El triunfo electoral del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador

El pasado domingo 15 de marzo en el volcánico territorio del antiguo Cuzcatlán, tierra de riquezas, en lengua nahua de los pipiles, pueblo de la familia azteca que dominaba la región en vísperas de la presencia española, se realizaron elecciones para elegir Presidente de la República,  tal y como ha estado ocurriendo en todas las naciones latinoamericanas desde hace ya varias décadas, superadas como han sido las plutocracias militares que asolaron la geografía del continente. En esos sufragios resultó triunfador el Licenciado en Letras y Periodista, Mauricio Funes, abanderado del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional  (FMLN), organización política, resultante de la metamorfosis experimentada por la guerrilla salvadoreña.   

Al igual que sus hermanas centroamericanas, la nación salvadoreña ha sido dominada por las consabidas oligarquías, heredadas  de la etapa colonial española, que en El Salvador se destacó entre 1913 y 1927, por el predominio de las familias de los Meléndez y los Quiñones, a las que pertenecieron sucesivos presidentes, y como ellas ha compartido una cruenta y común historia. En efecto, la independencia de América Central desde sus primeros intentos se manifestó como una aspiración común a todos los pueblos mesoamericanos, incluido en parte,  México. En este contexto histórico, la ciudad de San Salvador, el 5 de noviembre de 1811, encabezó la primera tentativa independentista, que fracasó. Luego de varios intentos a favor de la causa, el 15 de septiembre de 1821, se proclamó la independencia en el Palacio Nacional de Ciudad de Guatemala, y el 22 del mismo mes, San Salvador la ratificó. Un año más tarde, Guatemala decidió incorporarse a la nueva República Mexicana, a lo cual El Salvador se opuso, siendo sometido por la fuerza. Finalmente, en 1824, se constituyó la República Federal de América Central, con los cinco Estados federados de Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, designándose capital a San Salvador. Los antagonismos surgidos entre unos y otros, encendieron la llama de la guerra civil, que durante el transcurrir del siglo XIX caracterizó la vida política centroamericana y condujo a la atomización actual 

En 1921 y 1922, el país formó parte, sobre el papel, de un nuevo intento de unión, conocido como la República Tripartita, que englobaba El Salvador, Guatemala y Honduras. ya para ese entonces, se pronunciaban las primeras organizaciones sindicales salvadoreñas y en 1931, cuando el corazón del capitalismo norteamericano sufría la famosa depresión, hoy tan comentada, con motivo de la crisis actual, en EL Salvador, accedió a la presidencia el reformista Arturo Araujo, quien en su campaña electoral hizo un sinnúmero de promesas después incumplidas, que provocaron el estallido de incidentes que culminaron en la dantesca matanza de mas de 25 mil personas (revuelta de Izalco), hecho en el cual aparece en el papel de dirigente revolucionario, el colaborador de Sandino en Nicaragua y fundador del Partido Socialista Centroamericano, en Guatemala,en el año de 1925, Farabundo Martí, quien fuera apresado, juzgado por un tribunal militar y finalmente fusilado en 1932, bajo la tiranía del vesánico dictador Maximiliano Hernández Martínez.

Los pueblos tienen infinidad de maneras de recuperar la memoria histórica, es el caso del bravo pueblo salvadoreño, quien supo rendir honores a uno de sus más preclaros hijos, al denominar su heroico destacamento revolucionario, en sus inicios, Ejercito Armado del Pueblo, y ahora, eficaz movimiento político del Pueblo organizado, capaz de ganar en condiciones tremendamente adversas, las elecciones presidenciales, con el nombre glorioso de Farabundo Martí. Antes lo hicieron los nicaragüenses al enarbolar la figura del General de Hombres Libres, conductor del pequeño ejército loco, luchador antiimperialista, Augusto César Sandino. Hace algunos años, nació al unísono del ascenso a la presidencia del Estado mexicano de un reconocido representante de la política neo-liberal, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que exalta la figura heroica de Emiliano Zapata, y acá en Venezuela, en los años de mayor implantación de la camarilla puntofijista y cuando mencionar el vocablo revolución era motivo de burla, surgió de las entrañas mismas de la Fuerza Armada el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que evoca el nombre del mas grande entre los grandes de América, Simón Bolívar, el que “despierta cada cien años, cuando despierta el pueblo”, según lo escuchó Neruda, allá en Madrid, en las faldas del Cuartel de La Montaña, paradero del Quinto Regimiento, y quien pertenece a toda Nuestra América porque a toda ella consagró su vida. Todos esos movimientos, con la excepción mexicana, El Salvador lo asumirá en meses, se encuentran encarando la gran responsabilidad de adelantar los cambios revolucionarios que sus pueblos demandan, tarea que no tiene alternativa reformista, so pena de ser responsables de hacer realidad, la celebre sentencia del viejo sabio de Tréveris, quien señalaba que “la Historia suele repetirse, una vez como drama, otra, como tragedia”, de allí que es el momento de gobernar bajo las premisas que encierran uno de los muchos grandes poemas del malogrado poeta salvadoreño, Roque Dalton,  sacrificado por quienes entonces presumían de ser revolucionarios impolutos, y cuyo cabecilla, Joaquín Villalobos, se pasea cual improvisado “Schoolar”, por las academias y universidades, aquí lo ha traído la oposición apátrida, despotricando contra sus antiguos compañeros y contra las ideas liberadoras que otrora asumiera o aparentara hacerlo. Dice el poeta Dalton, que la obligación de los revolucionarios es actuar “En nombre de quienes cuidan hijos ajenos; en nombre de quienes habitan en viviendas ajenas: en nombre de quienes comen mendrugos ajenos; en nombre de quienes viven en país ajeno; en nombre de quien lo único que tienen es hambre y sed de justicia…”

En la década de los años sesentas, América Latina vivió el auge del movimiento revolucionario armado o de la “lucha armada” como se le denominaba corrientemente. Colombia, cuya data se remonta a finales de la década de los cuarentas y la cual se vincula directamente con los acontecimientos conocidos como “El Bogotazo”, durante los cuales, se truncó la vida del insigne conductor y orador político, Jorge Eliécer Gaitán, ¡otro nombre que espera su reivindicación,! y que todavía persiste, es un caso que dada su complejidad exige un análisis aparte; Venezuela, que entre alzas y bajas combatió durante una década aproximadamente, para terminar pactando un acuerdo que le permitió la incorporación a la lucha legal y cuyos resultados son harto conocidos; Guatemala, donde se combatió por mas de dos décadas y cuyo saldo en bajas mortales tanto de combatientes como de la población civil superó las doscientas mil personas; México, con escasa repercusión tuvo algunos brotes al igual que Perú y Ecuador, así como la guerrilla predominantemente urbana del Movimiento de Liberación Tupamaro, Uruguay, que se caracterizó por su carácter primordialmente urbano. Así mismo, hubo movimientos armados insurrecciónales en República Dominicana, Panamá y Granada, sofocados por la intervención directa de las tropas estadounidenses. Por último, la guerrilla del Che en Bolivia, cuyo desarrollo trágico canceló el camino de la “lucha armada”, aunque no en todos los casos como veremos más adelante. 

Todos los movimientos, con la excepción parcial de Colombia, quien la precede en el tiempo, estuvieron fuertemente influenciados por la Revolución Cubana, hecho que para la época cambió la manera de enfocar el problema del poder político, al demostrar la viabilidad para los movimientos revolucionarios de acceder al mismo, mediante la recurrencia a la vía armada y la instalación de un destacamento revolucionario preferiblemente en zona rural que actuaría como el motor que arrastraría el resto de la maquinaria. Fue lo que se dio en llamar la teoría del foco, atribuida al Che y desarrollada por el intelectual francés Regis Debray.  

Afirmamos en párrafos precedentes, que los intentos guerrilleros  bajo la influencia del hecho revolucionario cubano, desde el venezolano hasta el boliviano  que cubrieron los años sesentas, con la excepción del colombiano, que presenta características diferentes, fracasaron en la consecución del objetivo primordial, a saber, la toma del poder político que permitiera adelantar los cambios que exigen las sociedades,  y que la tragedia de Ñancahuazu en Bolivia, canceló el camino de la “lucha armada” aunque no en todos los casos. ¿Cuáles son esos casos? Esos casos son dos, uno, la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional, (FSLN), en Nicaragua, y dos, la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en El Salvador, ambos son movimientos armados que podríamos calificar de tardíos, aunque en el caso nicaragüense no lo es tanto, pero el caso es que ambos movimientos se desarrollan y toman fuerza, cuando el resto de sus émulos venían de regreso y se habían insertado en la lucha pacifica en casi todos por no decir en todos los casos, con poco o ningún éxito. Otros casos serían el guatemalteco y el argentino los cuales no abordamos por falta de espacio. 

Los Sandinistas demostraron con su lucha, la pertinencia de la vía armada cuando de enfrentar una tiranía se trataba, como era el caso de la dinastía Somoza que usufructuó el poder en connivencia con los intereses trasnacionales norteamericanos y con el apoyo de todas las administraciones, inclusión hecha de los “bondadosos” presidentes F.D. Roosevelt y J.F. Kennedy, el primero le gustaba bromear con la frase que aludía a Somoza García, fundador de la dinastía y asesino de Sandino, como “un hijo de puta pero al fin y al cabo nuestro hijo de puta”, y el segundo recurrió a sus buenos oficios en ocasión de los preparativos de la invasión de Playa Girón o Bahía de Cochinos, en Cuba. Constituyó el segundo caso en que unos combatientes irregulares derrotaban un ejército profesional, (el primero fue Cuba), provisto de un armamento infinitamente superior, lo que les permitió sustituir las tropas regulares por sus propios combatientes y formar, como habían hecho los cubanos su propio ejército. No obstante, los revolucionarios nicaragüenses, respetaron o mejor crearon un sistema pluripartidista y permitieron la libre circulación de la prensa  y las emisiones radiales y televisivas privadas, realizaron elecciones a los seis años que ganaron con holgura y luego tuvieron que destinar todos sus recursos a combatir la contrarrevolución o simplemente “contra” apoyada por EEUU, lo que imposibilitó la aplicación de las políticas a favor de las grandes mayorías para las cuales gobernaban. Finalmente perdieron las elecciones contra una “ama de casa”, que garantizaba la paz al pueblo al tener el apoyo de las fuerzas antisandinistas, quienes cesarían sus acciones de sabotaje y terrorismo si los Sandinistas eran desplazados del poder, cosa que a la postre ocurrió. Los nuevos gobiernos que controlaron el país durante casi dos décadas, actuaron como aplicados alumnos del Fondo Monetario Internacional (F.M.I.) y el Banco Mundial (B.M.), durante diecisiete años, lograron desmontar el programa de alfabetización que había reducido sensiblemente el índice de analfabetismo, igual ocurrió con la ingesta de proteínas y calorías, con la salud pública, hasta hacer de la patria  de Rubén Darío, un país devastado, sólo superado en pobreza por el sufrido pueblo de Haití. Ahora, los Sandinistas están de nuevo en el poder, su país integra la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) y otros organismos ideados por los gobiernos de Venezuela y Cuba, concebidos bajo la óptica de la cooperación y solidaridad entre los pueblos de Nuestra América. 

Los antecedentes de la lucha guerrillera en El Salvador hay que situarlos durante el gobierno del coronel Arturo Armando Molina, entre los años 1972-1973, cuando se da un acrecentamiento de la actividad armada y el país entra en un período de inestabilidad e ingobernabilidad con frecuentes intentonas golpistas, con incremento de las acciones de la guerrilla y de grupos de ultraderecha, de los conflictos sociales, protestas campesinas y estudiantiles que eran objeto de la represión gubernamental. En 1979, ya las fuerzas guerrilleras habían logrado un grado de desarrollo importante, tanto que la Junta Militar dirigida por el coronel Majano las invitó a dialogar. En 1980, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero, defensor de los derechos humanos cae asesinado por elementos afines a la oligarquía. A partir de entonces se observa un reagrupamiento de la oposición izquierdista en torno al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que para entonces fungía de brazo armado del Frente Democrático Revolucionario (FDR), mientras la ultraderecha se agrupaba en el Ejército Secreto Anticomunista (ESA), germen de la Alianza Renovadora Nacionalista (ARENA), apoyada por diversas organizaciones paramilitares y por los EEUU. Al tiempo que se sucedían los gobiernos, a veces producto de elecciones casi siempre fraudulentas y otras producto de golpes militares, en cuyos acontecimientos descollaron los nombres del Social Cristiano Napoleón Duarte, apoyado resueltamente por el gobierno de su correligionario Luis Herrera Campíns, representante de la derecha y de Roberto D´ Abuison, fundador de la ultra derechista Alianza Renovadora Nacionalista (ARENA), la guerrilla aumentaba su poder de fuego y penetraba exitosamente en el estamento campesino. En 1992, tras once años de guerra, se firma en México, bajo la supervisión de la ONU el Acuerdo de Chapultepec, que implicaba el desarme de la guerrilla, el cese formal del fuego, la disolución de los cuerpos de seguridad pública y la creación de una Policía Nacional Civil, además de la legalización del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como partido político. Por último, en marzo de 1993, la Asamblea Nacional aprobó una amnistía general. El resto hasta el día de hoy, es historia más o menos conocida. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), vanguardia organizada, requirió de una lucha armada de más de once años, con saldo de alrededor de 85.000 muertos, mas veinte años de lucha cívica en condiciones adversas, para que la oligarquía compuesta por no mas de catorce familias y sus amos extranjeros que durante toda la etapa republicana han expoliado, humillado y asesinado a los pobladores del pintoresco territorio de Cuzcatlán, reconociera a regañadientes la limpia victoria del pueblo. Como siempre, los sesudos analistas ya comenzaron a regar la especie del distanciamiento del Presidente electo del Presidente Chávez. Ellos no quieren entender que en las decisiones  sobre política internacional y sobre todo cuando se trata de Nuestra América, no la de ellos, no existe ni existirá interés alguno como no sea aquel que fortalezca nuestra unidad. Todos nuestros actos serán actos solidarios, desprovistos del interés mercantilista, a El Salvador lo recibimos revolucionaria y respetuosamente. 

En este cuadro ocurre el triunfo electoral revolucionario en El Salvador, se suma ese pequeño (su superficie es similar a nuestros tres estados andinos juntos) país, al conjunto de naciones en las cuales organizaciones populares han accedido al poder político mediante la recurrencia a elecciones, en medio de condiciones sumamente difíciles, en lucha contra intereses trasnacionales norteamericanos y europeos, con un inmenso poder mediático que ha logrado disociar a grandes mayorías de las capas medias, paradójicamente beneficiarias de muchas de las medidas gubernamentales que perciben potencialmente peligrosas para su plácida existencia. Ocurre también, en momentos en que la llamada “crisis perfecta” estremece el corazón mismo del Imperio, lo afirman varios laureados Nobel de Economía, algunos de ellos exfuncionarios de los entes rectores del sistema, ocurre cuando las remesas de los casi dos millones de compatriotas salvadoreños que laboran en el exterior, fundamentalmente en los EEUU, mermarán y la economía familiar será duramente golpeada, bajo esas condiciones optó el pueblo por el programa de cambios, no hay alternativa, el gobierno que dentro de meses se inicia está obligado a gobernar para sus electores, no puede ceder ante el chantaje de los poderosos de adentro y de fuera, el camino a elegir es duro pero es el único posible. Los pueblos se crecen ante las adversidades. Cuba, en su período especial es un ejemplo. Venezuela, ante el criminal sabotaje petrolero es otro. El Salvador, también saldrá adelante. Por ahora, bienvenido al ALBA y a los otros tratados solidarios que en materia energética y alimentaria se han creado, en ellos será tratado como un hermano más, no importa el tamaño de su geografía.

*Abogado (UCV). MS en Derecho de Integración e Internacional Económico. (UCV) 


 

madgilberto@gmail.com




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