A Noe Pernía

Catia TVe y su libertad de expresión

Colegas, camaradas, compañeros y compatriotas de Catia TV: leí tanto la versión publicada en Aporrea donde denuncian el hecho y también la que Noé Pernía publica en Noticierodigital.com en relación a lo acontecido en la marcha estudiantil de hoy. Luego de repasar ambas consideraciones, me permito expresar lo difícil que resulta comprender la actitud de ese joven pero experimentado reportero. En primer lugar, sabe Noé que los periodistas -tanto al servicio del Estado como de la empresa privada- hemos sido, somos y seremos centro de atención en cualquier evento dada la naturaleza de nuestra trabajo. De allí la humildad y la sencillez que debería caracterizarnos en cualquier escenario.

En segunda instancia, tal atracción tiene un componente de mayor peso entre quienes prestan sus servicios a los medios audiovisuales. Siempre he creído que se trata de valientes amigos y amigas que en función de ejercer un rol profesional, arriesgan el preciado valor del anonimato. Luego tenemos -en tercer lugar- que nosotros los trabajadores de la comunicación vivimos desde hace un corto pero intenso tiempo, en medio de situaciones muy particulares que en ocasiones nos han llevado a tomar partido por uno u otro sector lo cual conlleva a asumir riesgos que son propios ante determinadas situaciones. Y esto lo señalo, porque a diferencia de lo que parece -o quiere- ignorar Noé, no es para nada nuevo que un reportero (a) sea filmado por algún aficionado (a), seguidor (a), amigo (a), enemigo (a) y hasta ¿por qué no? policía del gobierno de turno. Debemos recordar amigo Noé, que bajo los gobiernos del pasado los reporteros igualmente éramos grabados por grandes y descarados rebaños de eso que
llamas "sapógrafos", aludiendo a una terminología que según tú llegó a usar Tribuna Popular, publicación del Partido Comunista de Venezuela en el que con todo orgullo empecé mi faena periodística.

No me caracterizan conductas ligadas a excesivos gestos de valentía,pero en honor a la verdad valoré siempre como inútil el miedo que en algún momento pudo haberme infringido el descubrir a algun policía siguiéndome. ¿Y sabes por qué?, pues, porque como ente público que era y aún soy aunque en menor medida, no podía ni tenía por qué esconderme. ¿Cómo le prohibía
que me quitara de encima la lente de su cámara?. La opción tal vez era refugiarme para siempre, pero no conozco de periodista alguno que haya sido perseguido por el éxito ejerciendo la carrera desde la parte baja
de un desvencijado jergón. Y aquí estoy, enterito. Aprendí a "comerme" las molestias que sí lograron generarme.

Me atrevo a lanzar estas líneas aún sin conocer al grueso del equipo de Catia TV. Y lo hago además, porque procedo como la mayor parte de él, de un
sencillo sector del Oeste de nuestra aún golpeda capital. No podría aseverar que sus integrantes no sean pagados por algún cuerpo uniformado, pero me
atrevería a pensar que no es así. Sería una estupidez, por decir lo menos, que algún espía se exponga tan francamente ante su o sus víctimas. En todo caso, cada quien que cargue con su responsabilidad. Ah, en cuanto al "...gandulillo que videocàmara en mano hizo de las suyas y grabò a cuanto cristiano participò de la marcha estudiantil", creo recordar que un trabajo similar hacen todos los dignos camarógrafos de los canales comerciales y del Estado a objeto de procesar esas imagenes tanto en lo nmediato y también para tenerlas como material de archivo.

Igual procedimiento, ejecutan los reporteros gráficos. ¿Por qué no ha de hacerlo un canal comunitario?


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Ildegar Gil

Comunicador social

 ildegargil@gmail.com

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