El anarquismo y el ataque imperialista

La hostilidad del imperio, de su agente colombiano y de la "quinta columna" nacional, hacia Venezuela y su Gobierno, tiene como objetivo político la creación de un caos social que justifique una intervención externa o una acción militar interna. Es la praxis usada por Washington no sólo en su política hemisférica, sino en la internacional, a escala planetaria. De hecho, es una práctica ancestral, usada por los imperios en un intento de mantener sus dominios. Y en ella, el instrumento táctico más eficaz para lograr este propósito han sido los sectores internos, con sus intereses privados, contrarios al interés general. Pero, no menos efectivos que estos, han sido los grupos anárquicos que no admiten otra realidad que la presente en sus calenturientas cabezas.

Creyéndose, en un despliegue de la enfermedad infantil del izquierdismo, la avanzada de la humanidad en la búsqueda de la libertad y en la defensa de una revolución que no entienden como proceso político, recurren a una violencia irracional entrópica. Y así se vuelven cómplices de la desestabilización de los pueblos que buscan su independencia y soberanía.

Y estos grupos no faltan en nuestra realidad. No solamente realizan acciones desordenadas, cargadas de violencia, apócrifamente para enfrentar a los enemigos del pueblo y, en nuestro caso, de su líder. También la emprenden, con ataques verbales descalificadores, contra los cuadros organizados que adelantan los procesos de cambio. No tienen otra visión que la del aquí y ahora. Desconocen la historia y la sociología, que explican la conducta de los hombres en el tiempo y en cada momento.

Son seres primitivos y así lo muestran con su apariencia grotesca que exagera la sencilla del ser humano común. Y su rudimentarismo les impide percibir el papel de "tontos útiles" que desempeñan a favor de los contrarrevolucionarios. Son incapaces de actuar constituidamente. No les llaman la atención los espacios comunicativos que les ofrecen los medios que sirven a los intereses imperiales. Los usan para desprestigiar groseramente a quienes de manera consistente y sistemática desarrollan una estrategia para contrarrestar, desde la vulnerabilidad del contestatario auténtico, la del adversario poderoso. Pretenden enfrentar la racionalidad del enemigo con la irracionalidad del reptil arrinconado.

Estos seguidores, inconscientes, de Mijail Bakunin, quien impulsó los métodos violentos para sustituir la forma de organización social, son en la realidad enemigos de la revolución. Como Marx explicó, "los anarquistas ponen las cosas patas arriba, declaran que la revolución proletaria debe comenzar por abolir la organización política del Estado. Pero la única organización existente que el proletariado encuentra después de su victoria es posiblemente el Estado... Destruirlo en tales momentos significaría destruir el único organismo por el cual el proletariado puede hacer valer su poder...". Y finaliza diciendo que, sin ese poder, "toda victoria terminaría indefectiblemente en una derrota, semejante a la de la Comuna de París". Y añadiríamos la de Allende en Chile.

Alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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