Economista (UCV) y exministra del Ministerio para la Economía Popular (2006). Integrante de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la CRBV y de la Plataforma Contra el Desfalco a la Nación

 omillancam@gmail.com      @angelicamcampos

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