Socialismo con tetas

El camarada José Sant Roz con acertada visión aborda el problema de la “belleza plástica” de nuestro país. Verdaderamente el culto a la apariencia física en Venezuela es una cuestión obsesiva y en la lucha gramsciana entre una vieja conciencia ya caduca y otra nueva que emerge, los implantes van ganando.

40 años de belleza venezolana

Desde que se corriera la especie que el dictador Marcos Pérez Jiménez se paseó desnudo en una motoneta Vespa con y Susana Dujim de parrillera en cueros, la industria ideológica nacional comenzó a fraguar la premisa que el camino más corto al poder es estar buena.

Venevisión y Radio Caracas Televisión iniciaron el masaje profundo en la conciencia femenina nacional, las yemas de sus dedos en un movimiento envolvente generaron un nuevo proceso sináptico-cultural, que dio como resultado a “Venezuela el país de la belleza”. Año tras año, certamen tras certamen, desfilan frente a las pantallas de televisión un mar de culos, tetas, dientes, pelos esponjados, acompañados de típico saludo de bracito alzado, como si se tratase de un limpia parabrisa, que borra de nuestra conciencia todo criticismo, para dejarnos ver al final de sus piernas el triángulo alargado de sus pubis.

A partir de los años 50, Venezuela empezó a abandonar su aire campuruso y empezó gradualmente a acortar sus faldas, a tirar las sillas de paleta y tinajeros y a trocarlos por muebles daneses. Empezó la época del “AVON LLAMA”, donde una espigada mujer con aspecto gringo tocaba las puertas de las casas llevando consigo productos de belleza. Los italianos inmigrantes, abandonaron sus pintas de “TERRONES” y se disfrazaron de “INGENIERI CONTRUTORE”, para con sus destrezas de maestros de obra, fabricar las urbanizaciones del este caraqueño. Las muchachas dejaron los velos de las misas y asistían diariamente al templo de las telenovelas, con toda la inmundicia que les tatuaron en la mente, a una abrumadora mayoría.

Los camisones de franela se volvieron transparentes “BABY DOLLS”. Los trajes de baño enteros, que tenían como una cortinita al frente para tapar “aquello”, son hoy las despampanantes tangas, que nos convencen con la desnudez que el hilo es mental.

Helene Curtis y el rinse con peines calientes y pastas sulfurosas que les quemaban hasta las verijas, sirvieron para afincar un “endorrasismo de pelo malo”. Así que de los adminículos de tela, de los postizos, se fue pasando a la “intervención de la carne”.

Paulatinamente el país de la belleza televisiva fue convenciendo a multitudes de féminas de ser ellas también parte del elenco estelar de las telenovelas y desde Peggy Kop, Marina Baura, pasando por las divas de los 70. 80 y 90, hasta llegar a las inefables de hoy, el interés por los culebrones no abandona los ojos de nuestras mujeres, hermanas, amigas y allegadas, que se conocen cada uno de los argumentos y los nombres de los personajes de cada una de las telenovelas, que se transmiten por cada uno de los canales que arroja esa carroña hacia cientos de miles de hogares nacionales.

De los atributos pasivos y activos

Hace varias décadas, las que eran bonitas lo eran por bondad natural y si es verdad que la naturaleza no es sabia, porque les da a unas lo que le falta a otras, en lugar de repartir las divinidades equitativamente, para deleite y goce estético de nosotros los hombres a quienes nos gustan las mujeres, siempre hay una compensación. A través de observaciones y experiencias antiguas, se sabe que las que tienen nalgas enjutas poseen opíparas mamarias, porque el cuerpo femenino acumula reservas y aquellas que no poseen ni una cosa ni otra, entonces tiene los ojos bonitos. Pero esos son solo atributos pasivos, esas muchachas no hicieron ningún esfuerzo para que eso esté allí donde está, sin embargo en nuestro país esos atributos GENÉTICAMENTE FORTUITOS (si cabe la expresión) son celebrados como si la muchacha hubiese hecho un concienzudo esfuerzo para tenerlas paradas, por ejemplo…

En el caso de los atributos activos -los más difíciles- los que tienen que ver con la configuración moral, el desarrollo intelectual, la sensibilidad humana y la identificación con modelos sociales avanzados, la ecología, el pacifismo, la integridad de conciencia, etc., en nuestro país eso sencillamente y por obra y gracia de la cultura estética secularizada por los medios, puede ser borrado con una simple frase “Pero no está buena”.

La intervención de la carne – Sin tetas no hay paraíso

El pana Saint Roz dice una gran verdad: “El negocio del salvaje neoliberalismo ha conseguido que la belleza natural se convierta en una abstracción de la belleza que se exporta desde Hollywood y que nos llega a través de la televisión y las películas. Entonces vemos proliferar mujeres que tratan de suscitar una superioridad subjetiva, como las de esas actrices esbeltas, rubias, de blond hair que parecieran que queman con sus carnes y con sus miradas.”

Y sobre esto último de las blonds hairs, catiras para decirlo así no más, les invito al metro, tómense un valium y arranquen a ver negras pintadas de amarillo ¡con ojos azules! de plástico, pero azules… ¿No saben ellas que con esa vaina niegan hasta a las madres que las parió y a los hijos que ellas mismas trajeron al mundo?

Mientras el país se lleva en los cachos hasta a las grandes potencias en materia de inversión en salud, las malditas clínicas privadas se atarugan de dólares a costillas de las pendejas que dejan una dinerada en billetes para rellenarse los pechos con unas bolsas de vinil de solución salina o silicón. La duración de los implantes es limitada y algún día deberán ser suplantados ¿Y qué pasa si la mujer no tiene entonces dinero para ponérselas nuevas, espera el cáncer? ¿Y qué pasa si en un accidente de tránsito se le explota un implante y no tiene dinero para sustituirlo? ¿Es que acaso para las ilusas no existe el mañana? La respuesta que dan es la siguiente: “Hay vale, no te compliques la vida , ya veré, no voy a atormentarme la existencia con eso…

En estos 11 años de proceso revolucionario un importante sector de la población ha avanzado en cuanto a estos problemas; la mujer cada día se compromete más y más en las luchas por alcanzar los derechos que desde siempre les fueron escamoteados. Las vemos en los consejos comunales, en las fábricas socialistas, en la Asamblea Nacional, gobernaciones, alcaldías, mesas técnicas, ministerios y en la Fuerza Armada. Ellas reivindican a las tantas otras que, inconscientes, se niegan al proceso de cambios, que hará mañana más libres a sus hijas y nietas. Eso es verdad, pero también es verdad que aquí, en esta República Bolivariana un ministro intentó poner como imagen de la mujer venezolana a una frívola modelo que en Miami maldecía al presidente y que por ejemplo el papel de Miranda lo interpretó un actorzuelo al que todo el país vio en una película porno junto a “otra genuina representante de la belleza venezolana”.

Eso no debe seguir ocurriendo, como las chicas de protocolo de las instituciones del Estado Bolivariano, que parecen salidas de una telenovela colombiana y que parecen mudas acompañantes de algunos ministros -mudas porque sus cuerpos e implantes, lo dicen todo…

Ojalá a nuestras camaradas socialistas que sí están claras, se les sumen más mujeres con una nueva visión de si mismas y que finalmente desaparezcan “esas pendejadas”.

elmacaurelio@yahoo.es



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El Macaurelio

Periodista, Politólogo, poeta, escritor, humorista y ensayista. Columnista en varios medios, digitales e impresos.

 elmacaurelio@yahoo.es

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