El Dolar gringo es una estafa y aqui lo demostramos: ¿Por qué seguimos devaluando la revolución?

El pasado 15 de enero, el Presidente Nicolás Maduro había insistido en que no se modificaría el tipo de cambio de Bs. 6,30 por dólar estadounidense, lo cual celebramos y consideramos oportuno: no hay razones para otorgar más valor a una moneda inorgánica que se ha depreciado –en todo el orbe- más de 30%, en 14 años. Sin embargo, este 22 de enero, Rafael Ramírez, Vicepresidente para el Área Económica, ofrecía una rueda de prensa y dejaba en entredicho lo afirmado por Maduro siete días atrás. En resumidas cuentas, sólo quedaba la tasa de Bs. 6,30 para alimentos y medicinas, todo lo demás pasaba al “dólar SICAD” a un monto de Bs. 11,30. Por lo anterior, en menos de un año el bolívar se ha devaluado más de 120%, lo cual es algo inaudito en un contexto de crecimiento económico y estabilización de los importes del crudo a escala global. ¿Por qué persistimos en los mismos errores?
 
La injustificada devaluación de febrero de 2013 la criticamos y la rechazamos. En ídem dirección, esta devaluación “de facto” al estilo SICAD merece todo nuestro reproche. Es cierto, la Revolución ha aumentado 53% el salario mínimo en los últimos meses para compensar el impacto de una desvalorización de nuestro signo monetario de 46%, en 2013. El detalle es que la guerra económica engendró una burbuja inflacionaria escudada en la escasez artificial y ello ha vapuleado más el poder adquisitivo de la clase trabajadora vernácula. Por lo tanto, una novel devaluación sólo empujaría al alza los precios de los artículos a “dólar SICAD” y de los que permanecen –en teoría- a Bs. 6,30: sabemos que “el negocio” de la parasitaria clase empresarial-comerciante es la especulación cambiaria y no la producción de bienes, de servicios. Por lo pretérito, el incremento de salarios en 53% se volvería “sal y agua” para las masas. Caer en la celada del mercado paralelo es un juego que nunca se acabará: así devaluemos diez veces el bolívar, el “dólar ilegal” seguirá subiendo, ya que los factores que lo establecen son netamente artificiales.
 
DESDE CÚCUTA SE REALIZA UN ATAQUE MASIVO CONTRA NUESTRO BOLÍVAR: ¿QUIÉN DETIENE ESO?
 
Para nadie es un secreto que la urbe neogranadina de Cúcuta es el foco de confabulación contra nuestra moneda de curso legal. Con la asesoría de agencias estadounidenses como la DEA, el FBI y la CIA, se efectúan operaciones cambiarias especulativas para atacar al bolívar y desestabilizar nuestro proceso político: el dinero utilizado para tales fines es de oscura procedencia. La DEA, verbigracia, es el gran cartel de Estados Unidos para controlar la producción y transporte de estupefacientes, desde Colombia y México, hasta su posterior distribución en Estados Unidos. Lo de “agencia antidrogas” es una fachada jurídica y mediática, mas el fin de la DEA es salvaguardar la segunda industria sin chimeneas del capitalismo: el tráfico de drogas. Estados Unidos de América es el mayor patrocinador del narcotráfico en el planeta y Afganistán es una de las pruebas más fidedignas: la producción de opio en dicho terruño se fue al cénit (1.400%) apenas el imperialismo desalojó a los talibanes, en 2001, y se impuso el régimen títere de Kabul. En nuestra vecindad, desde la implementación del célebre “Plan Colombia”, se han apuntalado el comercio de la droga y la presencia militar yanqui en coordenadas neogranadinas; en México, el objetivo de Washington ha sido fragmentar el país, impedir el avance de la izquierda y erigir un proveedor más cercano de alucinógenos, ya que traerlos desde América del Sur resulta más oneroso. La reducción de costos de las drogas es una aguda preocupación de la DEA y el “establishment” gringo: en EEUU hay más de 44 millones de consumidores de cocaína, por ejemplo.
 
El “dólar paralelo” es una entelequia de manufactura “narco” y es otro frente de la agresión imperialista contra Venezuela: se establece una cotización ficticia del dólar estadounidense y se busca, día a día, profundizar más la brecha entre éste y el tipo de cambio oficial. Estamos ante un escenario absurdo e inédito en toda la faz de la Tierra: el único lugar donde el apaleado billete verde cobra un valor desmesurado y delirante es en Cúcuta, el eje de operaciones de la conspiración. El sobrevaluado peso colombiano es otra pieza de la pantomima: su desorbitada estimación con respecto al bolívar es una estratagema de empresarios, de allá y de acá, para incentivar el turismo de colombianos a Venezuela al forzar un “bolívar barato”. Al final se aprovechan ambos bandos: los operadores turísticos de Bogotá venden más paquetes vacacionales hacia nuestro país y los patronos apátridas, de este lado, reciben a neogranadinos que derrochan a manos llenas debido a la “debilidad” del bolívar venezolano. Lo previo es el objetivo alterno del “dólar paralelo”: que los visitantes de la “hermana República” obtengan más bolívares por cada dólar y, por ende, estos gasten más en Venezuela. ¡Así de simple!
 
LA ESTAFA DEL BILLETE VERDE Y SU INAPLAZABLE HECATOMBE
 
Desde 1971, el dólar estadounidense no está respaldado por ningún metal precioso, como el oro o la plata, lo cual es muy grave al tratarse de una moneda de reserva. El poderío económico y militar de Estados Unidos se ha encargado, desde entonces, de eliminar a los competidores del “sacré dollar”: a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus programas de ajuste, borró del horizonte al bolívar venezolano, en 1983. Cuando Saddam Hussein quiso utilizar el euro, en vez del dólar, para procesar las ventas de petróleo de Irak, Washington derrocó a su ex aliado; cuando Gaddafi propuso una moneda panafricana y cesar la dependencia de “los Bejamines”, el imperialismo inundó de paramilitares a Libia y asesinó al líder de la Revolución Verde. En Siria se arreció la intervención criminal de EEUU debido a que el gobierno de Bashar al-Assad prescindió del dólar gringo para sus intercambios comerciales con el exterior. En fin, el Imperio estadounidense sabe que su papel de única superpotencia global depende del dólar y si éste cae, EEUU se desmoronaría en un abrir y cerrar de ojos. En el marco de la Segunda Gran Depresión Capitalista, el espectro del “default” o cesación de pagos deambula por los recovecos de la primera economía del mundo y si Washington no lograse cumplir con sus acreedores, la hegemonía del dólar se despedazaría.
 
Para explicarlo de manera más didáctica: el billete verde es un cheque “sin fondos” que es aceptado en todos lados por la reputación del emisor. Sin embargo, cada vez son menos quienes confían en ese “cheque”: estos prefieren refugiarse en el oro o la plata, u otras monedas como el yen japonés o el franco suizo (*). Si el metal áureo alcanzó un pico de 1.800 dólares la onza, antes de abril de 2013, no fue por casualidad: ello devela la calamitosa depreciación de 5.400% del tótem dinerario estadounidense, en 40 años. De hecho, la Reserva Federal ha manipulado el mercado del oro en papel con el objetivo de desplomar su cotización y cerrar la zanja con respecto al dólar, pero la demanda de oro físico no ha mermado. Esto nos obliga a inquirir: ¿cómo pueden disminuir los importes de los metales preciosos si las adquisiciones no paran y estos se hacen más exiguos? ¡Bingo! La Reserva Federal pretende fondear el precio de los lingotes dorados y evitar una corrida masiva de capitalistas que deseen deshacerse de los dólares a favor del metal áureo. Con el bolívar, la estratagema de pánico, desde Cúcuta, es a la inversa: inducir a que la gente huya de éste y se haga de dólares o pesos, verbigracia.
Si comparamos un billete de un dólar de 1957 y otro de 1995, caeremos en cuenta de la falacia del siglo. En el primero, el de 1957, en la parte superior del anverso está la leyenda en inglés: “Silver Certificate. This certifies that there is on deposit in the Treasury of The United States of America”. (Certificado de Plata. Esto certifica que hay en depósito en el Tesoro de Estados Unidos de América). En la parte inferior, debajo de la cara de George Washington, se lee: “One dollar. In silver payable to the bearer on demand”. (Un dólar. Pagadero en plata al portador cuando éste lo requiera). A mano izquierda del retrato de Washington, tenemos el siguiente texto: “This certificate is legal tender for all debts, public and private”. (Este certificado es moneda de curso legal para todas las deudas públicas y privadas). C’est-à-dire, en 1957, un billete de un dólar era un “certificado de plata” que era canjeable por esa aleación y por lo tanto éste gozaba de credibilidad. La Reserva Federal garantizaba en sus billetes que ello fuese así (**). Por el contrario, en el ejemplar de 1995 el discurso cambia y yace de esta manera: “Federal Reserve note. The United States of America”. (Billete de la Reserva Federal. Estados Unidos de América). ¿Qué desaparece? Se omite cualquiera alusión a “certificado” o “plata”, así como al depósito en el Tesoro de Estados Unidos. Curioso, ¿no? Más adelante, en el lado inferior, tenemos la escueta frase: “One dollar”. (Un dólar). Se elimina toda cita a la plata o al portador. Para rematar, a la izquierda de George Washington el texto queda así: “This note is legal tender for all debts, public and private”. (Este billete es moneda de curso legal para todas las deudas públicas y privadas). En conclusión. Dólar de 1957: un certificado convalidado por plata para cancelar pasivos. Dólar de 1995: un trozo de papel sin valor que simboliza más deuda. ¿Será conveniente que éste siga siendo una referencia para el bolívar? Desde luego que no.
 
HAY QUE COTIZAR EL PETRÓLEO EN BOLÍVARES Y APLASTAR LA ESPECULACIÓN CAMBIARIA
 
Perpetuar el caduco esquema de las devaluaciones periódicas es reeditar el proceder de la Cuarta República y nos aleja de la vía al socialismo. Hay que trascender la dinámica puntofijista de servirse de este abyecto mecanismo para obtener más bolívares, en lugar de optimizar la recaudación tributaria, pechar con gravámenes más severos a los juegos de envite y azar, y ajustar el monto de los carburantes, por ejemplo. Mientras continuemos atados al inorgánico dólar estadounidense, la especulación cambiaria será más “rentable” que producir bienes y servicios en el país: numerosas empresas reciben los dólares del Estado pero no los invierten en las áreas correspondientes, los introducen en la centrífuga del mercado paralelo reiteradas veces y después sacan los capitales fuera de Venezuela. ¿Cuál sería la solución? Pues, hacer del bolívar venezolano una moneda internacional.
 
Si disponemos de las mayores reservas de petróleo del mundo y nuestros yacimientos auríferos son de los más vastos en el planeta, ¿por qué el bolívar no puede ser una divisa? La cotización del crudo en nuestro signo monetario abriría las puertas para que el bolívar fuese aceptado como medio de desembolso en otras naciones. El Mercosur y socios como la República Popular China o la Federación Rusa, serían los primeros en negociar con bolívares para realizar transacciones relacionadas con los hidrocarburos y ampliar el abanico de opciones a otros productos no tradicionales de exportación. Las compañías públicas y privadas nacionales podrían remunerar en bolívares a sus proveedores foráneos. Igualmente, los venezolanos podrían viajar al exterior sin necesidad de poseer dólares, al menos hacia los destinos previamente mencionados. A medida que más países consideraran el bolívar una alternativa sólida y fiable, como lo era hasta 1983, éste sería bienvenido en un mayor número de sitios. Si no damos este paso decisivo y nos liberamos del inorgánico dólar, la Revolución se suicidaría. No olvidemos que la restauración neoclásica está al acecho.
 
ADÁN GONZÁLEZ LIENDO
@rpkampuchea
 
P.D. Todavía no comprendemos que, a estas alturas del partido, no se haya concretado la estatización de la banca. Urge legislar y actuar en ese sentido.      
 
(*) En un apocalíptico “default”, el dólar estadounidense dejaría de ser moneda de reserva y no podría cambiarse por otras divisas, en consecuencia, Estados nacionales y millones de personas, en todo el orbe, entrarían literalmente en bancarrota.
 

(**) Los billetes con certificados de oro y plata se podían canjear por monedas de los respectivos metales hasta principios del decenio de 1960. En 1971, Richard Nixon, Presidente de Estados Unidos, eliminó la convertibilidad del dólar en oro o plata para imprimir dinero inorgánico y financiar el déficit público causado por la Guerra de Vietnam. La denominación más alta de billetes, emitida por EEUU, ha sido la de 100 mil dólares, en 1934. En ésta aparecía la imagen del Presidente Wilson y era un certificado de oro, pero no circuló de forma abierta. Era sólo para efectuar pagos entre los bancos de la Reserva Federal.



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Adán González Liendo

Traductor, corrector de estilo y locutor

 elinodoro@yahoo.com      @rpkampuchea

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