Las FARC, ¿en la política?

En sus inicios las FARC tenían como fin del conflicto armado el acceso al poder, tras décadas de lucha esa aspiración se fue diluyendo como las meta de las FFAA y de Washington de vencer militarmente a la guerrilla, por eso el acuerdo político.

El consenso de la participación política de la güerilla no puede ser considerado como un mensaje de confianza cuando la politiquería por la reelección de Santos entro en la mesa de negociaciones, ya otros mensajes de confianza se han dado a lo largo del conflicto colombiano cuando el M19 entrego las armas o la Unión Patriótica entro en la palestra política y casi fueron exterminados, tuvieron que regresar a la selva o las negociaciones del Caguan, llego el plan Colombia. El acuerdo de la Habana en el punto 2 de los 5 temas a tratar solo sirve para mantener la expectativa del pueblo entorno a la paz.

Económica, cultural y políticamente hablando Colombia no está lista para dejar el militarismo, es lo único que conocen las nuevas generaciones en política, las clases altas y medias están bien apertrechadas con los militares y la policía y aunque se trate de menospreciar con el 2% del PIB la influencia de la cocaína, culturalmente esta droga es el gran pretexto junto a la guerrilla y los más de 100.000 cocaleros para sostener los programas de Washington.

Lucha contra el terrorismo, lucha contra el narcotráfico, impuesto de guerra al pueblo, desplazamientos forzados, desaparecidos, falsos positivos, políticos narco y paramilitares del uribismo, es todo un coctel que hace de Álvaro Uribe Vélez, Pacho Santos, CIA, DEA y Washington se opongan con vehemencia a la paz para Colombia, aun pasando por el anhelo de la mitad de los más de los 44 millones de habitantes colombianos que viven en la extrema pobreza, pobreza, sin cobertura médica, sin ahorros ni entretenimiento peor vivienda y con un trabajo informal en el mejor de los casos.

La paz es más que un conjunto de reglas obligatorias plasmadas en la Constitución para un Estado de Derecho, se requiere que ambas partes estén convencidas de practicar normas de convivencia social que protege el Estado no la política.

Todos los acuerdos, reglas son imperfectos e imprecisos, origina que los acuerdos tengan muchísimas controversias por el interés político en juego explica porque parten de un determinado contexto en donde la arbitrariedad, la ilegitimidad, la sustitución de palabras es lo cotidiano, irrespetan no solo el derecho sino la integración, la socialización, así, se ha roto, históricamente, los estados de derecho pero se legitima la trampa en su interpretación y aplicación.

La paz no debe ser lo que quieren los políticos o los dirigentes de la guerrilla, al menos no con el desprestigio del que hacen gala. Los cambios que la paz exige deben darse con la participación del pueblo y con las bases de la guerrilla, con los campesinos que últimamente demostraron estar vivos, con los estudiantes secundarios y universitarios, obreros y empresarios, banca, negocios, militares y gobierno, la paz no debe ser solo una negociación de la guerrilla con el gobierno, no para Colombia.

Esto es lo que alimenta el escepticismo de una gran parte de la población aun cuando el 59% de los encuestados respalda las negociaciones existe otro porcentaje similar que mantienen sus dudas respecto a estos diálogos para la paz, dice Gallup.

La guerrilla no tiene idea de cómo será su participación en la política ¿por dónde empieza? Cuando las negociaciones tienen puntos y circunstancias que pueden echar por los suelos las conversaciones porque lograr la paz va mucho más allá de los principios.

La paz para Colombia es la prioridad dicen líderes del país entre dirigentes de organizaciones sociales, sindicales, académicos, políticos, comunicadores, 2155 de ellos fueron entrevistados, el 40% está de acuerdo con empujar la paz, es un tremendo impulso cuando el año pasado el 19% sostenía alguna esperanza para que la paz se concrete, sin embargo, es necesario puntualizar que el 74% de personas con alguna influencia sostienen que el referendo es necesario para ratificar los acuerdos.

Tras un año de conversaciones se han logrado dos puntos: El agrario, acceso y uso de tierras, tierras improductivas, frontera agrícola, protección de zonas de reserva y estímulo para la producción agropecuaria.

Participación política, garantías que se aplicaran para el ejercicio de la oposición política ante la previsible participación de la guerrilla.

Están pendientes: fin del conflicto armado, abandono de las armas y reintegración a la vida civil.

Drogas ilegales, más de 100.000 familias siembran la hoja de coca.

Víctimas del conflicto armado, el gobierno calcula en unos 600.000 los muertos en manos de los grupos armados.

Amanecerá y veremos con la reelección de Santos para la paz de los colombianos.


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Raul Crespo


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