Criminalización, arma política

La memoria histórica de la humanidad está plagada de acciones en las que los imperios, antes de someter a los pueblos a su interés nacional, trabajan la opinión pública internacional para generar condiciones favorables a través de la satanización y criminalización de los gobiernos.

Por esa razón, después de la voladura de las torres gemelas de Nueva York, lograron sensibilizar sobre la necesidad de derrocar el gobierno talibán de Afganistán por la supuesta protección al extremista saudita Osama bin Laden, cuando en realidad la operación fue concebida para garantizar su presencia militar en Afganistán, que además de poseer los oleoductos y gasoductos hacia las inexploradas reservas de Asia Central, posee reservas probadas y probables de gas natural y petróleo.

En la genocida invasión a Irak e inhumana ejecución pública del presidente Saddam Hussein, el bombardeo comunicacional fue masivo para posicionar la matriz de opinión de que Al Qaeda e Irak eran socios, y además Hussein podía producir armas nucleares, químicas y bacteriológicas. Estas teorías las echa por tierra un informe de inteligencia británica, y pese a que antes de entregar la Presidencia, George Bush manifestó cínicamente que se sentía engañado, en la actualidad una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU le permite irónicamente a Estados Unidos y al Reino Unido administrar el petróleo y sus ganancias al ser designados para emplear esos recursos en la reconstrucción de lo que ellos mismos destruyeron.

En la región, el capitalismo y el imperialismo, aunque enfrentan una terrible crisis, no están en retirada; por el contrario, esgrimen sus esfuerzos para seguir haciendo realidad la doctrina Monroe y más en este momento cuando lo que consideraban sus colonias han despertado para demostrar un altísimo nivel de conciencia política al abrazar las banderas libertarias de la emancipación en búsqueda de redención social y generar que el imperio contraataque con la pretensión de preservar su patio trasero.

Por ello observamos la intromisión en los asuntos internos de Bolivia para tratar de frenar los cambios, empleando algunas veces el garrote diplomático y en otras gestando movimientos desestabilizadores.

Sin embargo, en Honduras, motivado a que el presidente Manuel Zelaya y su gobierno decidieron soberanamente formar parte del ALBA, la respuesta del imperio a través de su fuerza de tarea conjunta Bravo (JTF-B) fue darle un golpe de Estado. Situación que hasta la fecha ­a pesar del repudio y múltiples resoluciones de organismos internacionales como la OEA en el inciso dos que exige el retorno al orden constitucional en la República de Honduras mediante la vuelta de Zelaya en forma inmediata, segura e incondicional­ aún está pendiente por resolver.

En Ecuador, la criminalización contra el presidente Correa viene desde Colombia, que utiliza un supuesto video de las FARC en el que anuncia el financiamiento a la campaña presidencial, y lanza así una cortina de humo ante la decisión de la Fiscalía de Ecuador que emitió una captura internacional contra Juan Manuel Santos por el ataque perpetrado en marzo de 2008 en el campamento en el que encontraba Raúl Reyes.

En el caso venezolano no encuentran qué método aplicar y actualmente a un país que no está entre los productores ni consumidores de cocaína del mundo lo tratan de estigmatizar como un Estado colaborador con el narcotráfico.

Como se observa, la arremetida imperial para utilizar la criminalización como arma política tiene como pretextos modernos el terrorismo, el narcotráfico y la inestabilidad de las democracias.

pedrocarrenoe@gmail.com


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Pedro Carreño


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