Unos pocos artistas han llorado... y muchos empiezan a sonreir

Uno de los trances de la vida de es el luto por algo que se ha perdido. Este estado se reviste de un especial sentimiento que merece el respeto y la solidaridad de los circundantes. En el caso que nos ocupa da pena ver tanta lágrima derramada ociosamente.

La última afirmación no es despectiva ni socarrona. Es objetiva y mira la otra cara del asunto, desdibujada quizás por las lágrimas. Pareciera que con el cese de la concesión a 1BC se hubiese extinguido la fuente de formación de actores y actrices que comenzaron “desde abajo” como dijo una bella dama. Las demostraciones de luto y llanto que algunos y algunas han escenificado en programas de televisión, pareciera un entierro de las artes escénicas en Venezuela que pudiera desanimar a quienes quisieran desarrollar sus capacidades y sus sueños en esta profesión.

Qué diferente es la realidad. Exactamente es todo lo contrario: con la aparición de TVES se abre un mundo de posibilidades no solamente para los artistas que han tenido que transitar el calvario de “llegar a ser alguien” a fuerza de sudores y amarguras y humillaciones, según han confesado algunos, sino para los y las jóvenes que desean desarrollarse como actores y actrices del teatro, del cine y de la televisión sin necesidad de tantas lágrimas y tantos sacrificios diferentes del trabajo, la constancia y el esfuerzo. Se amplían las posibilidades de trabajo para ellos con los más de 500 Productores Independientes y habrá cabida para quienes se formen en las escuelas de teatro, de cine y de televisión que simultáneamente está creando y respaldando el Gobierno Revolucionario. Este es un panorama diferente.

Aun cuando los actores y actrices que han llorado públicamente por la supuesta pérdida no lo hayan incluido en sus inventarios por razones obvias, están anunciando con lágrimas el sonriente porvenir de una nueva televisión, de una nueva posibilidad de desarrollo educacional y cultural, de una oportunidad real para expresar “los poderes creadores del pueblo”.

Lo que viene, la concreción de la esperanza, es mejor que lo desaparecido, porque ahora lo construiremos todos para el servicio de todos.

Solo se requiere un poco de paciencia, un poco de calma para que empecemos a ver el florecimiento del arte escénico en todas sus manifestaciones. Esperemos que se vayan secando las lágrimas derramadas porque con seguridad ni convencieron, ni eran necesarias porque no estamos de luto y de todas formas se irán convirtiendo en sonrisas.


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