¡Hasta cuando Colombia!

A lo largo de toda su vida republicana Colombia no ha tenido un gesto de solidaridad con Venezuela, distinto a aquel de haber apoyado a Simón Bolívar con hombres, armas y pertrechos, para que iniciase desde Cúcuta a comienzos de 1.813, aquella formidable acción militar conocida con el nombre de La Campaña Admirable, que marcó la derrota de las tropas españolas, le valió la ratificación del título de “El Libertador”, que le fuese concedido por el Cabildo de Mérida a comienzos de la misma, e hizo posible la instauración de la Segunda República venezolana. Y conste que no se trató de una concesión graciosa del gobierno neogranadino, sino de la natural recompensa hacia el venezolano que meses antes, mediante una relampagueante campaña, puso en fuga a todas las fuerzas españolas acantonadas en esa antigua colonia. Muy poco tiempo tardó El Libertador en devolver el gesto, logrando la definitiva independencia de la Nueva Granada, con los clamorosos triunfos de Pantano de Vargas y Boyacá (1.819), con un ejército conformado mayoritariamente por llaneros venezolanos, después de una muy ardua travesía desde Angostura, en pleno invierno, que incluyó el dificultoso paso de la Cordillera de los Andes.

 

Los conocidos casos de la convocatoria de los Estados Unidos al Congreso Anfictiónico de Panamá (1.826) hecha por Santander, a la sazón Gobernador del Departamento de Cundinamarca (Colombia), en contravención de las órdenes expresas de El Libertador y la asonada magnicida de 1.928, encabezada por el mismo Santander son acciones innobles, demostrativas a mi juicio, de una gratuita animadversión hacia Venezuela y el propio gentilicio venezolano.

 

Poco tiempo después de la desintegración de Colombia La Grande, sellada por la desaparición física de El Libertador, se inician las discusiones para la fijación de límites entre Venezuela y Colombia. Arduo proceso iniciado en 1.833, que pasó por un proyecto de acuerdo (Tratado Michelena-Pombo), no ratificado por nuestro Congreso Nacional, por implicar una pérdida importante de territorio en la zona de la Guajira, un Laudo Arbitral Español, de 1.891, que consagró mayores despojos territoriales, tanto en la misma zona, como en la frontera sur, un fallo del Consejo Federal Suizo (1.922), que ratificó y profundizó el despojo del Laudo Español y una labor conjunta de demarcación y colocación de hitos, que condujo a la firma, el 5 de Abril de 1.941 del “Tratado de Demarcación de Fronteras y Navegación de los Ríos Comunes”, que ha supuesto para Venezuela una pérdida territorial de entre 100.000 y 150.000 km2. La posición central de Colombia a lo largo de dicho proceso fue la de un desconocimiento flagrante de los títulos españoles de la época colonial, que definían los límites de la antigua Capitanía General de Venezuela, la cual logró traducir en ventajas otorgadas por los árbitros, claramente parcializados a favor de ella con actitudes como el apoyo diplomático a la pretensión española de conservar sus colonias americanas de Cuba y Puerto Rico y la acusación de que Venezuela favorecía la independencia de dichos territorios.

 

La única bondad que podría reconocérsele al tratado de 1.941, que era la de dar por terminada la discusión limítrofe, dando paso a un deseable período de cooperación y solidaridad para acometer las tareas comunes asociadas al desarrollo de ambos pueblos, como correspondería a naciones vecinas con orígenes étnicos e históricos comunes, fue  prontamente neutralizada por Colombia, que en apoyo a la materialización de unos derechos que dice tener sobre una parte del Golfo de Venezuela, ha intentado incursiones bélicas sobre el archipiélago de Los Monjes (fragata Almirante Padilla, 1.952) y en el Golfo de Venezuela (Corbeta Caldas, 1.987), exitosamente repelidas por los gobiernos de la época, así como innumerables acciones y presiones de carácter diplomático, ejercidas hasta la época actual.

 

La línea fronteriza resultante de este tratado, con una longitud cercana a los 2.300 km., desde siempre ha sido escenario de una gran cantidad de problemas asociados al contrabando, la inmigración ilegal, el narcotráfico y al accionar de la guerrilla revolucionaria que combate en Colombia desde 1.948, al paramilitarismo, de más reciente data, y al hampa común, con un gran impacto negativo sobre Venezuela, debido fundamentalmente al estado de abandono en que la tienen sumida las autoridades colombianas, que cuentan con una fuerza militar de custodia que es 5 veces inferior a la que tiene destacada Venezuela.

 

Sirva este extenso preámbulo para destacar que las muy problemáticas relaciones actuales con Colombia, que son el objeto de estas notas, no son nada nuevo, a la vez que tienen que estar inscritas en lo que siempre ha sido una auténtica política del estado burgués colombiano hacia Venezuela, signada por  una absoluta falta de equidad y de reciprocidad, que no acabo de entender por qué carajos hemos tolerado y tendríamos que seguir tolerando.

 

Los esfuerzos que ha hecho la Revolución Bolivariana, fundamentalmente en cabeza del Comandante Chávez, para asimilar al país con similares derechos que los nacionales a una parte importante del  vasto contingente migratorio procedente de Colombia, lo mismo que los realizados en materia de integración y en especial el esfuerzo destinado a colaborar con el restablecimiento de su paz interior, a solicitud de sus mismas autoridades, han caído en saco roto, de manera que podríamos decir sin exagerar un ápice, que no sólo no han tenido el efecto de mejorar las relaciones, sino que los problemas se han visto incrementados a raíz del advenimiento de nuestra revolución.

 

A continuación pasaré a presentar un listado de lo que considero los más importantes problemas que confrontamos en la actualidad con el vecino país:

 

  • El contrabando de extracción de combustibles

Según declaraciones del Ing. Rafael Ramírez, cada día pasan a Colombia, de manera ilegal, el equivalente a 100.000 barriles de hidrocarburos, de los 700.000 que se consumen en el país, lo cual significa que por ese sólo concepto estamos subsidiando a la economía de Colombia, de manera involuntaria desde luego, con unos US $1.800 Millones (12.600x100.000/700.000), anuales. Para tener idea de la magnitud de este monto, podemos decir que el mismo representa un poco más de 3 veces el monto de nuestras exportaciones a Colombia durante el año 2.012, que fueron de US $ 598,8 millones. Fácilmente se puede entender que nuestra desbalance comercial con el vecino país desaparecería sólo con que le vendiésemos el combustible que se llevan ilegalmente, a precios internacionales, como lo hacemos con todos nuestros clientes, incluidos los de Petrocaribe, que tanto escozor generan en la dirigencia de la oposición apátrida, la misma que, sin embargo, parece “amar” entrañablemente a Colombia y a su gobierno.

 

  • El contrabando de Extracción de Alimentos

Con arreglo a unas muy recientes declaraciones del Camarada Diosdado Cabello, entre un 30 % y un 40 % de los alimentos que estamos importando, está siendo llevado ilegalmente a Colombia. Yo me preguntaría, cual es el porcentaje de alimentos y artículos de consumo masivo, fabricados en el país, que también esta siendo objeto del contrabando de extracción hacia ese vecino país. No me he esmerado en conseguir cifras sobre el monto en divisas extranjeras de este despojo, pues considero que su impacto social, en momentos en que estamos siendo víctimas de un feroz desabastecimiento inducido, puede ser fácilmente evaluado por todos.

 

  • La presencia de un vasto contingente de inmigrantes

Para el año 2.011, vivían en el territorio nacional unos 5 millones de ciudadanos colombianos, cifra astronómica que representaba el 17,85 % de nuestra población y un 10,41 % de la población actual de Colombia.

Para tratar de comprender el impacto de esta migración, analicemos lo dicho al respecto por un sacerdote de Petare, Bruno Reanud, quien tiene 72 años de edad y 45 viviendo con los pobres en los barrios, referido por el Camarada Germán Saltrón Negretti, en un reciente artículo: “Los sociólogos han notado que, cuando en un país determinado, la ola de inmigrantes alcanza el 7% de la población receptora, ésta tiene la impresión muy desagradable de una "invasión". Cuando la cifra de inmigrantes aumenta por encima de esta cantidad, se multiplican los reflejos de hostilidad o xenofobia”. Es admirable pues la hospitalidad del venezolano común.

Prosigue el Padre Reanud diciendo: sin duda tal cantidad de inmigrantes representa un cúmulo de problemas, institucionales y personales. Tal situación se hace más sensible en todo el estado Miranda. En Petare, es bueno reconocerlo con franqueza: son numerosos los venezolanos que nos sentimos desbordados por lo que aparece como desfachatez, irrespeto a las costumbres locales, incultura (!ruido! !basura! ) y más aún violencia, de parte del colombiano recién integrado.
Continúa preguntándose: ¿Integrado? Este es el problema. Según Juan Carlos Tanus de la ONG “Colombianos en Venezuela”, 9 de cada 10 colombianos no participan en ninguna organización comunitaria en el país. Y concluye este lúcido y comprometido sacerdote, diciendo: “Esto es un error. Si el hermano colombiano quiere, a plazo, evitar la hostilidad del venezolano, tiene que saber agradecer, y participar de manera respetuosa, constructiva y activa en la vida local”.

 

  • La injerencia en los asuntos internos de Venezuela

En varias ocasiones las autoridades nacionales colombianas han recibido oficialmente a los máximos dirigentes de la oposición apátrida, quienes le han solicitado intervenir de una u otra forma en nuestros asuntos, haciéndose reos del delito de traición a la patria. Así mismo, son múltiples las oportunidades en las que las autoridades de frontera han permitido la celebración de actos públicos hostiles a nuestro país y a nuestra revolución y han recibido y apoyado a los exponentes más genuinos de nuestra oposición fascista: Leopoldo López y otros más.

 

  • La tolerancia extrema con delitos cometidos en contra de Venezuela

Ejemplo de ello es una reunión celebrada en territorio colombiano en fecha 13 de junio de 2013, con asistencia de los representantes de 3 organizaciones políticas colombianas, dirigentes de la oposición venezolana, como María Corina Machado, Julio Borges y Ramón Guillermo Aveledo, el experto en guerra psicológica, J.J. Rendón, y el encargado de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) para América Latina, Mark Feierstein, para suscribir el plan conspirativo internacional que se denominó “Plan Estratégico Venezolano”, algunas de cuyas directrices, en especial las relativas a la guerra económica, nos sigue aplicando actualmente la oposición fascista. Nada hicieron las autoridades colombianas para impedir la realización de tal cónclave golpista, ni por alertar a nuestras autoridades sobre su celebración y ello a pesar del rol protagónico de nuestra Cancillería en la promoción de las conversaciones que en búsqueda de la paz tienen lugar actualmente en La Habana.

 

Si me tocase escribir nuevamente estas notas pienso que podría titularlas: “Hasta cuando nos dejamos joder por Colombia”, “Hasta cuándo nos desangra Colombia” o siguiendo al refranero castellano: “No hay nada mas peligroso que un mal vecino”.

 

Camaradas Nicolás Maduro y Diosdado Cabello: me encuentro muy lejos de pensar que ustedes están creyendo que con medidas como la anunciada por la Camarada Tarazona, de la  mano del nuevo marco legal aprobado en materia económica, se podría poner fin al contrabando de extracción cuyas nefastas consecuencias amenazan seriamente con hacernos perder la guerra económica. De igual forma, pienso que poco o nada cabría esperarse, en esa misma dirección, de la reunión pautada con las autoridades colombianas para el próximo 06 de Febrero. Quiero creer, sin embargo, que estando en  juego como efectivamente lo está, el futuro de nuestra revolución, ustedes sabrán diseñar e implantar las medidas necesarias.

 

No podría terminar estas notas sin antes reiterar lo planteado en notas anteriores, en el sentido de la conveniencia de implantar la única medida de carácter pacífico que ha demostrado tener alguna eficacia a lo largo de esta larguísima cadena de desencuentros con nuestros vecinos de la frontera occidental, que no es otra que el cierre total de la frontera. Considero que dicha medida serviría para poner coto al contrabando de extracción al mismo tiempo que daría a entender a nuestros vecinos que estamos decididos a “plantarles cara”.

 

Hasta encontrar soluciones a esta problemática el único intercambio posible con Colombia debe ser el de aquellos inmigrantes que tengan las características indeseables que señala el Padre Reanud, los cuales deberían ser puestos de inmediato del otro lado de la línea fronteriza, sin posibilidad de retorno. ¡Allá sus gobernantes y sus conciudadanos si los toleran!

 

clippor@hotmail.com



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