Reflexiones ingenuas

Revolución o Revolución, ninguna otra opción

Leyendo la cantidad de literatura en la cual se hacen críticas, desacreditaciones, denuncias al proceso revolucionario bolivariano, y viendo la praxis burocrática de muchos funcionarios, así como la corrupción, ineficiencia, ineficacia en algunas instituciones y la falta de acciones efectivas para frenarlas, pareciera que dentro del mismo gobierno se apuesta a la derrota de la revolución.

Es importante destacar que la revolución es un proceso social, el cual se produce de acuerdo a ciertas condiciones históricas, evoluciona en función del despliegue de las contradicciones, se perfecciona de acuerdo a la dirección que impriman los actores y dirigentes y se consolida de acuerdo a su identificación con las necesidades del pueblo.
Es fundamental saber que se entiende por las necesidades del pueblo, ya que éstas se definen de acuerdo a la concepción de cada sociedad, es decir, el concepto del hombre, su finalidad, definición de trabajo, riqueza, etc., ya que en todas ellas no se conciben de la misma manera ni tienen el mismo significado.

En el capitalismo las necesidades del pueblo se conciben de acuerdo al consumo de las mismas, ya que éstas se imponen como necesidades artificiales cuyo fin es su adquisición, independientemente de la utilidad real. Si bien es cierto que los servicios público, la salud, la seguridad ciudadana, la alimentación, el “confort” son fundamentales para todos los grupos humanos, el capitalismo le imprime un carácter consumista e individualista.

Ese carácter consumista del capitalismo ha destruido miles de hectáreas de tierra cultivables en zonas desérticas (se calcula que cada segundo se deforesta la extensión de un campo de futbol de selva ante la mirada indiferente de los estados.). Esto ha producido cambios climáticos que han aumentado la salidad de los océanos, deshielo en los glaciales polares y amenazan la existencia de miles de especies de animales y plantas, a la vida dell planeta.
La rapiña capitalista ha llevado a la humanidad a 2 Guerras Mundiales, a cientos de pequeñas guerras entre naciones, invasiones, a la detonación de 2 Bombas Atómicas con un saldo de miles de víctimas, entre muertos y contaminados.

Hoy más que nunca la amenaza a una guerra mundial pone en peligro la vida en el planeta. El enfrentamiento Ruso-Occidente, con la confrontación Ucrania-Rusia y las insurgencias de movimientos radicales de derecha, aupados por el imperio, constituyen una amenaza de grandes envergaduras.

Sólo una revolución socialista puede detener la hecatombe a que estamos amenazados. La premonición de Rosa Luxemburgo, “Socialismo o barbarie” está más vigente que nunca.
Por eso el Comandante Eterno, en su Plan de la Patria, coloca como I Objetivo Histórico: “Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: La Independencia Nacional”, elevándonos al Objetivo histórico II: Continuar construyendo el Socialismo Bolivariano del siglo XXI en Venezuela, como alternativa al modelo salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad”, para nuestro pueblo”, condición sine cua non para llegar al Objetivo V: “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana.”, objetivo más elevado de la revolución socialista

No obstante, el panorama interno de nuestro proceso revolucionario se torna oscuro debido a la gran cantidad de contradicciones, enfrentamientos, desacreditaciones, individualismo, protagonismo, mala fe, entre sus dirigentes, y por reflejo, entre sus militantes.
Una cosa es la crítica revolucionaria, otra la diatriba personalista, desacreditadora, escuálida, sindicalera, amarillista, guarimbera, de “pisarse la manguera”, restos de la conducta cuarta republicana de adecos, copeyanos y desubicados políticos, que lejos de consolidar y profundizar el proceso revolucionario, le hacen un gran favor a la derecha y al imperio.

Como decíamos al principio del artículo, la revolución es un proceso que pasa por diferentes etapas y situaciones. No es lineal, sino que presenta altibajos, contingencias, avances y retrocesos. Todas las experiencias revolucionarias socialistas en el mundo nos lo han demostrado. La Comuna de Paris, La Revolución Bolchevique, La Revolución China, La Revolución Cubana y otras cuyos resultados es de todos conocidos.

Para referirnos a sólo una de ellas, en el gobierno socialista de Allende los diferentes grupos revolucionarios entraron en contradicción, se enfrentaron entre sí, dieron oportunidad a que grupos infiltrados, agentes de la CIA, provocaran disturbios, se produjeran muertes de lado y lado, lo que aprovecho la derecha para dar el golpe de estado, y así murió el ensayo revolucionario socialista chileno.

Hoy, frente al ataque despiadado del imperio, el peor ataque de la historia contra nuestro país, del cual hacen parte los medios nacionales e internacionales, el capital internacional y sus secuaces venezolanos, los partidos políticos de derecha, tanto criollos como internacionales, militares tanto activos como retirados, grupos de terroristas agrupados en estudiantes, paramilitares, gremios obsoletos, productores y comerciantes y una variada combinación de escuálidos, los revolucionarios debemos permanecer más unidos que nunca.
Deben mantenerse las diferencias y contradicciones internas, pero con una visión de fortalecimiento y avance del proceso revolucionario, revisando, corrigiendo, autocriticándonos, sometiéndonos a la dialéctica, negándonos. Nadie es dueño de la verdad, y esta debe ser verificada en la práctica.

Debemos tener claro quiénes son nuestros enemigos y estar unidos frente a ellos. La quinta columna “roja rojita” es uno de ellos y está formada por corruptos, burócratas, ineptos, incapaces, saboteadores. Igualmente la derecha endógena, revisionista y reformista. La denuncia permanente, pero con pruebas fehacientes, contra ella es parte de las acciones revolucionarias que debemos hacer diariamente.

La derecha fascista debe ser atacada inmisericordemente, desenmascarada, enfrentada. Esta se presenta de diferentes formas y maneras y se enmascara como revolucionarios, atacando la gestión gubernamental, tomando forma de ONG’s, Sindicatos, Grupos políticos, Partidos, Gremios, Grupo de vecinos, y otras formas ya conocidas o por conocer. No hay que hacerse eco de sus denuncias pues ellas van dirigidas a desacreditar y hacer perder la confianza en el proceso.

La formación de grupúsculos, cenáculos, círculos cerrados, claques debe ser desterrada ya que la revolución es un proceso popular, de multitudes.
En la próxima batalla electoral, la elección para los diputados de la Asamblea Nacional, debemos darle una derrota contundente al imperio y a la derecha. Debemos lograr la mayoría de diputados para evitar un golpe seco, como el propinado contra Zelaya y Lugo. O una campaña de deslegitimación para propiciar desestabilización, guarimbas, terrorismo.
Sólo unidos como un solo hombre podemos hacer frente a la conspiración internacional que está armada contra el Presidente Obrero Nicolás Maduro y la revolución bolivariana. Con chismes, denuncias chimbas, desacreditación, guarimberismo mediático sólo nos debilitamos. La opciones están claras, o ganamos o la humanidad se extingue. Ahora más que nunca el lema PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE. VENCEREMOS.

carrodcas@gmail.com


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Carlos M. Rodríguez C.

Estudió en la UCV. Docente jubilado

 carrodcas@gmail.com

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