Los Papas, el pretexto

Las deficiencias, lo negativo y estéril de los cardenales al elegir un Papa, no están en los resultados de su elección sino en no ir tras los resultados prácticos que necesita la Iglesia. Están demasiado lejos para comprender la importancia de su labor habituada a continuar con lo definido, los convierte en cómplices de la inmoralidad vaticana.

Cada vez que se elige un papa se elige un dictador para el mundo católico en donde la fe en Dios, es el arma decisiva para sostener a las jerarquías eclesiásticas en cada país. Circunstancia de superioridad prepotente desde las conferencias episcopales garantiza la desigualdad, inequidad y pobreza material y mental que caracteriza a un alto porcentaje de las masas latinas, en esos estadios, la jerarquía eclesiástica cumple un papel determinante en la involución social oponiéndose a la igualdad de oportunidad para la sociedad.

Por otro lado, cada vez que los cardenales eligen un Papa, reúnen en un solo nudo todas las contradicciones del catolicismo, probando de tiempo en tiempo la ignorancia de la multitud creando con ello una situación propicia para el perdón y olvido o borra y va de nuevo toda la corrupción que se genera desde la secretaria y banco vaticanos, núcleos desde donde se dibujan las conspiraciones por el poder y las complicidades hacia los pederastas.

Es fácil comprender como se sostiene el tradicionalismo en la Iglesia del Vaticano. La ancianidad, enfermedad, renuncia y muerte de sus Papas, es una sabiduría que no refleja el conocimiento de los usos de la vida y la muerte porque no hay plenitud de visión y porque lo que vale para la enfermedad vale también para la ancianidad, las dos, despiertan por su debilidad y fragilidad compasión en los seguidores, pasan a un segundo plano los cambios radicales que debe implementar la Iglesia católica para coexistir con el mundo moderno.

Los Papas no pueden seguir revisando las actitudes tradicionales porque la ciencia, la cultura y los cambios económicos han hecho pedazos las viejas prácticas de cultos por ser incapaces de resolver los problemas más elementales de la vida humana en todos estos siglos. Hace rato que el catolicismo fracaso en la búsqueda de valores perdurables como rasgos inseparables de la vida del hombre y de la mujer.

Los cardenales representan a países con facetas diferentes cada una más sorprendente que la otra por su ignorancia, pobreza, desarrollo e intelectualidad, y para una Iglesia universal desenvolverse en estas caras sociales no es su verdadera riqueza ya que en todos lados la sociedad se resiste a continuar con esa hipócrita práctica, los pueblos creen en sí mismos aceptando nuevas formas culturales como la de los gay, lesbianas, aborto, marihuana y otros. Son los nuevos paisajes culturales del siglo XXI que no hacen ver al otro como enemigo.

Este discurso discriminatorio es muy peligroso no solo en términos religiosos o políticos porque se envenena la sociedad y su derecho a la diversidad socavando la unidad y la integración generando desconfianza entre los vecinos, incrementando la violencia y separando a la familia entre buenos y malos o entre quien tiene derecho a vivir o a morir.

La masa reclama una religión cuyos actos, propósitos y experiencias tengan significado humano y ese lado humano incluye trabajo, amistad, arte, ciencia, amor, filosofía, recreación y todo lo que el ser humano expresa en el vivir inteligentemente satisfactorio. La distinción entre lo sagrado y lo secular es ya insostenible.

La palabra de Jesús, ha sido el medio para hacer realidad los más altos valores de la vida, pero, parece que esa teología de la vida se perdió en los inicios de la Iglesia, de ahí que es una institución sin ideales ni metas y sus misas y sermones no coinciden con la práctica del evangelio porque prácticamente este ya no existe. Este hecho explica la nulidad del catolicismo como religión en el transcurso de la historia.

No cabe imaginarse el paso de la humanidad a otra etapa de desarrollo sin suprimir todas las formas de opresión incluida la opresión religiosa; si el nuevo Papa, estadounidense por cierto, no permite que los curas elijan a sus obispos y estos a los cardenales, se permita a las mujeres acceder al sacerdocio y se respete los nuevos valores de las personas que la sociedad acepta y algunas constituciones protegen, y se enseña el evangelio con un Jesús resucitado, entonces y solo entonces, la masa tendrá en las Iglesia a un compañero de lucha y se pagara con gusto las misas, bautizos, matrimonios etc, que los sacerdotes cobran con justa razón.

La religión católica o se adapta a las fuerzas de los cambios por los que vota n los pueblos, cambios económicos-políticos o se resigna a sobrevivir con harapos éticos y morales. El catolicismo debe apoyar la igualdad social, esta es una de las grandes necesidades de América Latina y sus procesos de cambio que abrazan las masas católicas revolucionarias, mayorías con un conocimiento que ve al universo como existente por sí mismo y no creado en el que el hombre y mujer surgen como resultado de un proceso ininterrumpido hasta que llego Cristo a fomentar las congregaciones no una Iglesia que, con sus prácticas socio-políticas ayuda a mantener la desigualdad social.


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Raúl Crespo


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