Coletillas al Margen

Tantas veces Mario

El pensamiento filosófico de los hombres originarios del Perú fue desplazado por la conquista europea y las raíces de este hablar consigo mismo de la mayoría de los peruanos tiene, por consiguiente, más de imitación deformada que de principios propios. La discriminación contra la raza vencida tuvo una etapa predominante en el país y fue el pensamiento conservador el que predominó en la creación de la república, cierto es, con algunos débiles gritos de liberalismo. En el siglo pasado los conservadores tuvieron una visión de país en formación casi prescindiendo de los andinos y los nativos de la selva, sin embargo, hombres como Riva Agüero, Alejandro Deustua. Mariano Iberico, Francisco García Calderón, el propio Víctor Andrés Belaúnde y otros, a pesar de esa enorme limitación discriminatoria y hasta racista, elevaron los principios del orden, la moral y la ética a valores nacionales, creyendo en una peruanidad dominante sin contar con los originarios. Entre los pensadores peruanos fue José Carlos Mariátegui el único quien enfocó el problema del indio con una visión socialista, real y futurista.

Quiero destacar con esta introducción que los conservadores puede tener una ubicación válida en el país y por que no decirlo aceptable desde el punto de vista de la discusión política e ideológica. El debate como antaño siempre será bienvenido y estará presente. El problema de fondo en el Perú actual es la inexistencia de elementos conservadores modernos capaces de elevar sus ideas a un debate ideológico como en tiempos pasados. La llamada derecha nacional, la oligarquía y sus partidos, no tienen valores intelectuales ni éticos ni morales que defender. Y lo más grave sucede cuando un país envuelto en la vorágine de la corrupción y la descomposición moral, gobernado por voraces mafias criminales, no tiene a donde recurrir para respirar el aire de una conducta aceptable. César Vallejo, José Carlos Mariategui, José María Arguedas, Javier Heraud, por ejemplo, aún después de muertos son un referente de reserva moral incuestionable. No podemos decir lo mismo de Mario Vargas Llosa por el lado de los conservadores, a pesar de los laureles ganados como escritor e intelectual de renombre. Y justamente, no podemos tenerlo en cuenta en el orden ético y moral debido a una desviación insalvable; la crítica a su persona en este caso nada tiene que ver con su posición política de hombre de derecha, conservador y defensor de la causa de los países tutores capitalistas como impulsores del desarrollo en nuestros pueblos del tercer mundo. Él tiene derecho a ser un escritor reaccionario y conservador, no sería el único, ya ha habido intelectuales como Octavio Paz y Jorge Luis Borges de mayor calibre que él con ese mismo pensamiento conservador. La gran diferencia está en la ética, la moral y la decencia, llevadas hasta las últimas consecuencias por el mexicano y el argentino y no, de manera alguna, por el peruano.

Mario Vargas Llosa no defiende principios conservadores ni políticos ni ideológicos, el defiende a las mafias de la corrupción, de la inmoralidad y de la descomposición social y política. No de otra manera puede interpretarse el apoyo brindado a Alan García Pérez, sabiendo de memoria quien era y quien es este facineroso político aprista, en cuanto a violación de los derechos humanos, genocidios y latrocinios de siete suelas como acotó acertadamente el presidente Hugo Chávez. Tampoco de otra forma puede interpretarse que el escritor apoye a ladrones depravados como Sánchez de Losada en Bolivia contra Evo Morales o a Carlos Andrés Pérez contra Hugo Chávez en Venezuela. Si Mario ubicara una polémica de principios en contra de la corriente de izquierda que hoy, felizmente, invade a los territorios de América Latina estaría en su derecho y el debate adquiriría una altura deseable y constructiva. ¿Pero cómo discutir con un intelectual que con brillo e inteligencia defiende la corrupción, la inmoralidad y la descomposición social? Los procesos de cambio en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, están a la orden del día y en discusión permanente, inclusive, desde el punto de vista de la derecha internacional, como siempre lo ha estado Cuba. En la lucha de las ideas, no existe miedo al debate; lo que no está en discusión ni puede estarlo es permitir el regreso de las mafias de corruptos y corruptores que están gozando de millonarias fortunas en el extranjero, como son los jefes de las organizaciones políticas delincuenciales: Carlos Salinas de Gortari, Carlos Menem, Carlos Andrés Pérez, Sánchez de Losada, etc. tampoco puede estar en discusión sostener a estas mafias como son las de Álvaro Uribe y Alan García. Y por supuesto, menos todavía puede estar en discusión los actos de sabotaje y terrorismo de los fascistas para derrumbarse un proceso de cambio político, económico y social, que goce del apoyo mayoritario de los ciudadanos liberados.

Dicho lo anterior, me gustaría hacer alusión a un asunto manipulado exquisitamente por Mario Vargas Llosa, quien hace uso de su vivacidad para tratar de engañar a los peruanos y lo hace justo de paso a Caracas donde asistirá a un evento de provocadores profesionales llamados a sí mismo intelectuales. El evento de CEDICE, organización extremista neofascista financiada generosamente por organizaciones derechistas de Estados Unidos y la CIA, como se sabe coreará en la capital venezolana las consignas elaboradas por el escritor Mario Vargas Llosa y repetidas por la Casa Blanca: la primera que “Hugo Chávez es una amenaza para la democracia” y la segunda que “el presidente venezolano está desestabilizando a la región.” Pero vayamos al asunto de la manipulación con la que el escritor pretende confundir a los pocos ciudadanos peruanos que todavía lo escuchan. El tantas veces Mario nos dice apesadumbrado todo él, como un ángel de la guarda: “me niego a creer que mis compatriotas van a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el Sida y el Cáncer terminal, que es lo que serían Ollanta Humala y Keiko Fujimori” “expreso mi inquietud ante una ceguera de esta naturaleza.” “Estimo, por el contrario, que va a prevalecer un candidato que represente la continuidad democrática y el modelo económico.” En lo que respecta a Keiko Fujimori, además agrega “cómo elegir a la hija de un dictador que ha sido sentenciado por crímenes de lesa humanidad y que ha saqueado el país” y por supuesto en este aspecto tiene toda la razón. El contrabando de su declaración está en la comparación que hace con Ollanta Humala, y no sólo por la persona del comandante que bien podría o no podría ser el candidato del conjunto de la izquierda nacional en rechazo a los marcados gobiernos corruptos e inmorales de los últimos períodos (Belaúnde, García Pérez, Fujimori, Toledo, García Pérez) sino por la representación que asumiría como candidato “antisistema.”

Además, es bueno aclarar que la palabreja “antisistema” inventada por los sectores inmorales y corruptos de la política, incluido el escritor, parte de la premisa no sólo equivocada sino ridícula, grotesca y extravagante de intentar hacernos creer que existe un sistema de gobierno democrático. ¿Constituye un sistema la inmoralidad? ¿Constituye un sistema la corrupción? ¿Constituye un sistema la manipulación de la conciencia ciudadana? ¿Constituye un sistema la arbitrariedad? ¿Constituye un sistema la injusticia social? ¿Constituye un sistema el hambre y la miseria? ¿Constituye un sistema la falta de salud? ¿Constituye un sistema el abuso del poder político? ¿Constituye un sistema la desnacionalización del país? ¿Constituye un sistema el fraude y la estafa de los tránsfugas el Congreso? Bueno, si para la derecha y los políticos corruptos amparados por esta conjunción de intereses pecuniarios lo existente en el país es un sistema, debemos aceptar que tenemos los valores invertidos y el sentido común de cabeza. En esta dirección, protegidos por el sentido común, los llamados “antisistema” somos en realidad prosistema porque el proyecto de la izquierda impulsa la creación de un verdadero sistema de democracia participativa donde hoy en día no existe ningún sistema de gobierno sino el caos y el desgobierno del sálvese quien pueda. Si Mario fuera honesto consigo mismo y sobre todo decente, lo entendería desde su punto de vista conservador y reaccionario; y por consiguiente se vería obligado a defender principios y no a la corrupción predominante y a los delincuentes políticos como hoy lo hace.

Si le preocupa lo que va a pasar en el Perú, como anuncia el escritor, todavía está a tiempo de participar con sus ideas conservadoras y neoliberales sin llegar a apoyar desesperadamente a esperpentos degenerados, criminales y ladrones como Alan García Pérez o candidatos similares. Si Mario habla de Fujimori como un sanguinario criminal condenado a 25 años de prisión y de haber saqueado el país a su regalado gusto, lo cual es cierto, ¿por qué se contradice apoyando a Alan García Pérez autor y ejecutor de los mismos crímenes asignados al japonés?. Una lástima que vaya perdiendo la lucidez.





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Carlos Angulo Rivas


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