Capitalismo y medios de comunicación privados

Es sorprendente el desconocimiento que tuvo Europa de los prodigios de Bolívar, esto tenía una razón: la imprenta, es decir, los medios de comunicación (los periódicos) estaban en manos de los aristócratas. Indudablemente, las palabras para referirse a él eran calumniosas e irreverentes. Todavía, a comienzo del siglo XX en Alemania se sabía muy poco de la gesta del Libertador y lo que se conocía del ilustre venezolano estaba completamente distorsionado. De allí la mala opinión que tuvo Carlos Marx del Libertador de las cinco repúblicas sudamericanas. La información que recabó el autor de “El capital” sobre nuestro insigne caraqueño provenía de artículos publicados en los opúsculos cuyos dueños eran los oligarcas. Imposible que reconocieran las virtudes del gran revolucionario que desafió con denuedo la monarquía española y europea. De allí las palabras de Simón sobre la imprenta (la prensa): “La imprenta, tribunal espontáneo y órgano de la calumnia, ha desgarrado las opiniones y los servicios de los beneméritos. Además, ha introducido el espíritu de aislamiento en cada individuo, porque, predicando el escándalo de todos, ha destruido la confianza de todos”.

Como es sabido todo sistema que produce algo para el consumo masivo debe buscar un medio para publicitarlo y poderlo vender. Lamentablemente, los oligarcas la convirtieron a la política en un producto, peor aún, en un producto netamente capitalista, ahora envasado en un nuevo empaque llamado “globalización”.

Es indiscutible, la televisión es en el día de hoy uno de los instrumentos más influyentes en la conducta de niños, jóvenes y adultos. Es tal su influencia, según puede afirmarse, que es el medio más adecuado para insertar a los televidentes dentro de un proceso cultural, político y económico, de carácter universal, conocido en la actualidad como “mundialización o globalización”. Esto quiere decir: la televisión está llamada a tener un puesto preponderante en el proceso efectivo de la internacionalización. Nada diferente al concepto globalizado de la religión única en tiempos pasados o de las vetustas monarquías que implantaron un modelo único de gobernar, cuando las familias aristócratas se cruzaban entre sí para controlar todo lo tocante a lo político y a lo económico de la humanidad. Por el “pensamiento único, el Dios único y verdadero” combatieron los antiguos cruzados y en la actualidad, la televisión propicia tales conceptos utilizando otras armas, llamada por algunos: “manipulación mediática”. No es el caso de una fe ecuménica, como en otro tiempo era la doctrina de una Fe, sino en un solo concepto político, social y económico de gobierno. De esta manera, la televisión propicia entre los habitantes del planeta un único modelo de vida: la misma comida, ropa, calzado, música, juguete, etc. Ya a los doce años un niño de cualquier parte del planeta utiliza palabras como: Mac Donald, Burguer, Barbie, Mall, Hallowen, Superman, dólar, happy birthday, baby sister, Hollywood, baby shower, reality show, hot dog, FBI, CIA, DEA,…y numerosos vocablos anglosajones que los irán incorporando a su pensamiento, aceptado casi de manera natural, al mundo de consumidores.

Es notoria la forma de influir los programas televisivos en la concepción de una vigilancia universal dirigida desde los Estado Unidos. Numerosos son las películas difundidas a través de los programas por cable, un buen garante de la globalización. En estas series televisivas y en ciertos filmes, los agentes policiales o espías como el “Agente 007” (similares a los funcionarios de la CIA, FBI, DEA…) pueden trasladarse hacia cualquier parte del mundo, aterrizando sus jet particulares, sin pasar por las engorrosas aduanas, sin visa y sin permiso de los gobiernos locales. Así mismo, ostentan permiso para matar con el fin de combatir en tierras ajenas el terrorismo, el narcotráfico, la defensa de los derechos humanos, garantizar la democracia representativa, o cualquier cosa que se les ocurra a los productores. Es una manera de sensibilizar a la población para aceptar en el futuro muy próximo, casi de manera natural, la presencia de agentes estadounidenses en cualquier país del planeta.

La maleficencia de la programación televisiva desvirtúa las bondades de la tecnología, dirigiendo la atención del televidente hacia la apología al delito, la guerra, violencia exagerada, consumo de alcohol y drogas, observadas normalmente en las películas. Aunado a esto, la forma tan descarada como falsea la idiosincrasia de algunas nacionalidades, causando así la división de los congéneres planetarios. Muchas veces escucho en películas donde le endilgan a grupos étnicos epítetos, tales como: traficantes, terroristas, mafiosos, fascistas, espaldas mojadas, tercermundista, sudacas…entre otros. Como consecuencia, la TV incita a los usuarios a identificar el gentilicio de algunos grupos humanos con tales motes: los italianos son mafiosos; los colombianos, traficantes de drogas; los árabes, terroristas; los alemanes, fascistas; los irlandeses asesinos; los chinos, ilegales; los suramericanos, tercermundistas o sudacas; los mejicanos, espaldas mojadas; los negros, delincuentes o violadores; los rusos traficantes de armas o tratante de blancas; a los gitanos de rateros, entre otros. Tales situaciones promueven el odio y el racismo entre los humanos, con el agravante, que esos calificativos lo reciben, por lo general, los naturales de las poblaciones económicamente más pobres. Es evidente, la televisión no ayuda a la unión de los pueblos, más bien a separarse y odiarse entre si. No entiendo, como los televidentes no han boicoteado tales programaciones, éstas contribuyen a deformar la mentalidad de niños y jóvenes.

Uno de los mejores aliados de la globalización son los medios de comunicación y la tecnología. No sólo la televisión se convirtió en un instrumento de venta en la globalización, también este aparato puede atribuírsele una peligrosidad política, hasta de carácter terrorista, dado que en casos especiales puede causar terror y angustia a los televidentes. Tomemos como ejemplo el ataque de las Torres Gemelas. A través de todos los medios televisivos del mundo los habitantes del planeta vieron y vivieron, numerosas veces, las escenas de pánico acaecidas “en vivo y en directo” en “tiempo real”, como suelen referir las agencias de noticias. Son notorias las imágenes televisivas de las invasiones de EEUU a Afganistán, Irak y Libia donde la pequeña pantalla muestra videos dantescos para afianzar la hegemonía de éste país sobre los demás territorios del planeta. Igual de explícitas son las imágenes mostrada por el intruso electrónico, exponiendo públicamente y sin vergüenza alguna los bombardeos de la aviación israelí a los territorios palestinos, donde viven niños, ancianos y mujeres. Con el desarrollo de la tecnología de la comunicación, Internet, celulares, tabletas, entre otros, cualquier habitante del planeta se convierte en comunicador de dantescas imágenes. Todo lo anterior son verdaderas orgías de sangre, propio de una civilización de bárbaros. Hasta tienen la canallada de difundir manifestaciones representadas, como en una película, en un país extraño del cual se supone proviene la noticia. Para tal fin contratan a grupos de personas y artistas como opositores políticos, simplemente para debilitar un gobierno soberano que pretende liberarse de los codiciosos monopolios. Es por eso que algunos especialistas en materia periodística hablan del “terrorismo mediático”, asociado con una vieja práctica de los países imperialistas, fundamentado en el uso de la desinformación como arma de manipulación política y social. Estos intentos buscan crear miedo, tensión, zozobra, terror, angustia…en los pueblos, favoreciendo así climas conflictivos, guerras, golpes de estados, huelgas desestabilizadoras, que sólo benefician los intereses económicos de grandes corporaciones, monopolios y la venta de armas. Justificando con estos procedimientos cualquier acto contra países y gobiernos desafectos a la política de los países con aspiraciones neocoloniales, como los EEUU, el Reino Unido, Francia, España... Estos gobernantes y empresarios pretenden apoderarse de los recursos estratégicos de las naciones más débiles, desde el punto de vista bélico.

A este perverso sistema capitalista y depredador es al que los gobiernos revolucionarios de América del Sur y Centro América deben enfrentar, por el único delito de no aceptar el vasallaje de los ávidos consorcios transnacionales. Fue la lucha que comenzó nuestro Libertador, la continuó nuestro comandante Hugo y a la cual ahora debe enfrentar el presidente MM para hacer de Venezuela una nación libre y soberana. Honor, gloria e inmortalidad a mi comandante Chávez.




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Enoc Sánchez


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