¿Peor el remedio que la enfermedad?

Yo no sé cuántas veces nos hemos referido al tema y cuántas veces más tendremos que hacerlo para ver si por fin, si por unos de esos extraños designios de la vida, logramos conseguir lo que con tan poca fortuna hemos estado buscando durante tanto tiempo. Se trata del inefable problema del agua en Maracaibo, que pese a las continuas manifestaciones de repudio, críticas y cuestionamientos, todavía persiste sin que ninguno de los numerosos gobiernos que hemos tenido se haya interesado en buscarle una adecuada y efectiva solución.

No hace mucho, en un artículo publicado en esta misma página titulado "La tragedia del agua en Maracaibo, hablábamos de nuevo acerca de esta insoportable calamidad. Nos referíamos a las terribles penalidades a las que estaba condenada la población al tener que vivir como los camellos, es decir, virtualmente sin un elemento tan importante como el agua. Y esto en una región que es la tercera más rica en recursos hídricos de Venezuela. Menos mal que esta vez sí como que desde las alturas del poder se tomó en cuenta nuestra denuncia, pues el responsable del pésimo funcionamiento de este estratégico servicio, uno de los personajes más odiados por la colectividad marabina, fue destituido casi de inmediato. En su lugar, se designó una nueva junta directiva. Designación ésta que fue recibida con un gran regocijo, ya que se pensó que este problema, que como un implacable castigo bíblico nos viene afectando con inusitada fiereza desde los tiempos de la 4ta. Republica, ahora sí sería cosa del pasado. De un pasado ominoso en el que Caldera tuvo la pésima ocurrencia de quitarnos parte del agua de nuestro acueducto para suministrárselo a la Petroquímica, en la costa oriental del lago.

Pues bien, Freddy Rodríguez fue destituido de la presidencia de Hidrolago. Y como dijimos, en su lugar fue designado un nuevo presidente de esta empresa. Sin embargo, pese a este hecho presuntamente auspicioso, puesto que llegó a despertar grandes expectativas, las mejorías del servicio han sido muy pocas, casi insignificantes, pues apenas se limitan a un modesto aumento del volumen del agua suministrado, lo cual no hace, después de todo, que para abrir una llave haya que cerrar la otra. Eso ha sido todo, ya que lo demás , como tiempo del suministro, calidad del agua y corte por razones de racionamiento, continúan siendo los mismos. El tiempo de suministro, por ejemplo, sólo dura escasamente un día. En ese día las amas de casa tienen que hacer lo que no han podido hacer durante los siete en que han permanecido sin el vital líquido. Y si se toma en cuenta que gran parte de ese líquido enviado a los hogares se efectúa a altas horas de la noche y en la madrugada, cuando la gente está durmiendo, entonces ese día se reduce a horas. Y en cuanto a la calidad del agua, justo es que reconocer que ha mejorado significativamente. Al menos, la que han enviado en el día de hoy, porque la que habían estando sirviendo era una asquerosa y repugnante porquería. De allí que esperamos que en beneficio de los usuarios esta calidad se mantenga y, de ser posible, que mejore en los días por venir.

Y en relación con los siete días del racionamiento, la verdad es que no hay nada que ni de lejos los pudiera explicar, a no ser, desde luego, por el deliberado deseo de hostilizar a los habitantes de esta ciudad. Porque, francamente, en estos momentos no hay ningún motivo para que esa trágica situación se esté dando. A este desesperado recurso se tuvo que llegar debido a que los niveles de los embalses habían descendido tanto, que si no se suspendía el envío del agua por ese tiempo tan prolongado, Maracaibo se iba a quedar, inevitablemente, sin una gota de agua. De manera que fue una emergencia muy grave, una situación excepcionalmente alarmante, lo que obligó a desechar temporalmente el régimen 1X2 -uno con agua y dos sin ella -que prevalecía antes de la emergencia- y establecer esos mencionados siete días de suspensión del servicio. Pero, ojo, esa semana sin agua no se estableció con la idea de que fuera algo fijo, permanente, como parece ser la intención de quien está ahora al frente de Hidrolago, sino algo provisional, mientras se recuperaran los ambalses.

Ahora, ya esa emergencia pasó, por lo que no se justifica que a Maracaibo se le esté privando por tanto tiempo de un elemento tan vital e insustituible como el agua. A esos embalses les está entrado tanta agua, producto de los torrenciales aguaceros que desde el mismo mes de mayo han estado cayendo sin interrupción, que no tendría nada de extraño que en cualquier momento se tengan que aliviar o drenarlos. Por otra parte, esta cuestión de los siete días se hace aun más insoportable para la población, porque aparte de que la inmensa mayoría de las familias carecen de la capacidad de almacenar semejante cantidad del vital líquido, está el hecho de que aunque la tuvieran tampoco la podrían aparar, debido al insuficiente suministro del líquido. Ahora, uno tiene el derecho a preguntarse: si no se normaliza el servicio del agua en estos momentos, cuando están cayendo verdaderos diluvios, entonces, ¿cuándo carajo se va a normalizar el suministro de ese líquido en esta ciudad? ¿Cuándo será que los marabinos tendremos que dejar los potes y totumas para bañarnos y utilizar el método tradicional de la regadera, que es la forma civilizada de hacerlo? ¿Por qué no se le da al agua el mismo rango de importancia que se le asigna a la misión vivienda? ¿Es que caso la vivienda, con todo y lo importante que sin duda es, tiene más importancia para la vida que el agua? ¿Hasta cuándo tanto ensañamiento, tanto brutal atropello contra los habitantes de esta olvidada ciudad de Venezuela?



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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