La inutilidad de la "acción revolucionaria"

Quizás para cuando se publiquen estas notas, ya lo “inaudito” del derribo de la estatua de Cristóbal Colón se haya diluido en el olvido. Aunque estuve decidido a no referirme a este “espinoso” asunto, lo escrito por Mercedes Chacín al respecto me impulsó, finalmente, a hacerlo, ya que comparto su punto de vista. Pero, también me motivó el hecho de comprobar cómo algunos compatriotas de la revolución comienzan a parecerse, sin quererlo, supongo, a las huestes fascistas que hicieran estragos en Europa a comienzos del siglo XX.

Algo que no comparto es que se haya hecho juicio a un momento de la historia del cual somos producto, nos guste o no. Lo tragicómico fue ver a personas que, movidos por un sincero deseo reivindicativo por nuestros aborígenes, olvidaran que el idioma, la fe religiosa, la forma de vestir, el mismo juicio que propiciaron, etc., provienen allende los mares. Esto me recuerda mucho lo que hicieran los primeros patriotas de la América nuestra que, para justificar las acciones revolucionarias contra la metrópolis hispana, acusaron a sus ancestros europeos de genocidio y comenzaron a usar símbolos propios de los indígenas americanos.

La cosa no tendría mucha importancia si, tras ello, no vislumbrara la posibilidad de que seamos víctimas de una intolerancia que nos equipare a nuestros enemigos históricos. No podemos permitir que, bajo el ropaje de la defensa de lo autóctono y de la revolución, echemos leña al fuego e iniciemos una Santa Inquisición, donde cualquier opinión o gesto que contradiga lo que se hace sea interpretado como algo contrario al proceso bolivariano. No debemos ser tan elementales.

Lo mismo ocurre cuando se les exige a quienes participan en las Misiones Robinson, Ribas o Sucre, por mencionar algunas, para que usen una prenda de vestir de color rojo, argumentando que ése es el color de la revolución. No sé hasta qué punto sea ésta una exigencia oficial, pero lo que me preocupa es que se propicie una uniformidad y no, al contrario, una diversidad. La revolución tiene como principal propósito devolverle a la persona su condición humana, no coartarla, no importa el argumento que sea esgrimido para, supuestamente, preservarla de sus enemigos.

Ahora mismo, el Presidente Chávez ha hecho serios señalamientos en contra de las trabas que impiden el avance seguro del proceso bolivariano. Incluso, para escándalo de algunos dirigentes nacionales y locales, afirmó que los mayores enemigos están dentro de las filas revolucionarias, lo cual es compartido por las masas, víctimas como son de la indiferencia de los burócratas y de los gobernantes, al viejo estilo adeco-copeyano. No puede, por tanto, desviarse la atención de lo que debiera hacerse respecto a la profundización del proceso revolucionario, instaurando una especie de control que, lejos de ayudar, pervertiría la esencia de éste y daría justificadas razones a la reacción.

Quien piense que este argumento es conservador y lo que se impone es una política de tierra arrasada, no debe olvidar que este proceso revolucionario no corresponde, por completo, a ninguna de las características conocidas de procesos revolucionarios anteriores. Entre éstas, hay que tomar en cuenta que no todos los seguidores de Chávez responden a una misma ideología, ya que ella no existe, salvo en algunos militantes de izquierda. Tal circunstancia debiera motivarnos a no exacerbarnos con algunas situaciones como las del derribo de la estatua de Colón porque causarían más confusión que adhesión, por muy justa que sea la causa de nuestra ira.

No seamos tan extremistas que podamos orillarnos o parecernos a nuestros enemigos. De nada valió que Pol-Pot, en Camboya, haya conducido un proceso revolucionario que quiso eliminar radicalmente la personalidad aburguesada, alienada y consumista de sus compatriotas, si tuvo que cometer un genocidio contra su propio pueblo. Aunque la comparación es superlativa, no deja de inquietarme que haya “revolucionarios” que, prácticamente, repetirían los mismos esquemas de adoctrinamiento, alegando que debe defenderse el proceso.

Para contrarrestar esta tendencia, es necesario que se abra un debate serio en torno a la ideología que debe sustentar la revolución bolivariana, ya que no sólo se trata de mantener el poder por mantenerlo, copando todas las gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos, etc.; sino de hacer posible -cuanto antes- la transferencia efectiva del poder al pueblo sin que ello signifique darle rienda suelta al caos que siempre nos atribuyen los reformistas y los enemigos de la revolución.-

*Candidato a Diputado del CLR-Portuguesa por el Movimiento por la Democracia (MDD) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV).


Homar Garcés,
mandingacaribe77@yahoo.com.mx
¡¡ rebelde y revolucionario por siempre !!






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Homar Garcés*


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