Los amos del mundo

La aparición de empresas cada vez más grandes y poderosas es una consecuencia lógica del proceso de acumulación capitalista planetario. El ingreso anual de estos emporios los convierte en economías más grandes que las de muchísimos países, colocándolas en la lista de las primeras economías mundiales, por lo que sus influencias y poder son superiores a la de la inmensa mayoría de los gobiernos existentes. El monopolio lleva a que cada vez haya un menor número de empresas, mucho más grandes y con mayor proporción del mercado. Silenciosamente, crece la dominación de estos oligopolios, entre ellos los de propiedad intelectual asociados a los carteles mundiales de tecnología.

Con tal poderío, las multinacionales condicionan minuto a minuto nuestras vidas, determinando las legislaciones y decisiones nacionales e internacionales, controlando la opinión pública mundial, a través de los medios de comunicación y de un despliegue propagandístico poderoso, además de apropiarse del mercado, desde la producción hasta la compra efectuada por el consumidor.
Así, Wal-Mart, la empresa más grande del mundo, es la vigésima economía del planeta, con un volumen de ventas más grande que el PIB de Austria, Arabia Saudita y Noruega. Empresas como la BP, Exxon, Mobil, Shell, General Motors, Chrysler, Toyota, Ford, General Electric, Total, Chevron, la siguen en orden de magnitud empresarial y cada una de ellas constituye una economía mayor que las de Nueva Zelandia, Irlanda, Portugal o Israel. Entre las cien economías más grandes de La Tierra se encuentran supermercados como Home Depot, Metro, Carrefour y Royal Ahold; empresas de telecomunicaciones e informática como IBM, Hewlet Packard, Hitachi, Sony y Samsung; grupos financieros como Citigroup y procesadoras de alimentos como Nestlé, Kraft y Phillip Morris, estas dos últimas pertenecientes al grupo Altria.

En este último rubro la Nestlé triplica el volumen de ventas de las otras y de sus otros grandes competidores: Pepsi Cola, Tyson Foods, Unilever, Cargill, Coca Cola, Archer Daniel Midlands y algunas más. Las asociaciones monopólicas y oligopólicas se continúan dando en forma permanente y han conducido a una concentración de capitales, la cual es muy evidente en los sectores agroalimentario y farmacéutico. Así, las diez mayores industrias productoras de semillas pasaron de tener 33 por ciento del mercado mundial en 2003 a controlar el 50 por ciento en 2005. Monsanto es hoy la mayor vendedora de semillas, seguida por Dupont, Syngenta, Limagrain, KWS Ag, Land O’ Lakes, Sakata, Bayer, Taikii y dos o tres más.

En agrotóxicos aparecen nuevamente Bayer, Syngenta, Monsanto, Dupont, que junto con BASF, Dow y otras cuatro empresas, controlan el 84 por ciento de las ventas totales. Esas mismas industrias aparecen entre las diez primeras empresas farmacéuticas, las cuales controlan el 59 por ciento del mercado, entre ellas Pfizer, Glaxo, Smith Kline, Sanofi-Aventis, Jonson y Jonson, Merck, AstraZeneca, Hoffman-La Roche, Novartis, y Bristol. En biotecnología para la agricultura y farmacia, el 3 por ciento de las empresas controlan el 73 por ciento de las ventas: Amgen, Monsanto y Genentech, están entre las principales.

En su artículo “Los dueños del planeta: corporaciones 2005” (La Jornada, 01-01-2006), usado por nosotros como fuente, su autora Silvia Ribeiro nos dice como estas empresas controlan calidad, precios, sitios de producción, salarios, productores, procesadores y distribuidores. Con Wal-Mart a la cabeza, “presionando la baja de salarios y la seguridad social en sus tiendas en Estados Unidos”, presiones que repite en el resto del mundo, donde liquida a los comercios locales pequeños, como todos los grandes supermercados. La alianza de esta multinacional con China le confiere a la empresa conjunta un poderío inigualable, ya que debido al muy bajo costo de la mano de obra china, unida a condiciones laborales ideales para el gran capital, 80 por ciento de las 6 mil fábricas que proveen a Wal-Mart están en China (P. Goodman & P. Pan, Washington Post, 8-2-2004, citado por S. Ribeiro).

Como se puede ver, el enemigo a vencer es muchísimo más poderoso que el simple Presidente de Estados Unidos, quien no es sino un gerente al servicio de estas grandes corporaciones multinacionales.


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Luis Fuenmayor Toro


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