Alquimia Política

Ana Teresa Torres y la heroización de la República

En 1991, en los entretelones de la I Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, en la ciudad de Mérida-Venezuela,  la cual ganó un personaje que el día en que se iba a dar el veredicto apareció en El diario de Caracas, agradeciendo por haber sido el ganador (les advierto que el veredicto se iba a dar en la noche y la nota salió en el día, es decir, ya se sabia el ganador y desde Caracas: ¿hubo o no algo extraño?); conocí al para entonces célebre intelectual elegante Manuel Caballero, entro otros. Al personaje en cuestión me le acerqué para que me firmara uno de sus libros (que con mucho sacrificio había comprado) y le entregué una copia de lo que a futuro sería uno de mis libros de ensayo. El intelectual Manuel Caballero, me miró de abajo arriba y con una sonrisa burlona me dijo que lo leería; retirándose saludó a Oswaldo Trejo, que si era más accesible, y al preguntarle Trejo: “¿con quién hablas?”; contesta Caballero: “con uno de esos necios que se creen escritor…” Ese es el Manuel Caballero que recuerdo y la última vez que lo vi, de lejos, hace razón de cinco años, mantenía su sonrisa burlona y ese espíritu de intelectual sobrado que tanto daño le ha hecho a la historia y a la academia

A todas estas, me refiero a Manuel Caballero, así como puedo referirme a Diego Bautista Urbaneja o a Elías Pino Iturrieta, porque forman parte de la bibliografía esencial que dio cuerpo al texto de ensayo de Ana Teresa Torres “La herencia de la Tribu” (Caracas, Ediciones Alfa, 2009, 287 págs.). El libro nace con la intención de delinear una historia entre el pasado y el presente, significando que todo parte de la concepción de héroes que se le dio a los próceres de la independencia y al calificativo de mito que ésta adquirió con el tiempo y que ha marcado el cuadro de valores pintorescos que hoy retrata la Revolución Bolivariana. No se critica que la autora haya tomado referencias con tan poca sensibilidad social para entender las transformaciones que el pueblo y su proceso de cambio significan para el país y para Latinoamérica; es válido valerse de esta óptica, lo que si hizo falta fue involucrar un pensamiento de avanzada, que existe, el cual retrate las verdaderas intenciones que detrás de cada evento histórico hubo a la hora de alcanzar el poder. En este sentido, el estudio de Torres no es equilibrado, y si un calificativo general pudiese dársele, es que pertenece a ese tipo de estudios que hay que leer entre líneas para apartar la carga ideológica que hace que se aprecie como un discurso crítico posicional y no un discurso crítico reflexivo. Aquel, es manipulado y subjetivo; éste es interpretativo y categórico. 

Ana Teresa Torres comienza su ensayo describiendo el sentido de los héroes; los identifican como el germen espiritual que perviven en el imaginario del pueblo: “los héroes venezolanos no descansan en el Panteón Nacional; por lo contrario, andan sueltos. Saltan de sus lienzos y aterrizan en el asfalto, sortean los automóviles, se introducen en Internet, protagonizan la prensa y la televisión, y nos amenazan con su omnipresencia. Todo indica que son muchos, quizás millones. No moriremos  -parecen decir-. No importa lo que hagan para desaparecernos, ni cuánto haya corrido el tiempo; resistiremos…” (pp. 11-12) Desde esta idea la autora avanza simplificando el proceso político venezolano, no sin antes hacer ver, entre líneas, que Bolívar era un plebeyo, que la postura del Libertador y el grupo de patriotas que lucharon por nuestra libertad, lo hicieron ante la realidad de no tener otro camino, puesto que el declive del Imperio Español venía desde sus raíces y no precisamente en el contexto de la América que aún no tenía conciencia acerca de qué caminos recorrer. En este pequeño aspecto (¡ni tan pequeño!) no estoy de acuerdo, pienso que sí hubo una conciencia clara y que no por casualidad, desde Miranda hasta la hazaña de Carabobo, el moviendo independentista asumió un carácter de interrelación con los valores autóctonos del suelo americano. 

En otro aparte, la autora se refiere a la libertad como el valor máximo; expone que las ilusiones propuestas “…en 1810 no se cumplieron, los valores civiles a que se aspiraba se disolvían en la frustración y el desánimo, la soledad histórica y la indefensión (ideas que toma de Graciela Soriano de García Pelayo). La disolución de los valores de la civilidad, que, en última instancia, constituían la aspiración republicana, deja como saldo único los valores de guerra…” (p. 23) Pero esa concepción de libertad no estaba nada clara. Para Bolívar significaba la “gloria y reunificación”; para los criollos terratenientes, el libre comercio, la apertura de un mercado naciente que les hiciera aumentar sus capitales; para las castas y clases dominadas, alcanzar la autonomía y la igualdad (p.24). Como puede apreciarse, las diferencias no sólo estaban entre los criollos y el Imperio Español, sino entre los propios criollos y en la forma cómo ellos veían el proceso de independencia. Sin duda, estas posturas rinden un buen espacio para repensar los caminos andados y los del porvenir. 

El resto del libro aborda uno que otro aspecto histórico trascendental en la vida republicana venezolana, claro está, persiste los puntos de vista de referentes bibliográficos y testimoniales, cuya credibilidad ha estado sujeta a cuestionamientos serios (por nombrar una perla, los testimonios de Pablo Medina en razón de los fundamentos que dieron cuerpo al grupo de militares alzados en el 92), por la actuación de estos autores e informantes claves, en conspiraciones golpistas.  

El texto de Ana Teresa Torres tiene una prosa elegante y suave; que permite leer sin aburrimiento y siempre conducidos por el hilo de una historia que uno piensa tendrá un final apasionante. El problema de la obra es su sesgo político; hay una clara postura ideológica que tinta las imágenes bajo el lente cuestionador, reduccionista de la duda razonable. Es quizás la inmensa viga que nos obstaculiza ver la realidad en el escrito, pero si leemos el texto con criterio, y entendidos de esta realidad, de seguro podemos sacarle provecho a alguno que otro de sus párrafos, porque el buen lector no puede tener prejuicios, a pesar que desde aquella experiencia con Manuel Caballero, nunca más me he atrevido a leerlo porque temo terminar convertido, como él, en un intelectual elegante. 
 

ramonazocar@yahoo.com.ve



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Ramón E. Azócar (*)

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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