La vergüenza nacional

La nada novedosa intervención de CNN, en alianza con las cadenas televisivas españolas vinculadas al poder económico trasnacional, ha despertado una serie de reacciones interesantes en Venezuela y a nivel regional, con la proyección del documental “Los Guardianes de Chávez”. Este circuito mediático internacional tiene su mayor expresión a nivel interno en Globovisión, que abiertamente se identifica como factor de contienda en el debate político, no en calidad de medio, sino de actor en pos de una “democracia” asediada, en palabras de sus directivos.  

Un elemento insignificante para algunos, en el cual quisiera detenerme, es la permanente insistencia en asignar cargos y/o posiciones a los comentaristas en este circuito que no poseen, ex diplomáticos se presentan como activos, ex funcionarios militares de igual forma. Es un elemento nada ingenuo. Pudiera pensarse que en un país donde los abogados recién egresados terminan rotulando la puerta de sus bufetes con las siglas de Dr., grado que por ley misma no les pertenece parecería inocente o podría entenderse como una expresión de la tradición en el país, lo cierto es que estos comentaristas no responden en ningún momento a las actuales directrices de la política del Estado venezolano y sus opiniones son muy personales, y, si estudiamos con seriedad su formación académica, muchos ni siquiera son investigadores en las áreas sobre las cuales se les invita a opinar.   

Este documental toca un tema sensible del país: la violencia e inseguridad que para nada son novedosos, pero de forma tendenciosa se deja entrever que existe un estado general de conmoción por la violencia política. Es importante esto, porque se trata de situar en un mismo plano a Milicias, Ejército, Delincuencia Organizada y Guerrilla, dibujando un clima donde el Estado se desvanece y la ley de las armas es la que se impone. Mirar este documental al margen de lo antes mencionado, tiende a suponer que la realidad Venezolana es similar a la de países como Sudán. Igualmente se cuela a la memoria, conflictos como los de Sierra Leona u otros donde la línea entre el Estado y facciones armadas al margen de la ley son altamente frágil. Es curioso que la CNN no sólo haya transmitido en una ocasión el documental, sino que también ha armado un “debate” sobre el mismo, habiéndolo difundido con énfasis de alarma, enmarcado en el fenómeno de  violencia, mientras en los cortes de los programas la publicidad promocionaba ese slogan de nuestros vecinos colombianos “Colombia, el único riesgo es que te quieras quedar”, a simple vista Venezuela es el infierno y Colombia el paraíso.  

Este documental se inscribe en un clima de tensión entre las relaciones Colombo – Venezolanas, promovido posterior a las denuncias de la Cancillería Colombiana en la OEA contra nuestro país, por albergar supuestamente grupos terroristas, en un nuevo episodio de nuestras epilépticas relaciones con nuestros vecinos, venidas no sólo en la gestión de Chávez, y que históricamente datan desde la disolución de la Primera República de Colombia. Para quiénes desconozcan la complejidad de la Frontera que divide ambos países, se podría considerar como “falta de voluntad” del estado venezolano combatir a la Guerrilla o a Grupos Irregulares, en los aproximados 2219 Km. Haciendo un ejercicio de imaginación, sería imposible controlarla metro por metro y añadiendo el accidentado y cambiante relieve la tarea, es literalmente es una Utopía, un ejemplo es los Estados Unidos que, con todo el aparataje tecnológico no logra controlar la Frontera con México, donde diariamente el narcotráfico, la trata de migrantes la violan de forma significativa.  

Nadie en Venezuela niega la presencia de grupos irregulares en territorio venezolano desde los años 50 del siglo pasado, algunos no sólo lo hacen por la presión de los combates que se libran en Colombia, sino que están articulados con redes de extorsión y tráfico de drogas, pero, lo que no aclara el documental es que no son FBL, FARC o ELN las únicas que operan en la frontera, incluyen los desmovilizados de Uribe de las llamadas AUC, que terminaron reorganizándose en peligrosas bandas que imponen la violencia no sólo del lado colombiano sino también del lado venezolano. Si nos detenemos aquí, nos preguntamos cómo es posible que las FARC tengan campamentos de entrenamiento en territorio de Venezuela de forma temporal, cuando la lógica fundamental de una guerrilla en condiciones numéricas y materiales minoritarias es la movilidad, el ABC de la guerrilla es la movilidad, sino que nos explique Colombia porqué no ha logrado derrotarlas con todo el presupuesto militar reforzado por los Estados Unidos.  

Reconocer que existe violación a nuestra soberanía por parte de grupos irregulares no significa una carta blanca para seguir reforzándola ahora por parte del Estado colombiano, sencillamente es un insulto a la dignidad nacional el simple hecho de asomar la intención de husmear en nuestro territorio por acusaciones poco fundadas, no tienen sustentos en el derecho internacional y deben ser respondidas en un escenario similar, estaría dispuesto el Estado colombiano a permitir que Venezuela bombardee o supervise su territorio, es simple, el conflicto armado y la droga se exportan desde Colombia, sus vecinos afectados podrían solicitar la instalación de una comisión internacional que erradique de raíz el problema, si su centro es Colombia porque deslocalizar a los vecinos que sufren las consecuencias, si nuestro vecino logrará vencer la Guerrilla y los Grupos Irregulares, controlar la producción de drogas, no existiría caso de debate.  

¿Reconocer la presencia de estos grupos implica una irresponsabilidad del Estado venezolano?, ya en otros artículos he hecho referencia a los costos enormes que significa para nuestro país la lucha contra el narcotráfico y los grupos irregulares, tanto como la necesidad de reactualizar nuestras Fuerzas Armadas para el combate contra este tipo de flagelos, pero la contradicción es que mientras la política de Seguridad Integral se afianza, se acusa de militarizar al país y de sostener una carrera armamentista, en el mismo documental se deja entrever con el cuestionamiento a las milicias campesinas, que son justamente de las poblaciones más afectadas por fenómenos como el paramilitarismos en las zonas de producción agrícola en la Frontera.  

En mayo de 2009 un número de 18 soldados venezolanos murieron al caer un helicóptero en el patrullaje de la Frontera con Colombia, a estos valientes militares venezolanos hay que sumarle los que han caído en combate contra diversos grupos irregulares, una deuda que Colombia paga con poca ética al tratar en varios momentos de la historia, ingresar al territorio venezolano por vía armada. Hay que recordar en el pasado, la famosa “persecución en caliente” que aspiraba violentar la soberanía nacional. No se trata de chauvinismo ni de nacionalismos trasnochados, se trata de vergüenza y dignidad, permitir a Colombia su entrada a Venezuela en los términos planteados sería ceder al intento de criminalizar al pueblo venezolano, que contrario a lo que se plantea es el que padece en las Frontera la ausencia del Estado colombiano y se ve forzado a recibir cientos de ciudadanos colombianos en condición de desplazados por una guerra interminable que lleva 50 años consumiéndose la sociedad colombiana y exportándose a sus vecinos.  

¿Dónde está la Guerra?, según el documental en Venezuela, lo más coherente es que Colombia adelante un plan de paz, una auténtica negociación que involucre actores regionales, pero la realidad cada día aleja la posibilidad de un final negociado a un conflicto interno que se exportó a los vecinos, y que hoy luce más radicalizado con el ascenso de Juan Manuel Santos a la Casa de Nariño. Debería tener memoria histórica el presidente Chávez y saber que cualquier iniciativa de acercamiento con el gobierno colombiano debe hacerse con prudencia para no terminar en la frustración, hoy Santos abraza nuestra bandera pero nadie garantiza que mientras dormimos seamos despertados con los sonidos de sus misiles.  

La inseguridad del país alejándonos de la frontera, sobre todo la tasa de homicidios es manipulada regularmente desde hace un tiempo, colocaré tres ejemplos que ilustran el grado de descomposición del país y que se convirtieron en iconos de los 90 pre – Chávez, en  

· 1995 el Secuestro del Urológico de San Román. 

· 1996 el Secuestro de Terrazas del Ávila.  

· 1998 el Secuestro de Cúa en 1998 (ejecución televisada del secuestrador por una unidad élite de la policía a cargo de Simonovis). 

La delincuencia se desbordó desde los 90 y se engranó con un fenómeno de territorialización de la delincuencia organizada, dividida en zonas y con una variedad de la actividad delictiva que incluye el microtráfico de drogas, el cobro de vacunas y el control de empleos. Así las grandes ciudades del país han terminado sacudidas por este fenómeno que de forma crítica debemos situar como una urgencia aún por resolver por parte del Estado, porque no incluye sólo el funcionamiento correcto del sistema judicial y los órganos jurisdiccionales, sino el combate contra las formaciones de bandas que desde los propios cuerpos policiales permeados por la corrupción hacen impensable la denuncia por parte del ciudadano común.  

Esta violencia no se puede confundir con la política, como de forma tendenciosa se hace ver en el documental, sería interesante que CNN y sus aliados hicieran el mismo esfuerzo para analizar los efectos de la política antidrogas en el país y el incremento en los niveles de incautación, además de documentar a los efectivos militares que han perdido sus vidas en combate contra grupos irregulares. El debate sobre la seguridad requiere más precisión, más agudeza, no era la misión de este artículo convertirse en un texto académico sobre la materia, para ellos se requeriría más rigor en algunas de las cifras, pero como opinión, su objetivo es generar el debate sobre un tema que no es materia exclusiva de los expertos, sino que requiere la movilización nacional en defensa de nuestra soberanía, sencillamente este documental es una manera no sólo de arruinar la industria del turismo nacional sino de herir la integridad de las instituciones y del pueblo venezolano.  

jfortique@yahoo.es



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José Fortique


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