Daniel Jadue no será presidente

Usted que, como muchos de los integrantes de las grandes mayorías marginadas por el más injusto modelo económico y social que impera en Chile, ha puesto sus esperanzados ojos en el único hombre digno que ha surgido entre la hojarasca de corruptos, acomodados y falsarios que coparon las filas de esa seudoizquierda que quedó después de la caída de la dictadura, usted digo, querrá, cuando menos, agarrarme a patadas por la afirmación tajante del título de este artículo. Con todo, por si le sirve de consuelo, también a mí esta afirmación, lapidariamente objetiva, me duele muy adentro, más aun cuando mi irrenunciable formación marxista no me permite confundir los vehementes deseos con la realidad.

Sin embargo, si usted insiste en mantener la esperanza, le concedo que este articulista como profeta no ha sido muy exitoso. Cuando Barak Obama fue elegido para la presidencia de EE.UU., escribí un artículo titulado "Pavana para un negro difunto", pronosticando, con fúnebre mirada, que el flamante primer presidente electo de color sería asesinado como parte del modus operandi para resolver sus asuntos al que nos tiene habituados la política norteamericana. Afortunadamente me equivoqué, no obstante que mi vanidad de visionario salió muy mal parada. Pero volviendo a "lo que nos convoca", como dice hoy el léxico moderno plagado de siúticos, quiero partir pidiéndole que no me tilde de derrotista. Daniel Jádue, no obstante que, repito, es un oasis en esta pandemia de inmorales que nos asola, y para los cuales aún no tenemos vacuna, carga con lo que para muchos de estos deshonestos es un estigma: es comunista.

Hablar de las virtudes de los comunistas, podría llenar un saco tan grande como hablar de sus errores. En el caso de nuestro país, baste decir que fueron ellos los grandes artífices del triunfo popular de 1970, habiendo trabajado, con paciencia de hormiga y por años, esa gran unidad política y social que condujo al único gobierno auténticamente del pueblo en la historia de este país. En el otro extremo, y a nivel mundial, son los responsable de la caída material de la ideología más esperanzadora que ha construido el hombre, llevada a la realidad por mucho tiempo en casi la mitad del planeta en el siglo XX. ¿Qué de toda esta trayectoria de los comunistas cae sobre las espaldas de Daniel Jadue? Objetivamente que ninguna, ni lo bueno ni lo malo, porque la realidad que hoy vive tanto Chile como el mundo, ha cambiado y los destinos a los cuales parece dirigirse la Humanidad, distan mucho de lo que alguna vez fueron los sueños de los hombres y mujeres de esta tierra hasta el siglo pasado.

Cabe entonces preguntarse: ¿por qué el candidato presidencial más destacado por las encuestas recibe el fuego graneado de la derecha y de la auto proclamada "izquierda democrática"? Que la andanada más odiosa venga de la derecha no merece análisis alguno porque, además de obvia, sólo enaltece la figura del candidato del PC. Pero los ataques, ya sea directos o sibilinos, descargados sobre Jadue por los centroizquierdistas que van desde democristianos a socialistas reblandecidos, son, sin duda, la expresión más genuina del anticomunismo deleznable, aquel que teme mirarse en el embarazoso espejo representado por un hombre consecuente.

Fíjese usted que quienes más se incomodan ante la irrupción impensada del alcalde Jadue, no es la derecha que tiene bien claro cuál será el procedimiento en el hipotético caso que éste llegue a la Moneda, sino el amplio espectro de candidatos de la llamada oposición al actual gobierno, porque las cuentas que sacan para tener opción en sus ambiciones, pasan todas por hundir a esta piedra en el zapato que es el candidato comunista.

No obstante la guerra sucia que mantienen entre ellos, y que se acrecienta a medida que se acercan las elecciones, además de su anticomunismo, estos "izquierdistas" tienen en común otro lado perverso de su política de claudicaciones: la de prosternarse ante la derecha cuando las papas comienzan a quemar demasiado, como ocurrió en el acuerdo falaz a espaldas del pueblo, que se negoció bajo la forma de una incierta Convención Constituyente, que caerá en manos de la derecha con sólo obtener un tercio de los elegidos, y que se cocinó en momentos en que las protestas populares se acercaban al jaque mate de un régimen ya caduco.

Hace pocos días, estos "centroizquierdistas" vuelven a mostrar la cola: se acercan a La Moneda a firmar el "acuerdo de mínimos comunes", como eufemísticamente se le quiso llamar a esta nueva traición que se le llevó a Piñera como ofrenda para ayudar a sostener el podrido andamiaje de un sistema que vuelve a tambalear, y que si se derrumba amenaza dejar sin sustento a todo el espectro de corruptos que se vienen turnando en el gobierno del país por decenas de años.

He ahí, mi amigo lector, por lo cual vuelvo a sostener: Daniel Jadue no será presidente. Toda la piara de anticomunistas, y todos los sucios intereses que mueven a la política chilena, desde socialistas hasta la más recalcitrante derecha, constituyen una muralla hasta ahora infranqueable. Como dice una canción por ahí: realmente "nos falta un Espartaco, que entre a saco".



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