La paz postergada

El agotamiento de los tiempos definidos unilateralmente por el presidente Juan Manuel Santos y su dialéctica relación con la dinámica política en la que se desenvuelve el proceso de negociaciones de Paz en La Habana, Cuba, y la silenciada pero cruenta guerra que se desarrolla en todo su territorio, parecieran indicar que el diseño inicial del gobierno santista y el frente liberal-conservador que le apoya, no podrán cumplirse antes del momento en que, conforme a la ley electoral colombiana (Noviembre 2013), deba anunciar su definitiva voluntad de presentarse como candidato presidencial en las elecciones a realizarse en agosto de 2013; lo que abrirá un muevo ciclo político que obligará a las dos Fuerzas Beligerantes involucradas en las negociaciones a construir un escenario dirigido a garantizar la continuidad del proceso en medio de un proceso en el que el tema de la Paz será el centro de la agenda electoral, pero sin los resultados deseados por el presidente Santos.

Desde el mismo momento en que se iniciaron los comntactos secretos entre el gobierno y los voceros del Secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, FARC-EP, para acordar el inicio del proceso de diálogo y negociaciones para una solución total y definitiva del conflicto armado, se hizo evidente que el presidente Santos, aunque estaba convencido de la necesidad impostergable de un acuerdo de Paz, también lo asociaba al cáculo político de que tal iniciativa y su ulterior resultado positivo, lo llevaría a crear condiciones políticas muy favorables a sus pretensiones reeleccionistas, frente a la alianza parapolítica del ex-presidente Alvaro Uribe Velez, que agruparía a los sectores más recalcitrante de la vieja oligarquía colombiana asociada al paramilitarismo y al narcotráfico y, al posibble – hoy un hecho real - agrupamiento de fuerzas populares y políticas del verde progresismo del ex-candidato Antanas Mokus y el Alcalde Mayor de Bogota, Gustavo Petro, por un lado, y de otras coaliciones de izquierdas vinculadas con el Polo Alternativo, la Marcha Patriotica, la renacida Unión Patriótica y el resto de la pluralidad nacional y regional del movimiento social que se ha venido construyendo en Colombia en medio del conflicto armado y las luchas sociales contra el Tratado de Libre Comercio con USA, la privatización de la educación y la salud y el proyecto minero-energético transnacional.

De hecho, el presidente Santos fue insistente en los inicios de las conversaciones de Paz de La Habana, Cuba, de que el proceso de negociaciones debía ser rápido y estrictamente limitado a los Cinco Puntos de la Agenda de Diálogo pactada con las FARC-EP, poniendo como término el mes de Noviembre de 2013; momento que está por llegar y apenas si existe un acuerdo sobre el primer punto referido al asunto agrario y cierto avance sobre las garantias de participación política, pero los hechos más que las pretensions han venido demostrando que el calendario politico que ha pretendido imponer el presidente Santos, era un imposible, tal como lo sostuvieron los voceros de las FARC-EP; no solo por la profundidad social y política de un conflicto que en esta etapa lleva nada menos 50 años, y que además se desarrolla - por decision del propio gobierno colombiano - en medio de la confrontación armada, sino porque el duro conflicto de los meses de mayo-julio de los campesinos de El Catatumbo y el inesperado y combative Paro Nacional Agrario de agosto-septiembre 2013, incorporararon a la dinámica política colombiana - e inevitablemente a la Mesa de Negociaciones de la Habana -, agendas, actores y factores que el gobierno desdeñaba y los voceros farianos reivindicaban y que ya no sera possible excluirlos del debate y los acuerdos que tomen los voceros del gobierno y los farianos en la Mesa de Negociaciones.

Por si fuera poco, a pesar de la contención de las FARC-EP DE su accionar militar, seguramente para darle prioridad a la reorganización de sus fuerzas políticas en el campo y en la periferia de los principales centro urbanos, en lógica preparación para la etapa de la Paz que surja del proceso de negociación, sus partes militares revelan un incremento de sus hostigamientos y ataques a unidades pequeñas y medianas fijas y en movimiento pertencientes a las Fuerzas Militares y de la Policia, con un importante saldo de muertos y heridos entre los efectivos oficiales; situación que se agravará con la decision del Presidente Juan Manuel Santos de lanzar una ofensiva general contra las FARC-EP y de captura y aniquilamientos de varios comandantes de campos con el propósito de aminorar las críticas contra su estrategia militar; lo cual ha favorecido el discurso guerrerista del narcoparaco ex-presidente Alvaro Uribe Vélez, ya definitivamente divorciado de su antiguo pupilo y exMinistro de Defensa, Juan Manuel Santos, con la fundación de un mal llamado “Centro Democratico”, que pretende reunificar el bloque político contrainsurgente que le sirvió de base a sus sueños de victoria militar en la primera decada del presente siglo XXI.

Salvo que se produzca un hecho absolutamente imprevisible en el escenario político, en la confrontación militar o en la misma Mesa de Negociaciones de La Habana, todo pareciera indicar que el proceso de negociaciones irá en paralelo con el doble proceso electoral de mayo (para el Congreso) y agosto (presidenciales), lo que podría favorecer la concreción de un acuerdo de Paz más completo en sus propósitos, más definido en su instrumentalización política y con mayores garantías jurídicas y políticas, nacionales y extranjeras, para convertirse en un Acuerdo de Paz Justo y Duradero, que entierre, definitivamente, la historia de guerras fraticidas que ha enlutado la historia de Colombia y su laborioso y alegre pueblo.


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Yoel Pérez Marcano


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