Un Premio Nobel de la Paz incompleto para Colombia

El premio Nobel de la Paz le fue conferido al presidente Juan Manuel Santos por sus gestiones y negociaciones para alcanzar la paz en Colombia en un diálogo de seis años entre su gobierno y los altos mandos del poderoso ejército guerrillero de las FARC-EP. Haber logrado acallar las armas en Colombia tras 68 años de incesante lucha y violencia es un hecho indiscutiblemente positivo, una violencia cuyos orígenes se ubican el 9 de abril de 1948 en Bogotá cuando fue asesinado brutalmente el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y se produjo el llamado 'Bogotazo', que costó 300 mil muertos, cifra espantosa que lleva sobre sus espaldas la oligarquía colombiana, autora intelectual y material de aquel horrendo crimen y genocidio, el Estado burgués y factores externos que involucran al gobierno norteamericano de entonces.

A partir de aquellos terribles sucesos no hubo nunca más paz para el pueblo colombiano. La oligarquía, las clases dominantes colombianas hicieron norma el terrorismo de Estado, las más brutales represiones contra el pueblo trabajador del campo y la ciudad, una agresiva lucha de clases a partir del terror más despiadado. Así comienzan a conformarse núcleos armados de autodefensa ante la arremetida brutal del Ejército Colombiano y sus bandas paramilitares, nacieron las primeras guerrillas siendo el legendario Comandante Manuel Marulanda unos de los iniciadores en distintos puntos de la geografía colombiana. Era el pueblo que comenzaba a dar respuesta a los desmanes de los gobernantes despóticos y tiránicos, aliados a potencias extranjeras. 'El Pato', 'Guayabero' y muchos otros lugares selváticos fueron escenarios de aquellas luchas. Las selvas y montañas de Colombia albergaron a aquellos grupos de campesinos, obreros, estudiantes, intelectuales, religiosos, indígenas que se fueron a tomar las armas, primero para evitar el acoso, la persecución y el asesinato de los gobiernos civiles y militares, después bajo ideales redentores, un programa político con profundas propuestas de cambio, dirigidos por vanguardias revolucionarias, dirigentes y militantes comunistas, socialistas, cristianos de izquierda que se plantearon el derrocamiento no sólo de los serviles gobiernos pro imperialistas de turno sino del modelo capitalista mismo y sustituirlo por una propuesta socialista a la colombiana, que acabara con las injusticias seculares, la explotación, la eterna y secular violencia y el entreguismo de la soberanía colombiana.

La visión que tienen amplios y densos sectores no sólo de Colombia, sino de Venezuela y el resto de Latinoamérica y el Caribe es que el premio Nobel entregado al presidente Juan Manuel Santos no fue justo en el sentido que pareciera que él fue el único que bregó por la paz, quedando por fuera un actor fundamental y decisivo como lo son las Farc-EP y sectores tan importantes como la revolucionaria Piedad Córdova y el movimiento por la paz en Colombia que ella representa y que tantos esfuerzos hizo porque se lograran finalmente los acuerdos. Igual con países como Cuba y sus dos más importantes líderes, Fidel Castro y Raúl Castro, que abonaron el terreno para las conversaciones con ese noble y solidario gesto propio de la Revolución Cubana; Venezuela y la participación estratégica y decisiva del comandante Hugo Chávez Frías, que ni se le nombra, salvo los comandantes guerrilleros, aun cuando sí reconoció el presidente Santos en su discurso los muchos países que trabajaron por la paz colombiana. . Claro, sería demasiado pedirle a la organización que otorga el premio, al Comité Noruego del Nobel, que otorgasen el mismo al binomio Santos/Farc como era lo correcto, lo justo. El premio para que adquiriese dimensiones estratégicas, nacional y realmente justicieros debió ser a los dos actores principales. Allí en esa decisión hay una clara posición de clase: Santos representa a la burguesía, a la oligarquía colombiana. Las Farc/EP representan al vasto mundo del pueblo humilde y oprimido. Si ese Comité le dio el Nobel de la Paz al presidente norteamericano Barack Obama que ha practicado el intervencionismo y el genocidio todos estos años en muchas naciones del orbe, pretender que se lo dieran a un movimiento insurgente como las guerrillas quizás era como pedir demasiado a un organismo, que además de recibir presiones de diverso género, actúa desde su posición de clase. Se individualizó el premio y lo consideramos un error y ese hecho no recoge la totalidad de la verdad histórica y política de Colombia. Por ejemplo en la entrega del Premio Nobel estaba presente una delegación de las víctimas, todas de las guerrillas, ninguna del Ejército regular y los paramilitares. Santos sólo habló de la violencia de las Farc-EP, pero no la del Ejército Colombiano, de los grupos paramilitares, de los falsos positivos y el genocidio.

Y si saludamos, con las reservas señaladas, en primer término los acuerdos de paz alcanzados, pese a los francotiradores del uribismo y su activísimo paramilitarismo asesinando a diestra y siniestra a los líderes populares que luchan por la paz, y este Premio Nobel de la Paz que reconoce el Comité en una sola persona el esfuerzo de seis años de diálogo y conversaciones, quedaron fuera de los acuerdos algunos puntos nodales para el futuro de esa paz tanto en Colombia como en la región, nos referimos a las 7 bases militares norteamericanas clavadas en Colombia, la pertenencia de Colombia al siniestro pacto europeo de la OTAN y la existencia de más de 600 mil efectivos militares cuyo altísimo volumen parece no justificarse ahora que terminó la guerra y comienza un período de paz que va a tardar varios años. Ni las Farc-EP ni el gobierno del señor Santos se refirieron a esos tres estratégicos aspectos y los acuerdos de paz ni tangencialmente los mencionan. Esperemos no se repita, una vez depuestas las armas, la persecución y el asesinato de los exguerrilleros, ahora incorporados a la vida civil, tal como ocurrió con los excombatientes de la Unión Patriótica, 5000 asesinados sin justificación, igual centenas de militantes del M-19 asesinados de manera artera.

Hay razones históricas para tener reservas. Esperemos, por ejemplo, cuando se ponga en práctica el programa agrario que plasma el programa de los acuerdos de paz. Problema crucial, la tierra que les fue arrebatada por la fuerza por los latifundistas y el paramilitarismo a miles de campesinas que fueron asesinados o expulsados de sus tierras, o cuando los campesinos desplazados comiencen a llegar a sus lugares de origen. El paramilitarismo que no se pacificó o cambio de ropaje, asecha, espera para tratar de cobrarle a sus enemigos del movimiento revolucionario lo que ellos consideran son viejas deudas. ¿Qué dice de eso los Acuerdos de Paz? Ya fueron asesinados dos guerrilleros, ¿ese fue un aviso o aquel pase insolente de un avión de guerra en una abierta provocación cuando hablaba el lider de las Farc-EP, Timochenco, en Cartagena cuando se firmaban los acuerdos de paz y estaban representantes y gobernantes de todo el mundo?

Las Farc-EP, ahora como movimiento político, tienen un tremendo reto, preservar sus cuadros, organizarse y luchar por sus objetivos políticos, la lucha por el poder político en el marco de la paz y con las herramientas no pocas veces fraudulentas del sistema electoral burgués. Ahora pareciera que son más vulnerables, confiemos en la capacidad, agudeza e inteligencia de sus líderes y lideresas y en su vertiginoso desarrollo político en tiempos de paz, su contacto con el sufrido pueblo colombiano, ese mismo pueblo que mayoritariamente se abstuvo de votar durante el plebiscito. (10/12/16) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola) (revistacaracola.com.ve)

 

 



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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

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