Trincheras de Ideas

Lo falso y lo verdadero de la reunión de UNASUR

A la luz de los hechos acontecidos en la hermosa ciudad argentina de Bariloche, durante la reunión de los 12 países miembros de UNASUR, de los debates allí sucedidos, de las graves denuncias hechas, incluso dentro de los acuerdos tomados, puede decirse que el objetivo que se había propuesto el gobierno nacional y particularmente el presidente Hugo Chávez, de denunciar los acuerdos secretos que el gobierno del saliente presidente Uribe y el gobierno imperial estadounidense habían acordado para la instalación de 7 poderosas bases militares en territorio colombiano, bases que se insertan dentro del colonialista ‘Plan Colombia’ y cuyos objetivos estratégicos se insertan en el objetivo de agredir a las naciones suramericanas que han asumido procesos de cambios revolucionarios, fue logrado plenamente.

El presidente Uribe, descubierto en sus políticas vende patria y de entrega de la soberanía colombiana al imperio yanqui; arrinconado por la primera denuncia que hiciera el presidente Chávez en Quito, Ecuador, cuando el presidente Correa asumió la presidencia pro témpore de UNASUR, trató, como táctica, de montar un show en Bariloche, provocar a Chávez y a Correa de manera directa y tratar desviar así el tema de fondo de la discusión, es decir, la presencia gringa en Colombia, sólo así podemos explicar la solicitud uribista de que se debatiera públicamente. Quería provocar al presidente Chávez, llevarlo al terreno del debate subalterno, obligarlo a que perdiera la sindéresis para “demostrar” su intemperancia y ahogar allí, en pleno debate, el asunto de fondo como lo pretendió en vano en todas las 7 horas que duró el debate.

Las fuerzas del ALBA actuaron como un equipo, de manera coherente y manteniendo en todo momento la ofensiva de la denuncia, de esa manera lo que no dijo el presidente Chávez lo dijo el presidente Correa o el presidente Evo Morales, al que de alguna manera se sumó la presidenta argentina Cristina Kirchner y el presidente de Uruguay, Tabares.

Chávez en sus intervenciones creó las condiciones para su golpe maestro, la lectura de párrafos del Libro Blanco del Ejército de los Estados Unidos del Norte, del llamado Comando Sur y la propuesta de su análisis por los miembros del Consejo de Seguridad y Defensa UNASUR. No se esperaba Uribe y su neo aliado peruano Allan García aquel giro táctico de Chávez, tampoco los otros presidentes. El plan completo del imperio norteamericano de la agresión en puertas contra Venezuela, Ecuador, Bolivia y cualquier otra nación que se atreva a romper las cadenas a las ataduras neocolonialistas yanquis, Argentina por ejemplo.

Pero no se quedó el presidente Chávez sólo en la denuncia de la entrega de la soberanía colombiana a una potencia extranjera; la cesión de enormes espacios geográficos para la instalación de, cuando menos, 7 bases militares, sino que denunció la parte político/económica del plan que justifica toda esa estrategia, aquella que se refiere a la desesperada búsqueda de apropiarse de las vitales fuentes energéticas como el petróleo y los minerales venezolanos, la amazonía brasileña, el agua de acuíferos como el Guaraní y gigantescos ríos como La Plata, en Argentina, el Amazonas, de Brasil, el Orinoco de Venezuela. Una siniestra estrategia expansionista con la que el imperio busca resolver su aguda crisis sistémica.

En la reunión de presidentes suramericanos en las intervenciones, todos –menos Uribe, claro está– coincidieron en reconocer el peligro que significa para la región la presencia de efectivos militares de Estados Unidos en Colombia, independientemente que no se condenara de manera expresa las referidas bases. Pero hubo unanimidad de criterio en el sentido de señalar que la magnitud de las posibles fuerzas militares y los sofisticados equipos en bases como las de Palanquero iban mucho, pero mucho más allá de lo que planteaba Uribe, que aquel descomunal despliegue era para combatir el terrorismo –término acuñado por el uribismo para quitarle fuerza política y beligerancia al movimiento insurgente y evitar la búsqueda de la paz– y el narcotráfico.

Bombarderos de alcance continental, que rebasan la propia geografía colombiana, denunciados por el presidente Chávez, que sólo se entiende su presencia allí porque forman parte de un plan para agredir a otras naciones.

Pero no es sólo la denuncia de aquel descomunal despliegue de fuerzas y equipos militares de todo género, es que en el marco de las discusiones sale a relucir el número de hombres sobre las armas que tiene el ejército colombiano, que asciende a la fabulosa e impensable cifra de 425 mil efectivos, es decir, casi medio millón de hombres, cantidad superior a todos los demás ejércitos latinoamericanos, el brasileño incluido. Y uno se pregunta: con tal cantidad de efectivos militares, los 800 o más “asesores” yanquis e israelitas y unos cuantos miles de “aliados” de los grupos paramilitares y centenas de mercenarios asesinos, el altísimo volumen de armamento sofisticado que maneja el ejército colombiano entregado por los Estados Unidos, ¿cómo se explica que no hayan podido vencer a las guerrillas de las FARC-EP y del ELN, apenas 20 ó 30 mil hombre y mujeres en armas en los últimos 10 años?

Dos aspectos cabe destacar de la reunión de los presidentes suramericanos. El primero es el referente a la defensa de UNASUR. El imperio se trazó la meta de dividir a UNASUR, que volara en pedazos ese peligroso instrumento unitario surgido de la voluntad de los presidentes suramericanos. El instrumento para ese fin lo era, naturalmente, el testaferro Uribe, quien con argucias, mañas, mentiras, intrigas, trató de sembrar cizaña entre los presidentes. Pero eso no se logró, todo lo contrario, la decisión prácticamente unánime fue fortalecer el organismo.

El otro aspecto a destacar fue el referente a la lucha por declarar a Suramérica y al continente todo como zona de paz. Sin dudas que las 7 bases militares gringas son, ante todo, un canto a la guerra, una promoción a la violencia y ante esa amenaza los presidentes declararon su decisión de luchar por la paz. Esa fue otra bofetada a Uribe y a las intenciones de la oligarquía colombiana de volver a Suramérica un polvorín. Y es natural que así fuese por el temor que el gobierno colombiano ha concitado entre los pueblos y gobiernos del sub continente al permitir 10 bases norteamericanas en su suelo (3 bases ya existían con el Plan Colombia I, 7 serán con el Plan Colombia II). Ni que fuese vestido de cura y rezara el ave María con el rosario en la mano, Uribe iba a quitar en Bariloche la sensación de que su país y su gobierno se están preparando para una guerra en gran escala con naciones vecinas, en primera instancia.

Una maniobra utilizada Uribe fue cuando hizo el llamado a la lucha conjunta contra el narcotráfico. No quería casi nada, que se compusiera una fuerza conjunta para intervenir en los asuntos internos, primero de Colombia, país con un narco Estado, primer productor de cocaína en el mundo, terrible flagelo que ni con casi medio millón de hombres han podido erradicar, al contrario, se ha incrementado su producción con el Plan Colombia al punto que la producción ha aumentado en 30% del consumo de cocaína en los dos últimos años, el 35% son menores de 18 años. Más de un presidente recordó la tesis del ex ministro colombiano Santos de la persecución en caliente. Pero, en general, fue ratificado el principio de auto determinación y de no ingerencia de las naciones, como principio ético y filosofía de cada gobierno y país.

En suma, en la reunión de UNASUR Uribe fue por lana y salió trasquilado.

(humbertocaracola@gmail.com)


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

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