La inseguridad en Venezuela

Este artículo fue publicado en Aporrea el 30/04/06, pero lo presento hoy en pro de la salud mental colectiva, amenazada por la obsesión necrofílica de los medios de oposición. Quiero citar aquí como ejemplo al calumnista (sic) Rafael del Naranco y sus cifras sobre inseguridad, en un artículo de odio contra Andrés Izarra.

Descartemos los insultos contra Izarra y los tres colegas que entrevistaron a Fidel, pero notemos que del Naranco dice que viajaron en “avión privado” cuando era un vuelo regular de pacientes que van a recibir atención médica gratuita en Cuba, como explicó y probó Mario Silva pasaje en mano.

Del Naranco dice que en 2009 hubo 16.076 homicidios en Venezuela. Dividimos esa cifra entre 12 y tenemos1337 mensuales. Luego añade que en “hasta el mes junio habían sido asesinadas más de 5.000 personas en todo el territorio nacional”. De Enero a Junio son 6 meses y al dividir 5.000 entre 6 nos da 833. Si el año pasado hubo 1337 homicidios mensuales y este año sólo 833, las cifras están bajando. La inseguridad cede y no se puede negar ni con la “paranoia crítica” de Salvador Dalí.

Y ahora, lo escrito en 2006 sobre el origen de la inseguridad en Venezuela:

“El matrimonio puntofijista entre los gobiernos democráticos anticomunistas que garantizaban los derechos del individuo sobre la mayoría, y a la empresa privada “la única que produce empleo y verdadera riqueza”, duró 50 años. Una Venezuela agraria abandonada se volvió un país urbano desastroso, que salió de la pobreza para llegar a la miseria. El colesterol petrolero obstruyó las arterias de la nueva rica clase dirigente, le taponó el cerebro, la vista y el oído, no la dejó ver los campos llenos de ausencia, ciudades llenas de barrios y los barrios llenos de pobres. No la dejó entender que es casi imposible acumular capital sin injusticia, y que la riqueza injusta produce al delincuente.

Al principio los perros pastores ovejeros controlaban a los lobos, era suficiente una policía ineficiente Los ricos y su prensa comentaban con divertida benevolencia los primeros pasos de los famosos de la mala vida, los traspiés de un “Petróleo Crudo”, los tropezones del Inquieto Anacobero, el tap del nunca bien ponderado artista y atracador Alfredo Alvarado, El Rey del Joropo.

DE MALOS A MALVADOS

Chávez todavía era un desconocido suboficial que buscaba por el llano las huellas de Bolívar y Maisanta, y ya teníamos tanto hierro en las rejas de Caracas, me decía un taxista en los 80, “como para pagar la deuda externa”. Y como la explosión demográfica todo lo salpica: nuestras escuelas y liceos se volvieron, según la UNESCO, las penúltimas del mundo; nuestras universidades las últimas, y la educación entera, declaraba entonces el Ministro del ramo, “una estafa”.

La violencia policial inspirada en Betancourt, el Presidente que mató más gente (“disparen primero y averigüen después”) pasó del tortol a la picana eléctrica (“el cable pelado entre los dientes, en el ano o la vagina” enseñaba Dan Mitrione del USAID), porque sólo estaba permitido ser ladrón o asesino cuando se era funcionario o Presidente. Para los demás la muerte, o la cárcel que por más larga, a veces es más fuerte.

La gente decente, a robarse los reales de PDVSA, FOGADE o el tesoro de los bancos, descarada e impunemente. Los niños cada vez más flacos, los hospitales en el suelo. Vino el viernes negro y la inflación se llevó la última esperanza.

Los jóvenes delincuentes se tornaron criminales, con el “para morir nacimos” y se calzaron los zapatos de la muerte. En el barrio la negra fama de asesino era mejor que la infamia de morir callado. La lucha de clases, que no siempre existe como la imaginamos, transformó la humillación en odio: “no sólo es tu dinero, sino tu sonrisa, tu vida, y tu alegría lo que quiero”. La crueldad, la saña, la inexplicable y obscena violencia del malandro, su única manera de ser superior a la vulgaridad profesional del policía. Los pobres, la mayoría de la población, fueron declarados sospechosos y carne de redada.

TODOS ARMADOS CONTRA TODOS

La solución, dijo el Estado, era que los ricos se armaran para defenderse de los pobres. Por primera vez funcionó IPOSTEL: uno compraba el arma, enviaba los formularios y “el porte” le llegaba por correo. Medio millón de civiles ingresaron al gran polígono Venezuela, agujereando señales de tránsito para indicar hacia donde nos llevaba la Venezuela Saudita, mientras la televisión enlatada enseñaba a los niños la efectividad de la violencia. Los “analistas” explicaban que tener que defenderse era el precio inevitable del éxito en la vida. El mundo era así y no había remedio. Pero entonces llegó Chávez…y tuvo la culpa de todo.


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Eduardo Rothe


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