Los medios, verdaderas armas de destrucción masiva

 “La guerra es abominable. Por eso es que defiendo la proliferación nuclear…” General (r) Pierre-Marie Gallois

 

 Son muchos, de los hechos que agitan al mundo, los que tendrían que inquietar a la gente, pues algunos de ellos ponen en grave riesgo la vida, no solo la de la humanidad, sino la de todas las especies. La amenaza es para toda la fauna y para toda la flora.

  Noam Chomsky en su libro, Hegemonía o supervivencia, habla iniciando el primer capítulo de quien según él, es uno de los grandes de la biología contemporánea. Se trata de Ernst Mayr quien publicó algunas reflexiones sobre las posibilidades de éxito en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Este biólogo indica que sólo un grupo, de 50 mil millones que ha habido desde el origen de la vida, alcanzó el tipo de inteligencia necesaria para crear una civilización.

 Dice Mayr que en términos de supervivencia, los escarabajos y las bacterias son más exitosos que los hombres. De sus observaciones estableció que el promedio de vida de las especies ha sido de 100 mil años. Recordemos a propósito de ese dato, que nuestro antepasado más antiguo cumplió ya 2 millones y medio de años siendo entonces, nosotros para nuestra suerte, la excepción a la “ley” de Mayr.

 ¿Habrá aún quién se sorprenda al enterarse que los escarabajos y las bacterias, son más exitosos que los hombres? El examen de nuestra conducta demuestra fácilmente que no es difícil superarnos. Lo extraño en verdad, es haber llegado hasta donde lo hemos hecho. Basta ver el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que es desolador, para comprender que de inteligente el hombre solo carga el marbete. En sus 21 páginas se resume la evolución del clima para los próximos cien años. Por primera vez en un informe suyo, determina que es la actividad humana, la responsable del cambio climático.

 Esta organización (la IPCC) está presidida por un indio de amplias credenciales en el tema ambiental y en el de la energía. Fue premiada con el Nobel que compartió con Al Gore. Está constituida con cerca de 3 mil acreditados científicos de muchos países. Sus informes se infieren como de valor inestimable, precisamente por la calidad de los autores. Lamentablemente, sus conclusiones no reciben la difusión y la atención que debieran, como para influenciar y propender a cambiar nuestra conducta.

 No tiene explicación aceptable que un informe de tanta trascendencia, no haya recibido la cobertura que permitiera aunque fuera, alentar un intento serio por reducir el deterioro, que ya es casi imposible de revertir. Nuestro desconocimiento del tema ambiental y del cambio climático, no nos impide alarmarnos cuando nos señalan que la concentración de CO2 ha alcanzado la mayor cota en los últimos 650 mil años: 379 partes por millón. El sentido común nos tendría que decir que si destacan este hecho, ello entraña alguna gravedad que nuestro desconocimiento impide conmensurar.

 Once de los doce años incluidos entre 1995 y 2006, se encuentran entre los 12 años más calurosos desde 1850, que es cuando se comienza a registrar la temperatura. De aquel momento a hoy, la temperatura ha ascendido 0.7º. Se ha constatado que el aumento del calor en los últimos 50 años no ha sido lineal, y que su incremento ha sido el doble que la de la primera mitad del siglo XX. El nivel del mar está 17 centímetros por encima de lo que era su marca en 1850. Pero se seguirá elevando llegando a ubicarse en una cota entre 19 y 59 centímetros.

 Desaparecerá la capa de hielo del Polo Norte, se derretirán los glaciares (ya han comenzado a licuarse), escaseará el agua dulce, cambiarán su curso las corrientes marinas con el consecuente impacto en la frecuencia y distribución de las lluvias aumentando las inundaciones en algunos lugares y desaparecerán algunas zonas costeras y muchas islas, y en algunas zonas, el calor será extremo. Se estima que las sequías derivadas de los cambios afectarán entre 1000 y 3200 millones de personas.

 Como si todo lo anterior no estuviera sucediendo, nos encontramos con un informe del PNUMA que señala que a nivel global se están deforestando entre 10 y 17 millones de hectáreas de bosques al año. Y la cifra de la tala, año a año, va en aumento. Podríamos afirmar que estamos acelerando nuestra marcha hacia el abismo.

 Cada día son más quienes emprenden investigaciones sobre este tipo de tema, que no le puede ser indiferente a nadie. No existe informe que señale que la gravedad del cambio climático que se denuncia no sea cierta. Desaparecerán cerca del 40 por ciento de las especies, y llegarán nuevamente con el ascenso de la temperatura enfermedades tercer mundistas como la malaria, entre otras tantas.

 El agua dulce, muy escasa en el globo, no cubrirá la necesidad humana. Hoy no la cubre, en amplias zonas del planeta. Pero, será más grave todavía. Nos tendríamos que preguntar, cómo es que hemos llegado hasta este punto.

 La responsabilidad mayor en la generación del desastre ambiental, es inocultable y corresponde a las empresas petroleras y también a la industria automovilística. Pero es que es peor aún. Estos conglomerados les han pagado a científicos inmorales sus treinta monedas, para que descalifiquen los informes que pautan verazmente la situación. No comprenden que ellos no serán inmunes ante cualquier cataclismo y que también perecerán junto a los que no tienen nada.   

 Para la Iglesia tan dada en la actualidad a las tonterías, las inundaciones, las sequías, la contaminación, el cambio climático, no merecen de ella, ninguna opinión. Menos se le oye criticar a los responsables por esos perjuicios, que ya están perfectamente ubicados por los científicos que han denunciado ese proceder.

 Pero es que además esta Iglesia, ya con el mayor de los fariseos en su cúpula, en el colmo de la hipocresía, no vacila en compartir convites, abrazos y sonrisas con el protector y patrocinante de las petroleras contaminantes (todas lo son) que es también, el responsable directo del genocidio que se comete en Afganistán e Irak. La Iglesia permanece muda ante ese enorme crimen convalidando con su silencio la acción de los asesinos. Peor todavía; se solaza entre ellos. Por eso no se puede esperar ya nada de ella.

 No liberamos tampoco de su responsabilidad a los institutos de educación, sobre todo a los de enseñanza superior hoy más fabricantes masivos de brutos, que  entes formadores de seres integrales, que son aquellos que no solo no soslayan los temas delicados, sino que los enfocan, los analizan y proponen las soluciones pertinentes.

  Las universidades, tal como debería ser su obligación por su ubicación y su papel en la sociedad, y con la autoridad que emana de ella, es la indicada para hacer sonar las alarmas. Las universidades no pueden escurrir el bulto. Tampoco los hacedores de leyes del mundo, que en sus Congresos deberían plantear el asunto. Al igual que los organismos internacionales que hasta hoy no abordan con firmeza el tema.

 Pero, si bien los anteriores tienen su cuota de responsabilidad, son los medios de comunicación los que cargan con la culpa mayor pues su difusión al respecto es mínima, y eso cuando es que lo hacen. Los sucesos del mundo son su materia prima, y los cambios que se originan en él para su bien, o para su mal, tendrían que merecer su especial atención. Si esto no es de su interés ¿cuál es el que lo convoca?

 Si hay algo que nos genera una profunda preocupación, esto no es otra cosa que la consecuencia de la actividad mediática. Recurrimos a ellos en la búsqueda de aquella información que contribuya a acrecentar nuestra comprensión del mundo en general, y también en lo particular sobre aquello concreto que nos desasosiega para, generalmente, después de verlos, oírlos y leerlos, aumentar nuestras dudas, nuestro desconcierto y también nuestro desconocimiento.

 No se exagera si los definiéramos, por la forma como manipulan la información -transformando muchas veces la esencia de lo que difunden en lo contrario de lo que es realmente-,  como los más eficaces agentes propulsores de la confusión y de la ignorancia que campea en el mundo.  

 Hoy con ellos, la humanidad enfrenta uno de sus mayores desafíos, pues aquello que definiríamos como capital para nuestras preocupaciones, por ejemplo el problema energético mundial, la hambruna por carencia de alimentos y por el aumento creciente de sus precios que los hacen inalcanzables para las mayorías; el agua, la desertización, el cambio climático, la posibilidad de la agresión militar de un país poderoso sobre uno débil, sólo para expoliarle las materias primas que les son necesarias, son escamoteados y adulterados en su naturaleza para que no los comprendamos y por consecuencia, los admitamos como normales.

 Miraremos en el paseo que realizaremos, algunas de las cosas que ellos atienden, examinando cómo es que lo hacen, y su veracidad, para finalizar dando nuestra opinión sobre las razones que expliquen ese hacer que termina siendo nefasto para el mundo y sus habitantes. 

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 ¿Qué lector recuerda hoy las famosas Armas de Destrucción Masiva (ADM) que poseería Irak amenazando el mundo? Esa ficción fue corporizada en nuestro entendimiento por los medios de comunicación para que la agresión a desatar sobre aquel país, fuera aceptada como una acción imprescindible para la paz y para la seguridad del mundo. Nada menos.

 Los granujas jugaron con nosotros como quisieron para vendernos esa historieta. No faltó el descerebrado que aprobó la destrucción de Irak. Se comprende esto en el ignorante que por esa razón así habla, pero qué sucede cuando el que lo hace ante la cámara de TV es presentado como internacionalista, y justifica en esa condición como una necesidad una agresión que sin duda se transformará en un holocausto.

 Son los mercenarios y sicarios que los medios siempre tienen en abundancia a su disposición. Hay quienes los califican a todos ellos como  prostitutas y rameras. Están errados. Estas no merecen tan baja consideración. Están obligadas por su pobreza y su necesidad a venderse y cuando obtienen el fruto de ese duro hacer, no vacilan en compartir solidariamente su pan con quien de ellas, no haya resuelto todavía su hambre. Esos que ayer opinaron a favor de la barbarie, que casualmente hoy también condenan a Irán, son serviles, viles y miserables que para su desgracia estarán siempre llenos de indignidad y de oprobio para entregarse y venderse, sin tener necesidad de hacerlo.   

  Manifestaban estos “especialistas” -¿lo recuerdan?-, que los iraquíes en minutos podían hacer llegar sus bombas (esas mismas que nunca tuvieron) a Londres o Nueva York. ¡¿Qué extraño?! Ningún medio se percató de la distancia de Irak a ambas ciudades. Suponiendo que el país mesopotámico hubiera poseído esas terroríficas bombas, no disponían del misil que las trasladara hasta sus elegidas dianas. Sus más modernos proyectiles para portarlos hasta sus blancos eran los Scud, unos añejos misiles rusos que apenas alcanzaban los 300 kilómetros.  

 Los medios de comunicación conocían de esas limitantes, pero callaron. Jamás habría ocurrido el crimen que todavía se comete, si los medios cumpliendo éticamente con su responsabilidad, hubieran expuesto estos hechos que solamente eran la verdad. Les habría bastado para desmentir las aseveraciones de los asesinos, indicar solamente que la distancia hacía imposible el ataque. Esta fue una de las tantas mentiras que se pergeñaron y que se fueron asomando, antes de perpetrarse el ataque.

 Otra de las mentiras infames fue la de la intención de Irak de comprarle uranio a Níger. Esta resultó desmentida por un ex diplomático estadounidense enviado oficialmente al país africano para indagar al respecto. Comprobó que era falsa esa denuncia y escribió en la prensa de su país el resultado de su indagatoria. Como represalia, el gobierno genocida dejó filtrar a la prensa, que la esposa del ex diplomático era una agente de la CIA.  

 Si los medios entonces hubieran desnudado además de lo descubierto, otras evidencias que fueron apareciendo, mostrando nítidamente cuáles eran los verdaderos propósitos que se perseguían con esa agresión, el inmenso clamor que se levantó en el mundo tratando de impedirlo habría sido aún mayor y tal vez, se hubiera evitado el holocausto consumado.

 ¿Esos mismos medios que posibilitaron con su complicidad, la destrucción de ese país, han efectuado su mea culpa por el daño atroz que se produjo? ¿Denuncian acaso hoy que EEUU presiona a Irak para que se le permita establecer en su territorio, bases militares permanentes bajo su dominio y soberanía, aun después de retirarse del país invadido? ¿Acusan acaso al agresor que está procurando que se le firmen a sus empresas petroleras los contratos leoninos que legalizarían el robo del petróleo iraquí? Los medios enterados de todo esto, todavía impúdicamente, callan y no denuncian esa presión que EEUU está ejerciendo contra el gobierno iraquí para despojarle de su petróleo, lo que transforma su papel en deleznable.

 Pero, y de las violaciones y los crímenes, que se producen con esos seres que ningún daño le habían hecho a los asesinos ¿los medios los desconocen? Disponiendo de la copiosa información que manejan y que les permite conocer como si tuvieran cientos de corresponsales en Irak ¿no han descubierto aún esos medios, el genocidio que comete todos los días EEUU en ese país? ¿Lo ignoran, realmente? ¿No han percibido todavía cómo procede ahí ahora su soldadesca, que además de asesinar a granel a esa martirizada población, ejecutan en esta etapa crímenes selectivos?

 Todo educador, sólo por su condición, es en Irak un objetivo para ser asesinado. Profesionales por el solo hecho de serlo fueron víctimas ¡y todavía lo son!, de homicidios ¿Por qué esos crímenes? ¿Por qué tanta crueldad contra ese heroico pueblo? Persiguen con ese holocausto y con esas muertes, dejar por siempre incapaz de volver a ser la nación que fue, la más desarrollada de toda el área.

 Si matan a sus profesionales, a sus maestros, a sus profesores y a sus académicos ¿quién instruirá a ese pueblo cuando se sacuda al agresor criminal? Procuran, los asesinos, dejar la mayor desolación y devastación que se pueda  antes de su retiro de Irak, para impedir por el mayor tiempo posible su rehabilitación y de esa forma mantener su control y su dominio. 

 Figuras que han estado en altos cargos del gobierno mentiroso y asesino, han ido denunciando que todo obedeció a un complot tramado aun antes de llegar el genocida a la presidencia del país. Scott McClellan es el último de los que conocemos, que denunció la infamia. A propósito, escribió un libro que tituló What happened?(1), donde con copiosa información ayuda a esclarecer la trama que desarrollaron los asesinos para ejecutar en Irak.

   Las evidencias antes de la salida del libro de McClellan a ese respecto eran abundantes y ya son con estas últimas, abrumadoras y sin atenuantes. Las responsabilidades nos golpean la cara y reclaman por su gravedad alguna acción, la aclaración de todo lo sucedido, no solo para condenar como hay que hacer, sino como medida de precaución ante otros monstruos que pueden ya estar engendrados.

 Sería interesante escarbar, y solo habría que hacerlo superficialmente, para buscar y encontrar las razones que nos expliquen de los medios, no sólo la complicidad por su acción y su omisión en la perpetración de ese genocidio, sino también el por qué de sus silencios actuales, al estar develada ya la confabulación, el crimen y su autoría ¿Qué es lo que les impide exigir con una fuerte denuncia, una investigación judicial a fondo sobre las responsabilidades y el consiguiente juicio y castigo para sus autores?

 Milosevic y Karadzic fueron entregados a la justicia internacional para que los juzgaran. Bush, Blair, Aznar, Berlusconi y otros de menor cuantía ¿no cometieron mayores y peores crímenes que los primeros nombrados? Entonces ¿por qué los silencios que le otorgan impunidad al horror que causaron estos últimos? Sin duda que está en juego la credibilidad de las instituciones de mayor peso en el mundo. ¿Quién creería en ellas si estos horrendos asesinos no fueran juzgados? 

(1) ¿Qué pasó?


roosbar@cantv.net



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Roosevelt Barboza


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