La materialización de un sueño

Sin dudas, la constitución de la Comunidad de Naciones Sudamericanas (CONSA), aprobada en Cusco durante la III Reunión de Presidentes de Sur América el 9/12/04, es el inicio de la concreción de una ilusión sostenida por mentes preclaras, en especial la del Generalísimo Francisco de Miranda, desde hace 200 años. Tiene como único antecedente eficaz la conformación del SELA el 16/10/75. Un intento que se desvaneció con el derrumbe de la URSS, que rompió los balances internacionales, dejando abierta la posibilidad de la realización del pensamiento conservador sobre un Imperio Universal. Pero ambos hechos no responden, ni respondieron en el pasado con la idea manejada en el Congreso Anfictiónico de Panamá, a un voluntarismo de los soñadores. Esas iniciativas han reconocido imperativos de la realidad. El SELA, como ocurrió con la emergencia de la Comunidad Europea, a la bipolaridad asfixiante que ataba la vida de los pueblos a las intereses geopolíticos de los superpoderes que se enfrentaban. Y nuevamente la CONSA, detrás del movimiento de la vieja Europa, en donde están parte de nuestras raíces, es la repuesta a la más opresiva situación que esta generando el unilateralismo imperial de la hiperpotencia que acumula el mayor poder coercitivo presente en el sistema internacional. Efectivamente, la teoría sociológica, que ha estudiado estos fenómenos de integración relaciona la ubicación estructural del poder que controla el desarrollo de una unidad social, en este caso la población de cultura iberoamericana del continente, con los procesos de fusión de los pueblos y los espacios que ocupa.

En la iniciativa actual el poder de control del desarrollo de la unidad social iberoamericana radica fundamentalmente en los EEUU, cuando en el pasado reciente – durante la guerra fría – ese poder era compartido con la URSS, con capacidades de acción a través de Cuba y los movimientos revolucionarios en todo el continente y, en el pasado remoto se ubicaba en la Santa Alianza que asociaba las monarquías europeas contrarias al proceso liberador de las colonias. No ha existido en su propio ámbito un centro de poder con capacidad de polarizar la integración, como lo fue Prusia en el caso de Alemania, del espacio ocupado por los pueblos iberoamericanos. Colombia la grande – la construcción política liderada por Bolívar – tuvo poca permanencia, entre otras cosas, por la injerencia del Imperio Británico en su disolución. Por ello, el polo integrador ha sido históricamente externo, y dadas las diferencias etnoculturales, su papel no ha sido estimular la fusión sino forzarla, con la correspondiente resistencia. De allí que este hecho histórico que hoy comentamos es el producto de los intentos de Washington de forzar la integración en el ALCA, con la consiguiente perturbación en las estructuras de los pueblos iberoamericanos del continente, que amenaza su propia seguridad. Y ese proceso de integración de la CONSA será tanto o más acelerado, en la medida en la cual las presiones norteamericanas sean mayores. De allí que el camino sea largo, por el incremento del uso del poder angloamericano para mantener sus intereses geopolíticos en la regió


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Alberto Müller Rojas


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