Colombia: La paz del paramilitarismo USA

En un artículo mío de julio de 2016, ante el anuncio del cese al fuego y del proceso de paz en Colombia, hice una apretada revisión a la historia reciente de violencia y de terror en ese país. Frente al anuncio dije: "Que a nadie le quepa duda alguna del sentido y significado del "cese al fuego" o de la posible "paz" que santificó el Papa jesuita, avalaron los Gorvachov de Cuba, y celebran al unísono: la derecha decadente; la "nueva" que ya se insinúa en los cuatro socios de la Alianza del Pacífico; la izquierda neoliberal de aquí y de allá a través de sus medios y de sus connotados mentores; las inefables ONG diestras para la pesca en río revuelto y hábiles en la manipulación de intereses y expectativas populares y en la sedición que les permite medrar ad-infinitum. Y agregué: "Este no es el último día de la guerra, sino el inicio de una más larga y terrible. No es el inicio de la Paz en Colombia sino el comienzo de Paz Colombia como continuidad del que se llamó por 15 años Plan Colombia".

Aludía aquí al acuerdo llamado Paz Colombia firmado entre Obama y Santos en febrero de 2016 en la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia como "un nuevo capítulo" de este Plan.

En un artículo de opinión publicado este 14 de mayo por Hispan TV (cuyo enlace adjunto), su colombiano autor olvidó este dato. Confunde igualmente los hechos al decir que las bases militares sionistas estadounidenses en territorio colombiano "le dieron la estocada final a los intereses norteamericanos en territorio colombiano". Lo que le dieron es el control de ese territorio convirtiendo a Colombia en un "Estado fallido" a expensas de la Seguridad Nacional Estadounidense, el Comando Sur, la IV Flota, la CIA, la DEA, el FBI para operar sobre América latina.

Confunde también el sentido y significado del Plan Patriota y del de Seguridad Democrática 2003-2008 del ex-presidente Álvaro Uribe por cuanto si bien de uno y otro se decía que era para "reducir a la guerrilla", lo que pretendían y consiguieron fue extender los dominios de los paramilitares liderados por el mercenario Mancuso (alias Triple Cero), socio de Uribe y protegido por EEUU.

El Plan Patriota legalizó el combate de los paramilitares contra las guerrillas de las FARC y del ELN asegurándoles el contrabando de armas y la impunidad por sus crímenes pasados y venideros.

Tampoco es acertado decir que con el "Acuerdo de Paz" se propicia el "resurgimiento del paramilitarismo" porque fue durante el gobierno de Uribe y de Santos, como su ministro de Defensa, que el paramilitarismo amplió su poder y desplazó a las FARC de las zonas donde protegía los cultivos de hoja de coca por los campesinos. Gracia a su expansión y dominio el paramilitarismo pasó a ejercer el manejo de la producción y el comercio de la cocaína y a infiltrar toda la administración del Estado colombiano hasta hoy. Lo hizo en alianza con los comandos de las empresas privadas para la guerra de las bases militares que ocupan el territorio colombiano.

"El dominio público de la seguridad nacional en Colombia" de la que habla el autor del artículo que comento, le otorga al paramilitarismo carta blanca para exterminar lo que queda de las FARC (incluyendo a sus dirigentes "pacifistas", allí donde se encuentren) y sus "bases sociales".

Aparte de los crímenes selectivos, esta "limpieza étnica" sólo es cuestión de tiempo y se está haciendo extensiva por hambre, sed, enfermedades a las comunidades campesinas y nativas.

Paralelamente, ya está en acción, la "reconstrucción" que viene después del "shock". Esto es, la "reconstrucción" de la "Paz Colombia". La conducen los organismos financieros (FMI, BM, BID, USAID), que siempre estuvieron en Colombia, en alianza con sus socios inversionistas de las grandes corporaciones industrial financieras del sionismo para "desarrollar" el narcotráfico, la infraestructura, el comercio, el turismo, la energía, el petróleo, los recursos forestales, el agua y la cultura de las nuevas generaciones. Asegurando con los poderes y las instituciones del "Estado fallido" el cohecho y la corrupción.

Mientras tanto, las ONG, "sin fines de lucro" se están multiplicando. Todo en nombre de la paz, los derechos humanos, la reinserción política, la perspectiva de género, los derechos de los LGTBI y demás especies. Por supuesto, con financiamiento de las agencias para la sedición y el terror dependientes del Departamento de Estado y del Congreso estadounidense (USAID, NED, NDI, Freedom House, IRI); de las agencias de los países europeos, de Israel, de Corea del Sur, de Japón, de Canadá, de Australia. Y con el beneplácito de la ONU, la OEA y el Vaticano que se congratulan porque en Colombia se asegure al peón para cercar e invadir Venezuela, así como Chile y Perú lo están para Bolivia y Ecuador y México para Cuba. ¡Qué duda cabe! La paz en Colombia no es más que otro lucrativo negocio para los mercaderes del terror y el narcotráfico "global" y para los dueños y promotores de las siniestras ONG.

Lea aquí el artículo al que hago referencia y que sirvió para este largo comentario. Proceso de paz en Colombia



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Rubén Ramos Alizorojo

Sociólogo y educador peruano, postdoctorado en Filosofía, Política e Historia de las Ideas en América latina por la universidad del Zulia-Venezuela

 ruby_7872@yahoo.es

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