Momento III: Las Dictaduras son de Derecha

De nuevo, veamos si ¿es posible afirmar que una dictadura es de izquierda? Aplicaré un método de caracterización y de comparación basado en la mención de casos que nos permitirá aproximarnos a una respuesta a esta pregunta.

Primero: Los modernos regímenes dictatoriales se han caracterizado por un ascenso al poder político de forma subversiva y violenta, desconociendo las formalidades de las instituciones democráticas liberales y los procedimientos electorales que las originan. La historia reciente nos habla de las dictaduras militares: Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. En contextos similares, encontramos el ascenso de la Junta de Gobierno de 1950 en Venezuela, que nos llevó a dos fraudes electorales: el de abril de 1953 con la Asamblea Nacional Constituyente y el plebiscito nacional del 15 de diciembre de 1957 en tiempos de Marcos Pérez Jiménez. Sin embargo, también existen casos de "dictaduras civiles" como la de Perú con Alberto Fujimori, o la de El Salvador con José Napoleón Duarte.

Segundo: Estos regímenes emplean la concentración del poder en manos de un único individuo o de grupos generalmente militares. También se evidencia coaliciones donde el poder puede llegar a ser compartido entre civiles y militares que asumen posiciones en defensa de los intereses de las clases dominantes, oligarquías o castas políticas que elaboran todo un tejido delictivo que niega al otro y destituye la fuente originaria del poder: la voluntad popular. Los casos más comunes de estas características son Pinochet, Francisco Franco, Leonidas Trujillo y Alfredo Stroessner, entre otros. De igual forma, lo hacen aquellas "juntas de gobierno" que mezclas civiles y militares y que resultan e una especie de consejo de guerra contra su pueblo.

Tercero: Con un manejo autoritario o autocrático de los poderes públicos, Legislativo, Judicial y Ejecutivo, llegan a disolver o avasallar los Congresos o Asambleas Nacionales, intervienen de forma directa en la organización y designación de cargos y magistrados del Poder Judicial, convierten las fuerzas de seguridad pública en organismos de persecución y presionan hasta la dominación a los Tribunales de Garantías Constitucionales para doblegar el ejercicio democrático de la Ley.

Cuarto: La pérdida del principio de gobernanza del Estado de Derecho, por el cual todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se crean y promulgan públicamente, haciéndose cumplir por igual y aplicándose con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos. Las instituciones políticas regidas por dicho principio garantizan en su ejercicio la preeminencia del debido proceso, así como la separación de poderes, la participación social en la adopción de decisiones, la legalidad, la no arbitrariedad y la transparencia legal.

Esto solo traerá consigo una concentración del poder político, una apropiación de los recursos económicos y financieros, y una acción pública sujeta a la decisión de las élites gobernantes; que altera el funcionamiento del Estado, doblega el interés público y supedita los derechos civiles y económicos del pueblo a los requerimientos de estos. Bajo estos esquemas, los espacios teórico-prácticos que constituyen la identidad política de la izquierda: la no exclusión, la igualdad de oportunidades, la igualdad ante la ley y el alcance de los derechos políticos, sociales y económicos, quedan anulados. Las diferentes expectativas que integran a los grupos humanos en esa sociedad y la traducción de sus demandas quedan conculcadas ante la voluntad de la élite y a la espera del deseo benevolente de los mismos.

En las dictaduras, el objetivo es aislar la política, cerrar el consenso y negar el acuerdo: elementos contrarios al espíritu y propósito repolitizante de la izquierda, condicionando severamente la participación popular.

Y es que una de las características de la derecha política es negar, y más sofisticado aún, invisibilizar las demandas que provengan de los sectores populares, que reivindiquen el derecho a un empleo y a un salario digno, el derecho a la educación gratuita y de calidad, el derecho a la salud, a la seguridad social y el derecho a una protección ciudadana por parte del Estado. Estas demandas contravienen las determinaciones teóricas que constituyen la identidad política de la derecha y que, asumiéndose como verdades, no podrían garantizar la preservación de sus privilegios como clases para sí.

¿Entonces, existen dictaduras de izquierda? Pues claramente, no. Los principios teórico-prácticos que constituyen el ideal, la identidad y los valores de la izquierda entran en franca oposición con el ejercicio constitutivo de los regímenes dictatoriales. Sin embargo, la derecha sí podría sostener toda la estructura de un Estado autocrático o totalitario y su desagradable régimen autoritario dictatorial. Y se preguntarán por qué si la derecha lo hace.

Pues la creencia en una ideología individualista que afirma que el orden social y las jerarquías se sustentan en un derecho natural, el obsesivo determinismo de la historia que la justifica en la imposición de políticas que atentan contra la libertad de los sujetos más vulnerables y, en definitiva, el conservadurismo político doctrinario que logra sostener la fuerza del Estado para conservar los desequilibrios o restaurar tradiciones de los pocos sobre los muchos, determina a la dictadura como la herramienta de emergencia que la derecha utiliza para garantizar su permanencia en el control de toda una nación.



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