O se está con la soberanía de los pueblos o se está con la bota del imperio

A un mes del secuestro del presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, todavía observamos cómo mandatarios de diferentes países en América Latina y Europa no terminan de definirse. No deciden si defender la soberanía de los pueblos o continuar de rodillas ante el hegemón; o sea, ante la bota gringa. Muchos hablan y hablan y, al final, no dicen nada.

Es el caso del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien afirma estar en contra de los bombardeos y ataques a Venezuela por ser un país hermano, pero no reconoce a Maduro como presidente porque las elecciones, según él, no fueron transparentes. Prácticamente le exige al gobierno venezolano sentarse con [María] Corina, haciéndole coro a la propaganda gringa y dándole su respectiva "jaladita" al fascismo venezolano, a Trump y a los jueces de la derecha internacional, quienes pretenden dictaminar quién es y quién no es presidente de un país. ¡Qué cosas, no!

Violentando así la soberanía y la decisión de los pueblos, este presidente tira "una para Dios y otra para el diablo". En criollo, ustedes saben cómo se le dice: manso. Por otro lado, Lula está "más tibio que baño de María". De los presidentes europeos no se puede esperar mucho; ellos "zapatearon" un poco fuerte con el caso de Groenlandia porque ahí el diablo se les está metiendo en sus territorios, irrespetando incluso a ese aparato llamado OTAN. Si se quedan con el rabo entre las piernas, el monstruo continuará actuando con la bestialidad que caracteriza a Donald Trump.

A diferencia de sus antecesores, que "perfumaban el estiércol" para invadir países e inventaban películas de Hollywood para atrapar ingenuos, este innombrable es directo: dice que va por el petróleo y las riquezas del país con el que sueñe invadir cada noche. Como sabe que la mayoría de los mandatarios a nivel mundial son "eunucos", se aprovecha y actúa sin escrúpulos. Ante esto, los presidentes y organismos internacionales aplican el: "¡Cállate boca, ciérrate pico, hágase el silencio!", como decía el viejo comediante venezolano.

La contradicción de Petro y el petróleo

Ahora, el presidente Petro manifiesta molestia porque no quiere que se continúe explotando petróleo, alegando daños al ecosistema. Dice que el presidente Maduro está "enfermo por el petróleo". Si Maduro está enfermo por el petróleo —que es nuestro—, ¿cómo estará Trump, que se lo quiere robar? Usted, Petro, contra Trump no dice nada, solo que "no está de acuerdo con el bombardeo" y ya.

Presidente Petro, los venezolanos no tenemos la culpa de ser una "Tierra de Gracia", privilegiada por Dios y la naturaleza. Usted debería ocuparse de erradicar el flagelo de la droga en su país, donde la procesan por toneladas. Esa no es una riqueza natural; lo único natural es la hoja de coca, pero su conversión en sustancia nociva es un proceso humano que destruye a la juventud y a la sociedad. Esa debería ser su lucha.

Quisiera saber también: ¿acaso usted ha paralizado la explotación petrolera en Colombia durante sus años de mandato? Pregunto. En cambio, los ingresos petroleros en Venezuela, aunque bajos por el bloqueo, han traído beneficios que muchos traidores no admiten: se ha solucionado el problema de vivienda al 25% de la población con casas adjudicadas. ¿Cuántas viviendas ha entregado usted a los pobres en Colombia? Se han construido estadios de magnitud cinco, autopistas, el sistema CLAP, CDI y escuelas; todo para paliar la crisis creada por el bloqueo y la guerra económica de esa derecha fascista con la que usted quiere que el gobierno se siente. Los mismos que quemaron gente viva.

Una invitación a la realidad

Venga a Venezuela, presidente Petro, y no repita como "loro aguacatero". Venga y patee las calles de nuestros pueblos; se dará cuenta de la realidad. Aquí tiene las puertas abiertas. Deje de tenerle miedo a los gringos; usted goza de libre albedrío. Notará que existen más libertades y menos necesidades que en su propio país.

Deje de hacer llamados a una "transición" con enemigos de la patria. ¿Haría usted una transición con Pablo Escobar si estuviera vivo? ¿Le entregaría el gobierno? No sé, pregunto. Como antiguo revolucionario, usted debe saber que con el fascismo no se negocia, porque son "más falsos que patada de culebra".

En nuestro país, desde la época del presidente Chávez, se llamó al diálogo más de quinientas veces. El presidente Nicolás Maduro ha hecho lo mismo o más. Pero cuando logran sentarse, estos fascistas acuerdan algo y luego le dan una patada a la mesa. ¿Sabe por qué? Porque son títeres sin criterio propio.

Venga a nuestro país, presidente Petro, para que sepa a ciencia cierta "cómo se cocinan las papas". Deje el miedo, que sus amos no lo van a regañar.



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Osman Cañizales


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