¡La insolencia imperial!

Los atrevimientos de los países más poderosos han estado presente a lo largo de la historia; sin embargo, en estos últimos años hemos podido ver cómo han ido escalando una prepotencia monumental que ha terminado en guerras y muertes como en Irak, Afganistán, Siria, Libia y otros países del Asia y de Africa. Ya hemos dicho con suma repetición que estos países liderados por Estados Unidos ofrecen las banderas de la Libertad y la Democracia y lo que dejan es terror, sangre, dolor y genocidios.

Son millones de familias resquebrajadas, vejadas, violadas en todas sus dimensiones; millones de niños y niñas asesinados, huérfanos y destinados a padecer las más feroces hambrunas y miserias todo por los caprichos de un imperio inmoral y cruel que no se cansa de vender una falsas imagen de protector y demócrata cuando en realidad es la peor lacra que haya enfrentado la humanidad desde los inicios de los tiempos.

Este imperio norteamericano, apoyado con imperios de países poderosos, es la enfermedad de las sociedades mundiales, es la enfermedad de los pueblos del mundo y un verdadero cáncer en los pueblos que tenemos la oportunidad de orear las banderas de la autodeterminación, la independencia y la soberanía nacional. El imperio norteamericano podrido de inmoralidad se eleva arrogante como un dragón a pretender ser el juez y policía de todos los demás países del orbe sin el más mínimo rubor, sin el más pequeño escrúpulo por el respeto a la humanidad mundial y a los derechos Divinos de libertada la creación de los destinos, de los sueños, de los más sublimes designios del espíritu y la razón social.

A la borda fueron a parar las leyes internacionales, los derechos humanos, la libertad de expresión, el temor a la Creación, el amor al prójimo, el compromiso histórico, la palabra empeñada, la prolongación de la vida…; para el imperio están primero sus intereses económicos, el control de las energías actuales, el dominio del planeta y su seguridad de mantenerse como pequeño grupo de hombres y mujeres subyugados por sus propias perversidades conscientes del mal que producen a las mayorías que tienen derecho a vivir una vida digna, justa y con sus roles de participación en la lucha por un mundo mejor y necesario que evite el debacle mundial.

Las aberraciones de dominio de los Estados “Bandidos”, son ilimitadas y sin consideraciones de ningún tipo. Es una constante amenaza para la supervivencia de la misma especie humana, ya que ellos poseen todo un arsenal bélico nuclear de alta envergadura capaz de disminuir a nada o casi nada a pueblos enteros. Sin embargo, su principal arma comprobada es la comunicación hegemónica que utiliza para encantar, adormecer y persuadir las mentes humanas. De allí que en cada pueblo se presentan como un gran “ayudador”, como el “mesías” de los pueblos oprimidos; siendo irónicamente, quienes oprimen y saquean los recursos de todas partes.

Su alcance en la América del Sur es un cuento demasiado largo. La injerencia norteamericana en nuestros pueblos ha sido devastadora a los largo de la historia; la opresión económica, social política, cultural ha sido marcada con grandes influencias transculturales que les ha permitido llevarse nuestras materias primas, nuestros propios recursos y energías para luego someternos para adquirir las mismas.

Respecto a sus incursiones militares sobran ejemplos, convencidos estamos que no haya espacios o territorio hermano que no haya sido vejado por el imperialismo norteamericano y su presencia en nuestro país también tiene largo y tristes episodios que han maculado la dignidad de Venezuela y de nuestro proyecto Socialista y Bolivariano de nuestro líder Hugo Chávez Frías y que ahora con mucho tesón y certeza preside Nicolás Maduro.

Por eso nos duele y preocupa, el silencio cómplice de los dirigentes opositores que hacen un “mute” ante las insolencias y pretensiones injerencistas de la subsecretaria de Estados Unidos Roberta Jacopson, quien osa tratarnos como si nosotros fuésemos vasallos de ese cortejo internacional que se arrastra sin ningún vestigio de ética política a los morbos de este imperio decadente, que empezó sus “trastabillazos” y más temprano que tarde caerá y desaparecerá como todos los imperios que se han erigidos en la historia de la humanidad.


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Geovanni Peña

Diputado a la Asamblea Nacional. Militante del PSUV.

 santanajerez@hotmail.com

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