Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona
Strategic Culture Foundation
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La Cumbre de la Unión Europea y los Balcanes Occidentales celebrada el 16-17 del corriente trató los problemas de la integración, pero esto fue eclipsado por otro problema. La reunión resultó un hito que quedará en la historia como el día en que Europa unida desafió abiertamente a Estados Unidos.
Europa no revisará el acuerdo nuclear iraní (JPCOA) ni se unirá a las sanciones contra Teherán que han sido reintroducidas e incluso intensificadas por Estados Unidos. El unilateral retiro de Washington del JPCOA fue la última gota que colmó el vaso y provocó el colapso de la unidad occidental. Los europeos se hallaron contra la pared. No hay razón para discutir una mayor integración o cualquier otra materia si la Unión Europea no puede proteger a sus propios miembros. Pero, actualmente puede.
El presidente Trump tiene sus propias razones para desbaratar el acuerdo con Irán, pero él necesita a Europa para obligar a Teherán a firmar un "mejor" acuerdo. De ser así, el gobierno de Estados Unidos lo haría aparecer como una gran victoria. Washington no se amilana en amenazar a sus propios aliados con medidas punitivas pero la Unión Europea está de pié, lo cual profundiza la desavenencia. Como lo dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk: "con amigos como Trump, ¿quién necesita enemigos?" Según él, el presidente norteamericano "ha despojado a Europa de toda ilusión." El Sr. Tusk desea que Europa "se mantenga al pie del cañón" contra las nuevas políticas norteamericanas. El presidente de la Comisión de la Unión Europea, Jean-Claude Juncker piensa que "Europa debe asumir el puesto de Estados Unidos como líder global" porque Washington le ha dado la espalda a sus aliados. "Washington ya no desea colaborar". Se está alejando "furiosamente" de las relaciones amistosas. El Sr. Juncker piensa que las condiciones están maduras para que Europa "reemplace a Estados Unidos, que como actor internacional ha perdido vigor." No hace mucho habría sido impensable que un alto funcionario de la Unión Europea dijera tales cosas y desafiara el liderazgo global de Estados Unidos. Ahora lo impensable se ha hecho realidad.
El proceso de alejarse de Estados Unidos no se reduce solo a palabras de indignación o abierto desafío. Los planes para tomar medidas prácticas ya están en marcha. Por ejemplo, la Unión Europea abandonará el uso de la divisa monetaria norteamericana en sus pagos por petróleo iraní. Es un hecho. Rusia e Irán ya han lanzado un programa de intercambio de petróleo por bienes con el objeto de dejar atrás al billete verde. El bloque planea activar una ley del año 1996 (el estatuto de bloqueo) que prohíbe a las empresas europeas de aplicar las sanciones norteamericanas contra Irán. La legislación protege "contra los efectos de la aplicación extra territorial de leyes adoptadas por un tercer país."
Las discusiones entre la Unión Europea e Irán ya se están realizando. Y es el aliado más estrecho de Estados Unidos quien se dispone a propinar el primer duro golpe contra la dominación global de Estados Unidos. Es una demostración de un espíritu de "ni retroceso ni rendición" antes que un retroceso total se produzca.
En verdad, esto se aplica solo a un relativamente pequeño sector de actividades empresariales, el mercado iraní de 400 mil millones de dólares no puede compararse con el mercado norteamericano de 18 millones de millones de dólares, pero aquí el factor importante es la demostración de voluntad política para enfrentar el desafío norteamericano. Esta desavenencia se está desarrollando en medio de una inminente guerra económica por el aluminio y el acero, el retiro de Estados Unidos del Acuerdo Climático de París, la reubicación de la embajada norteamericana en Jerusalén sin tomar en cuenta la opinión de sus aliados y la controversia sobre el gasto de la OTAN.
El pasado 15 de mayo los jefes de la defensa de la Unión Europea durante una reunión del Comité Militar de la Unión Europea para discutir una integración más profunda y una política defensiva independiente, la cual contempla una mayor eficiencia con la meta de reducir el gasto, dado que Estados Unidos exige aumentar aquellas partidas bajo los auspicios de la OTAN. El acuerdo PESCO es la espina dorsal de la política defensiva de la Unión Europea que es, además, estrictamente europea.
Sandra Oudkirk, Subsecretaria de Estado para la Energía justamente acaba de amenazar con sanciones contra los europeos si continúan con el proyecto gasífero Nord Stream 2 para llevar gas desde Rusia a Europa a través del Mar Báltico. Ese país también es visto por Estados Unidos como un adversario y su enfoque es en gran medida el mismo: emitir órdenes para que Europa adopte una política de confrontación –haga como se lo decimos sin hacer demasiadas preguntas.
Irán y el proyecto Nord Stream 2 unen a Moscú y a Bruselas en oposición a este dictado. El día 17 de mayo Irán firmó un acuerdo provisional de libre comercio con la Unión Económica Euroasiática (EEU sigla en inglés) encabezada por Rusia, que intenta aumentar los actuales niveles de comercio evaluados en 2,7 mil millones de dólares. El acuerdo rebaja o elimina los gravámenes aduanales. También establece un período de tres años para alcanzar un acuerdo comercial permanente. Si Irán se convierte en miembro de la agrupación, ampliará su horizonte económico más allá de la región del Medio Oriente. De este modo, Europa y Rusia están en el mismo bando, ambas manteniendo conversaciones con Irán sobre cooperación económica.
El presidente Donald Trump ha dado recientemente instrucciones al Secretario de Estado Mike Pompeo para que prepare una lista de nuevas sanciones contra la Federación de Rusia por supuestas violaciones del Tratado de 1987 sobre Armamento Nuclear de Alcance Intermedio (INF sigla en inglés). Este es el acuerdo que Estados Unidos de manera abierta e indignante ha infringido. Pero, nadie en Europa ha anunciado que ellos quieren que el armamento norteamericano de alcance intermedio con cabezales nucleares en su territorio sea retirado, puesto que sería blanco de un potencial ataque de represalia de parte de Rusia. Se trata de un ejemplo más de problemas europeos cuyo proceso de toma de decisiones está ubicado en Washington.
Si Europa resuelve eludir los dictados de Estados Unidos en su política relacionada con Irán, ¿Por qué debería conciliar con la presión para mantener intactas las sanciones contra Rusia? El día 17 de mayo marcó el giro en la relación de Europa con Estados Unidos. Los europeos cerraron filas para resistir una política que atropella sus derechos para decidir su propio destino. Es Europa y no Estados Unidos quien resulta negativamente afectado por las medidas punitivas, creando grandes divisiones al interior de la Unión Europea en momentos en que la agrupación se enfrenta con muchos problemas. Las condiciones están maduras para que Bruselas detenga este caos de sanciones y contra sanciones y apueste a sus propias e independientes políticas respecto de Rusia, Irán, la defensa y otros asuntos que protejen los intereses nacionales europeos, no norteamericanos.
El día 17 de mayo es el día en que se inició la revuelta y no hay vuelta atrás. Europa ha dicho adiós a la unidad transatlántica. Ya estaba harta.
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