El diario de Oscar Heck – el 20 de mayo del 2024

Aquí estoy en la costa caribeña venezolana del estado La Guaira donde vivo, hace muchísimo calor, más de lo normal, y todos lo sienten, la gente se chorrea, con sus pañitos en mano, y la gente repite, este calor es insoportable, y todos los saben, o casi todos, que esto es debido al calentamiento global, pero, hay que moverse de todas maneras … para conseguir qué comer cada día, cómo alimentar a los niños, cómo comprar los medicamentos para los ancianos y los enfermos.

Pasé los últimos dos días con tres familias muy pobres, gente honesta y trabajadora no corrupta que desde hace unos 5 años ha tenido que mendigar para sobrevivir, para poder comer, o para no morir de alguna enfermedad curable (otro vecino mío murió anoche en el hospital por no haber podido costear los insumos y los medicamentos a tiempo, y otro familiar de una de esas tres familias también murió ayer en una de las instalaciones del Estado durante una simple operación que resultó matándolo debido a una negligencia médica relacionado a la anestesia, sí señor, era un joven de unos 30 años de edad).

Las tres familias eran de las clases media, pero hoy son unos pobres, muy pobres, así como la mayoría de la población venezolana (por lo menos el 80%), y aunque todavía tienen sus casas, hoy en muy malas condiciones, comidas por el salitre, cayéndose a pedazos sin mantenimiento, han perdido casi todo lo demás. Perdieron sus empleos (varios eran empleados del Estado), sus carros, la mayor parte de sus herramientas (para poder comer y comprar medicamentos deben vender todo), y cada día deben hacer llamadas vía WhatsApp a sus familiares y amigos en el extranjero para pedir dinero, un poco por aquí, un poco por allá, un país de mendigos, yo incluso.

Bueno …

Una de las cosas más impresionantes para mí, ha sido de ver cómo cada una de esas familias sufren (monumentalmente) cada día debido a la falta crónica de agua (desde hace más de 7 años por estos lados), cosa que ha causado que la mayoría de las cañerías de sus casas se hayan podrido, y, por ende, hoy deben proveerse de la poca agua que les llega a veces a los tanques, cargándola en baldes hasta la poceta, hasta los baños, y hasta la cocina, algo que me trae recuerdos de cuando vivía en la selva venezolana (1976-1978) y teníamos que cargar el agua en baldes desde los pozos de agua subterránea. Eso fue hace casi 50 años atrás, y en eso estamos hoy otra vez, un país en retroceso.

Cuando llegó el agua vía las tuberías durante unas pocas horas ayer, ayudé a una de las familias (una familia de 8 personas, más 3 amigas de la familia) a lavar, estrujar a mano, y colgar más de un mes y medio de ropa sucia, fueron alrededor de 50 pantalones, 100 camisas, un montón de medias, y un montón de otras cosas, y la única persona que pudo salir a trabajar durante esos dos días de lavadera furiosa de ropa, fue el marido, nadie más pudo salir a trabajar para intentar generar ingresos familiares, lo cual es una gran burla, es que, pierden días de trabajo cada mes por culpa del agua, lo cual reduce sus ingresos, haciéndolos más pobres cada vez, cunado ya son muy pobres. Es como si los responsables del sistema de distribución de agua Estatal estarían chantajeándolos; si ustedes quieren agua, bueno, estén listos para ser aun más pobres de lo que ya son, si no, no les damos agua, o algo así, o sea, no tiene ningún sentido, es algo tremendamente cruel.

También, para que sepan, lo que comimos allí hoy fue comida regalada por los vecinos o comprada por amigos esa mañana, comimos arroz blanco, con lentejas, tres chuletas de cochino distribuidas entre nueve personas, y dos tomates y dos pepinos igualmente distribuidos entre las nueve personas. Por surte, allí donde comimos había una mata de parchita, entonces hicieron jugo con esas parchitas y con el azúcar que otro vecino les llevó, y con el agua de botellón que otro amigo les trajo.

Todos los niños de esas tres familias (7 niños) están muy desnutridos, flacos, cansados, dóciles, sin energía, y así viven todos los días, día tras día, de mes en mes, de año en año, a veces comen solo una vez al día, todo depende de la bondad de vecinos, amigos, y familiares, si no, bueno, terminarían muertos o severamente enfermos e irrecuperables, zombis ambulantes, todo debido a la pobreza en la cual estas tres familias que una vez fueron de las clases media se encuentran hoy después de, básicamente, haber perdido todo.

Saben, la desesperación los está matando.

Todos los miembros de esas tres familias pobres, muy pobres, y casi todos sus familiares en el interior del país, están constantemente buscando cómo irse del país. Quieren vender sus casas, desde hace años ya, pero nadie las compra porque nadie tiene dinero para eso.

¿Y por qué quieren irse del país?

Bueno, porque esto no es vida.



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Oscar Heck

De padre canadiense francés y madre indígena, llegó por primera vez a Venezuela en los años 1970, donde trabajó como misionero en algunos barrios de Caracas y Barlovento. Fue colaborador y corresponsal en inglés de Vheadline.com del 2002 al 2011, y ha sido colaborador regular de Aporrea desde el 2011. Se dedica principalmente a investigar y exponer verdades, o lo que sea lo más cercano posible a la verdad, cumpliendo así su deber Revolucionario ya que está convencido que toda Revolución humanista debe siempre basarse en verdades, y no en mentiras.

 oscar@oscarheck.com

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