El Papa Ratzinger sabe lo que hace y lo que dice

Nosotros en Latinoamérica todavía no conocemos aún quién es el personaje que está sentado en el llamado trono de san Pedro, el sucesor de Cristo, que nunca fue rey y que tampoco se propuso establecer un estado teocrático. Estábamos acostumbrados a tratar con Juan Pablo II, quien si bien no era una lumbrera intelectual, era en cambio un hombre que se formó en la iglesia como pastor, en contacto directo con los feligreses. En cambio, Benedicto XVI desarrolló su ministerio en seminarios, academias, universidades y sobretodo en el mundillo de zancadillas y ambiciones que es la Curia pontificia romana (1) 

Ratzinger es, se diría, un hombre culto, que maneja el derecho canónico, que interpreta a teólogos, que sabe de asuntos administrativos, en fin, un hombre ducho en los asuntos del estado de la Ciudad del Vaticano. Como profesor, está acostumbrado a “preparar” sus clases (intervenciones) y es difícil que deje algo al azar, a la improvisación.  

A raíz de su viaje a Brasil --que algunos exagerados llaman a Latinoamérica--, papa Ratzinger despertó una serie de polémicas por sus cuidadosos dichos, en los cuales justificaba el genocidio contra nuestros aborígenes y se hacía la vista gorda ante las matanzas cometidas por los bárbaros conquistadores, quienes se cuidaron siempre de obrar en nombre de Dios. 

Pero no es la primera vez que papa Ratzinger desata polémicas, pues el 12-09-2006 en la Universidad de Ratisbona (Alemania), donde y citando un diálogo entre el emperador Manuel II Paleólogo y un caballero de origen persa, a quien siempre califican de culto, manifestó lo siguiente:

    En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…».

    La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios.” (2) 

La parte mas citada del fragmento anterior es cuando dice «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». Esta referencia es directa a la llamada «yihad» (guerra santa, y que según algunos intérpretes del Corán, era el medio idóneo que encontraron, los árabes, primero, de convertir a la fé, a los “infieles”. Por supuesto que estas afirmaciones de Benedicto XVI desataron la ira de los creyentes musulmanes en el mundo entero, polémica que liquidó afirmando tímidamente que “había sido malinterpretado”. Bueno, está bien. Está perdonado y asunto acabado. Pero eso es sólo en lo que se refiere al Islam, porque en esta misma cita se refiere a un tema muy interesante, y es el relativo a la imposición de la fé a través de la violencia.  

En efecto, las atrocidades que se cometieron en nombre de Cristo, cuidadosamente borradas de la mentes de nuestros hermanos durante siglos y justificadas por muchos, no es un hecho que haya sido destacado sólo a partir de la visita de papa Ratzinger a Brasil. El Libertador Simón Bolívar, en la “Carta de Jamaica”, escribió:

    «Tres siglos ha —dice usted— que empezaron las barbaridades que los españoles cometieron en el grande hemisferio de Colón». Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades. El filantrópico obispo de Chiapas, el apóstol de la América, Las Casas, ha dejado a la posteridad una breve relación de ellas, extractada de las sumarias que siguieron en Sevilla a los conquistadores, con el testimonio de cuantas personas respetables había entonces en el Nuevo Mundo, y con los procesos mismos que los tiranos se hicieron entre sí: como consta por los más sublimes historiadores de aquel tiempo. Todos los imparciales han hecho justicia al celo, verdad y virtudes de aquel amigo de la humanidad, que con tanto fervor y firmeza denunció ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario. 

¿Qué fue lo que entonces aplicaron los salvajes conquistadores en América sino la versión más bárbara de una Guerra Santa? El descubrimiento de América es un hecho económico, quienes aquí llegaron tenían en mente saciarse con las riquezas materiales de nuestros pueblos y la mejor manera de lograrlo fue con la penetración ideológica brindada en bandeja de plata por la iglesia católica. Para ello era preciso destruir primero las riquezas espirituales de nuestros aborígenes y este cometido se logró imponiéndoles a sangre y fuego una religión totalmente ajena a sus costumbres y que les permitió adormecerlos durante siglos. Aquellos aborígenes que no pudieron ser “evangelizados” fueron hechos desaparecer totalmente como en las islas de Cuba, La Española (Haití y República Dominicana) y Borinquen (Puerto Rico). No quedó ni uno solo. En Venezuela se vieron obligados a escaparse a lo más profundo de la selva para huir así del Dios desconocido que sus antepasados”, como dice papa Ratzinger. 

El mismo Simón Bolívar en la citada Carta de Jamaica aborda el tema de la religión, lo que nos podría dar una luz sobre esta situación. ¿Cómo explicar entonces la desaparición de un culto religioso como el que profesaban los aztecas?:

    “Quetzalcoatl… …es apenas conocido del pueblo mexicano y no ventajosamente; porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean dioses. Sólo los historiadores y literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen, verdadera o falsa misión, sus profecías y el término de su carrera. Se disputa si fue un apóstol de Cristo o bien pagano. Unos suponen que su nombre quiere decir Santo Tomás; otros que Culebra Emplumajada; y otros dicen que es el famoso profeta de Yucatán, Chilan-Cambal….El hecho es, según dice Acosta, que él establece una religión, cuyos ritos, dogmas y misterios tenían una admirable afinidad con la de Jesús, y que quizás es la más semejante a ella. No obstante esto, muchos escritores católicos han procurado alejar la idea de que este profeta fuese verdadero, sin querer reconocer en él a un Santo Tomás.” 

Quetzalcoatl fue considerado entonces un competidor de la religión católica y como tal tenía que ser destruido. Cuando Bolívar escribió este texto (1815), había pasado un período de 300 años de oprobio, de crímenes imperdonables; y fue tal la destrucción a que se refería Bartolomé de Las Casas, que siendo México un país con una población mayoritariamente indígena, desconocieran quien era su verdadero apóstol o profeta. ¿Qué pensar cuando el papa alemán viene al Brasil y nos dice que “El Evangelio cristiano no fue una imposición de una cultura extraña para las culturas precolombinas, que gracias a la evangelización conocieron al Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente”? 

Pero papa Ratzinger, culto y políticamente apto como es, viene con otro trasfondo. Sabe que los pueblos originarios de América están en ebullición, que están hurgando en sus propias conciencias, que están penetrando en sus hondas raíces y están descubriendo cosas maravillosas. Por eso preocupa el resurgir de los “cultos precolombinos” que creían extinguidos. Esos cultos nada tienen que ver con la dominación, con la sumisión; tienen que ver hoy --repito: hoy-- con la solidaridad y con la esperanza de un mundo mejor, que con toda seguridad no encontrarán en la religión católica, donde sus jerarquías que ayer sirvieron al imperio español, hoy están en sintonía con los intereses del imperio norteamericano. “La posición de los moradores del hemisferio americano, ha sido por siglos puramente pasiva; su existencia política era nula. Nosotros estábamos en un grado todavía más abajo de la servidumbre y, por lo mismo, con más dificultad para elevarnos al goce de la libertad” (3) 

La justificación de un genocidio contra los pueblos originarios de América no debería ser motivo de extrañeza, porque el papa Ratzinger se alistó como  "Luftwaffen-Flakhelfer" (Ayudante de cañón de la Fuerza Aérea alemana). Existe una foto muy difundida donde se muestra al actual papa Ratzinger luciendo el uniforme de la Hitler Jugend (Juventud Hitleriana), en la que se destaca el águila terciada al estilo de la Luftwaffe en el pecho, en la gorra exhibe un rombo pequeño, que es la bandera con la esvástica típica de la Hitler Jugend. Ratzinger prestó servicio en la ciudad de Traunstein perteneciendo al pelotón de Granaderos "Ersatz und Ausbildungs", Regimiento 387 el cual estuvo bajo la dependencia de la División Nº 467. 

Allí podría encontrarse la fuente de su animadversión por las creencias ajenas a las suyas, por la intolerancia hacia las religiones y culturas no católicas y por el desprecio hacia razas “inferiores”. Por eso, inmutable afirma que "La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado". 

Pero sí debe extrañar las referencias a los “gobiernos autoritarios” en América Latina (¿Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro, Daniel Ortega?). El papa Ratzinger conoció y vivió bajo el gobierno de Hitler. Nada hay por estas latitudes algo que siquiera de lejos se parezca al gobierno bajo el cual papa Ratzinger hizo su servicio militar. O más cerca aún, con los gobiernos “neo-cons” de Bush, Blair y Aznar que invadieron a Irak bajo el pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas. Sería bueno oír de Su Santidad una mención concreta, o por lo menos algo parecido a lo que están haciendo los gringos en Irak, un verdadero genocidio que intenta destruir una civilización milenaria, sólo para saciarse del petróleo que no les pertenece y por el que deberán pagar. Qué bonito sería oír a Su Santidad diciéndole en la cara a Bush que “no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios.” 

Notas:

    1. Para mayor información sobre este tema, preguntarle al cardenal Rosalio Castillo Lara, quien allí aprendió las marramucias a que nos tiene acostumbrados
    2. El texto completo lo pueden encontrar en:
    1. Simón Bolívar en su “Carta de Jamaica”, 1815
 

Internet: www.lapaginademontilla.blogspot.com

Correo:   omar1montilla@gmail.com 


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Omar Montilla


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