Nuestro firme propósito es ser un furibundo defensor del establishment yanqui

Mi más irresistible emoción es sentirme y comportarme como ciudadano estadounidense

Me siento triste, traumático, envenenado, flatulento, por haber nacido en este país que, no lo palpo en lo más íntimo como parte de mí y en particular porque no me auscultaron, ni me preguntaron, dónde quería nacer antes de traerme a este rincón del mundo.

Por eso nací amargado, desorientado, turulato, por no consultarme aún siendo feto que mi respuesta hubiera sido: americano estadounidense y hoy no flotaría como escuálido, padeciendo esta insípida pesadilla, que me acoquina el alma y me alborota los nervios cuando Chávez nos llama pitiyanqui. ¡Ese zambo llanero, me fastidia a toda hora!

Quiero y es mi deseo, envolverme por completo en mi anhelo natural de pertenecer a esa gran nación americana como un ciudadano de primera con estirpe yanqui originario de visa y maletín ejecutivo tipo Guido Antonini Wilson, individuo que admiro y envidio por su indomable valentía en el norte. ¡Qué hombre!

Sueño todos los días con representar al establishment gringo y de acogerme a su ondulante bandera de múltiples estrellas –donde algún día se incluya a Venezuela- y de bañarme desnudo en Las Cataratas del Niágara y después masturbar mi gusto con un hot dog atrincherado de sabor ambivalente. O estar con un fusil en Afganistán o en Bagdad defendiendo el patrimonio y el orden mundial de mi amada potencia, tal su status democrático.

Desde mi venida a esta tierra de peregrinos desenlaces y cantos de ballenas maracuchas, he vivido atormentado como un vil gregario en el este de Caracas. Embalsamado como momia a un presente incierto, pero mi corazón al igual que los demás órganos de mi cuerpo, lubrican mi cerebro con su fuerza motriz de esperanza, para que, mi porvenir se recreé de satisfacción cuando posea las comodidades de un feliz American Romantic, por ser fiel cliente comensal de productos McDonalds y asiduo visitante a la embajada de EE UU.

My father, siempre me ha apoyado y guiado para que yo logre mi virginal propósito y su orientación ha sido mi carta aval, tal es el caso que, cuando solo tenía 6 años, me llevaba a los parques caraqueños y me hacía retratar montado sobre un caballo de madera con un sombrerito y dos pistolas de juguete al cincho, tipo cowboy, yo me derretía de alegría felicísimo, disfrutando de lo bello del momento, mientras que, los otros niños tragaban helados o golosinas. Todas esas fotos, las tengo de guardián compañía en mi habitación, con todos los prohombres que han sido presidentes de EE UU y al que más amo y adoro es a W. Bush. Ellos me dan la voluntad de existir y aspirar a compartir su nacionalidad y su sistema.

Lo mío no es enfermizo, ni es cobardía ni fanatismo, sino amor per se, por ese país de mis encantos, como quien dice, un frenesí vivencial dentro de mi placebo habitual existencial que me corroe íntegro como a un metal y extrapola mis sentimientos. Hace meses, asistí disfrazado de gringo old a una manifestación en Chacaíto, tal como lo hago de diferentes formas en las fiestas de Halloween para vibrar extasiado de mil maneras y expresar mi infinita devoción por los demonios que nos socorran. Y ese día en particular, un malandrín quinta república, al verme me llamó coprófago proyanqui. Me quedó un mal sabor en la boca de algo desagradable, pero aún así, seguiré firme con mis ideales republicanos, flotando en el sueño americano y, algún día vendré uniformado de oficial en la cuarta flota con los marines, a reconquistar a esta porquería de nación tercermundista.

Todos los días pincho Internet desde mi casa para meterme en facebook a intimidar con cuanta norteamericana me dé su comprensión en english, porque detesto lo triste y aburrido del spanish language, y en ese navegar constante de felicidad se me va la vida con mis ilusiones congeladas, y así recreo mis manías por horas con sus minutos, logrando captar muchas amistades y novias que no mas llegar allá me caso, no importa que mida lo que mida, ni que sea fea y pecosa, pero never, never iberoamericana.

Mis padres no me dieron el complemento de los ojos azules para traslucir mi emporio trasnacional de norteamericano, como hubiera sido mi grande deseo, pero años después, los tengo a lo Paúl Newman por lentes de contacto.

Todos los vellos de mi cuerpo lucen rubios brillantes de tanto echarle galones de amoniaco con agua oxigenada. Soy lo que se dice un gringo espectacular servil como aspirante a mi nuevo gentilicio.

He visitado Norteamérica más de 36 veces, como mínimo tres al año, todo lo que tengo es de ellos, es decir, lo que visto y calzo como mis gorras Von Dutch, mis playeras Tommy Hilfiger, mis botas de piel Timberland, mis pantalones Súper Jeans, mis sweaters Armani, mis interiores Calvin Klein y por supuesto mis lentes American Eagle. Conozco los Estados más importantes de USA. Todavía no he fijado la ciudad de mi residencia por contradicciones del savoir-vivre. Miami es mi dolor de cabeza, sus calles son el zigzag de mi imaginación, me las conozco al ras, sé donde se reúnen los venezolanos que huyen del país y sé donde están sus esparcidos burdeles, los que me gustan más que los del este de Caracas. Siempre que los visito como bohemio: desayuno, almuerzo y ceno, incluido el castigo de la sobremesa con una hermosa rubia. Las cubanas no me excitan y las comparo con un melado fermentado agridulce. Miki es mi pasatiempo favorito cuando voy a Disney, su rapidez corporal me motiva y lo tomo como mi amigo juguetón que me hace reír y olvidar hasta mis sueños relámpagos.

Dicen los medios de comunicación del Estado venezolano que EE UU está en la más espantosa crisis económica, quien les cree eso. Ese gobierno tiene dólares hasta en la luna, y ya el Congreso aprobó por iniciativa del presidente Bush, los 700 mil millones de dólares que se necesitaban para sanear los vaivenes de la economía mundial, duplicándose como una peca más en un pecoso. Para eso tenemos nuestra pléyade de héroes supranacionales, que, cuando se les ordene actuar no habrá mal que nos destruya, ni intruso que nos sofoque que para eso fueron creados: Supermán, El Hombre Invisible, La Mujer Maravilla, El Hombre Araña, Los Pica Piedra, el inestable Robín de Batman.

Ustedes no atinan en imaginar la sucesión las hectáreas de oro que puede trasladar Supermán en minutos de cualquier parte del planeta tierra o del espacio intergaláctico a las arcas americanas, lo que pasa es que está de guardia en vigilia permanente de los rusos y todavía sigue en misión por unos años más, pero si necesitáramos auxilio, tenemos cerquita al Chapulín Colorado. México nos lo prestaría. Aunque sea necesario tumbar el muro que le construimos para que no nos siguieran invadiendo ellos y los centroamericanos. Al hombre mono no lo incluyo, porque él está bien ocupado en África, cazando y matando animales, y, por lo que se sabe, ha perdido el color de la piel de tanto asolearse.

Les cuento mi dilema procesal entre nos: Milité en Primero Justicia cuando estudiaba secundaria y, al correr de los años que los fui conociendo a todos ellos, me decepcioné de sus terquedades, de sus debilidades. No tienen guáramo para pensar y actuar. Dígame Julio Borges, un malaje, desaliñado, príncipe de las tinieblas enlatadas. A ese tipo hay que llevarlo a la playa y meterlo por tres días en el agua sin sacarlo y al cuarto día, guindarlo de un cable eléctrico a coger sol, a ver si después los electrólitos le funcionan, porque hoy dice una vaina y mañana dice otra, contradiciéndose. Y dígame de los artículos que escribe: “Que si yo fuera Chávez”, …, y hay medios que le dan espacio a ese vasallo de la ignorancia. Ese es el individuo más estúpido que he conocido en nuestras filas, es lo que se llama un payaso marciano. Ese será un pitiyanqui ensamblado en Punta Brava, pero jamás a la n-ésima potencia, ni un neoyanqui como yo, que, amo con todo mi corazón y las neuronas de mi súper inteligencia, a mis hermanos gringos, que en cuanto tenga la visa de residente: adiós luz que te apagaste Venezuela.

Cuando mi papá pasó a formar parte del movimiento 2D, en una de nuestras conversaciones después de revisar la lista de sus integrantes, me atreví y así se lo hice saber, que ese era, como un movimiento de putas viejas que a la vuelta de la esquina ya nadie les calienta las orejas y, que ellos serían más útiles al país cuidando los niños de los golpistas y de los militares reaccionarios o jugando a la candelita. Quizás así, llegarían lejos, porque sus mejores tiempos quedaron en la gaceta del olvido y el olvido son los sueños que nunca se tuvieron y mi viejo como buen entendedor se fue de viaje a gozar.


Yo me acuesto y me levanto cantando mis canciones predilectas in english.

¡Yo seré yanqui hasta que la muerte me honre!

¡Yo y solamente yo, gringo, un hijo más del Tío Sam!

Take it easy my friend.

Esteban Rojas
estebanrr2008@hotmail.com


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