Estados Unidos y su nueva política ideológica hegemónica

En ocasión de la ceremonia de graduación de los cadetes de la academia militar de West Point el 28 de mayo de 2014, el presidente Barack Hussein Obama definió lo que algunos interpretaron como parte de la nueva doctrina militar de los EE.UU. En su discurso hizo un reconocimiento de los diferentes obstáculos que enfrenta la nación norteamericana para conservar y expandir su hegemonía mundial. Allí mencionó la necesidad del uso de la fuerza militar, en caso que fueran o se vieran amenazados los intereses estadounidenses; las acciones directas, como el arresto de presuntos terroristas o los ataques con drones; la movilización de los aliados de la OTAN en la eventualidad de una amenaza indirecta contra los intereses de los EE.UU.; el establecimiento de un fondo dotado con 5.000 millones de dólares para el desarrollo de tácticas antiterroristas; y el incremento de las inversiones en los países alineados para participar en misiones de paz o lucha antiterrorista. Para alcanzar tales fines, Washington precisaría de la colaboración de sus aliados de la OTAN, de la ONU, del Banco Mundial y del FMI.

Con base en estas líneas definidas por el presidente estadounidense, las fuerzas militares de este país se han encargado de apoyar el financiamiento militar extranjero, de forma que los países socios adquieran artículos, servicios y entrenamiento militares de los Estados Unidos, lo cual incluiría ejercicios combinados/multinacionales, operaciones contra-narcóticos y contactos policíacos, militares y de defensa. Esto exigiría, al mismo tiempo, el empleo de todos los instrumentos de autoridad nacional disponibles, entre ellos, diplomático, de información, militar, económico, financiero, de inteligencia y jurídico, así como la colaboración con organizaciones no gubernamentales. Es decir, todo aquello que pueda contribuir al logro total de sus objetivos.

A ello se une el desarrollo de una propaganda estratégica que contribuya a crear una política ideológica hegemónica en nuestras naciones mediante la captación y adoctrinamiento de dirigentes potenciales que sean propicios a los designios militares y económicos estadounidenses, en un proceso de transculturización que legitime el derecho unilateral de Estados Unidos de intervenir -directa o indirectamente- en los asuntos internos de las naciones de nuestra América, lo cual significaría a la larga una recolonización de nuestro continente, con una soberanía meramente nominal.

Así, más que a guerras preventivas, el Pentágono y el Departamento de Estado se han enfocado a influenciar las decisiones de países en encrucijadas estratégicas, como China y Rusia, con la movilización y equipaje de tropas de los gobiernos aliados (como ocurre con el caso de Ucrania), al igual que a la mercenarización, el paramilitarismo y/o los ejércitos particulares de los consorcios empresariales encargados de la reconstrucción de las naciones atacadas (como en Iraq); de una manera tal que todo el planeta es el gran teatro de operaciones de las fuerzas militares gringas, lo que ha colocado a la humanidad ante la perspectiva de una nueva conflagración mundial, en función de la conveniencia e intereses de las grandes transnacionales estadounidenses.-



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Homar Garcés


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